Aproximadamente un millón de africanos fueron capturados y esclavizados para traer a Sudamérica por los portugueses.

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Homenaje a los africanos capturados y desembarcados como esclavos en Brasil

Las autoridades del estado carioca reforman el Muelle de Valongo, Patrimonio de la Humanidad desde 2017, con fondos de Estados Unidos y China
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28 de noviembre de 2023 a las 05:00

El Muelle de Valongo –conocido en portugués como el Cais de Valongo– fue declarado Patrimonio Histórico de la Humanidad por la Unesco en julio de 2017 por ser el único vestigio material de la llegada de los africanos esclavizados a América.

Construido en 1811, fue un sitio de desembarque y comercio de esclavizados africanos hasta 1831, cuando se prohibió el tráfico transatlántico de esclavos. Durante los veinte años de su operación, entre 500.000 y 1.000.000 de personas desembarcaron en ese muelle.

Cuando Río de Janeiro estaba en plenas obras de los Juegos Olímpicos de 2016, en una plaza de la región portuaria los obreros fueron encontrando unas losas de considerable tamaño, además de amuletos y otros objetos.

Los arqueólogos pronto llegaron a la conclusión de que eran los restos del Cais do Valongo. Desde entonces, hubo en la zona cada vez más visitas para rendir tributo a las víctimas, pero estaba sin señalización ni la iluminación adecuada.

La semana pasada, las autoridades presentaron la remodelación del espacio. Primero, un grupo de sacerdotisas del candomblé, una de las religiones de matriz africana, hicieron una ceremonia tirando flores y agua bendecida en un tradicional rito de purificación.

Estaba también el religioso de origen afrobrasileño Ivanir dos Santos, quien dijo: “Este es un lugar especial que tiene que ser cuidado. Es un lugar de memoria triste, que no podemos olvidar jamás. Pero también es el lugar por el que llegaron las personas que contribuyeron a la formación de lo que hoy es Brasil. Todo pasó por aquí, también nuestra resistencia ancestral”.

Hasta 1831, cuando se prohibió el tráfico de esclavos africanos, una quinta parte de las personas capturadas por los portugueses desembarcaron por este muelle, un vestigio del comercio de seres humanos en el continente americano.

La travesía por el Atlántico podía durar de 30 a 90 días, según los puertos de embarque y llegada. En los barcos cabían hasta 300 personas, pero algunos llegaban a transportar más de 500 en sus bodegas. Entre el 15% y el 30% de ellos morían durante el viaje por el hacinamiento, el hambre y las pésimas condiciones de higiene.

Al llegar a Río de Janeiro eran vendidos en un mercado público y después pasaban el resto de sus días esclavizados en plantaciones de café, tabaco o caña de azúcar.

Tras seis años del hallazgo, las autoridades mejoraron el monumento con nueva iluminación, una bomba hidráulica contra las inundaciones, carteles explicativos y hasta una escultura de figuras humanas que conforman la silueta del continente africano.

Las obras costaron unos U$S 815.000 y fueron costeadas por el consulado de Estados Unidos y State Grid, una empresa eléctrica china.

El ayuntamiento de Río de Janeiro y el gobierno brasileño culpan del abandono a sus antecesores; es decir, señalan al ex alcalde y pastor evangélico Marcelo Crivella (para quien las religiones de matriz africana son una expresión satánica) y la Administración de Jair Bolsonaro.

Ahora, el Banco Nacional del Desarrollo Económico y Social (BNDES), un banco estatal, se comprometió a aportar R$ 10 millones (unos US$ 2 millones).

El gobierno de Lula quiere revitalizar el tejido cultural de esa región, conocida como Pequeña África con la creación del Museo Nacional de la Esclavitud y la Libertad, pero el proyecto no pasó de planes iniciales.

Quieren hacerlo un gran almacén portuario situado justo enfrente de las ruinas del muelle y repleto de simbolismo. Fue construido por André Rebouças, el primer ingeniero negro de Brasil, un destacado abolicionista que exigió levantar la construcción sin usar mano de obra esclava.

La previsión ahora es que en 2026 abra sus puertas el museo, donde se expondrán parte de los 1,5 millones de artefactos que aparecieron durante las excavaciones del muelle de Valongo y que, de momento, siguen apilados en contenedores.

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