20 de febrero 2022 - 5:00hs

La revista inglesa The Economist publicó recientemente su prestigioso Democracy Index. Los grandes titulares dan cuenta que la democratización ha retrocedido en 2021 a un nivel promedio global que es el más bajo desde el 2006, año en que comenzó la medición. Si bien solemos tener normalizada la vida en democracia, tan solo el 45,7% de la población mundial vive actualmente en algún tipo de democracia. A ello se agrega un actor global como China, con un régimen político autoritario que se presenta como un modelo exitoso en el escenario económico y geopolítico global. Este tema también es analizado en el Informe de The Economist1 y se lo compara, nada menos que, con el desafío que planteó la Unión Soviética durante el siglo XX. 

Cuando comencé a escribir la nota me preguntaba cómo centrarme en el Democracy Index, o mejor dicho, cómo servirme de él, para conectar con mi nota de análisis anterior “Uruguay es la nota destacada de la región en transparencia”2  en un alegato a favor de la institucionalidad democrática. Es que, tras dos años de incertidumbre pandémica, el panorama que se plantea para la vida democrática es incierto. El crecimiento de la desigualdad social y de ingresos documentado por autores como Milanovic, Acemoglou y Picketty, entre otros que se mencionan en el informe, advierten sobre la acentuación de las divisiones entre una élite gobernante y profesional, que contrastan con el resto de la ciudadanía, desdibujando incluso el propio concepto de líderes democráticos. El asalto al Capitolio de los Estados Unidos y el tibio rechazo que le mereció por parte del partido que dejaba el gobierno es sintomático de este contexto. 

Los datos del Democracy Index muestran que las restricciones por la pandemia han oficiado como combustible para las tendencias antidemocráticas en varios países. Tal es el retroceso, que la caída promedio global de este índice es la más baja desde el 2010, medición que correspondía con la salida de la crisis financiera global (pasó de 5,37 a 5,28). 

El índice se aplica sobre 167 países, varía entre 1 y 10 y agrupa unos 60 indicadores en cinco categorías: 1) proceso electoral y pluralismo, 2) función de gobierno, 3) participación política, 4) cultura política y 5) libertades civiles. Con ello se configuran cuatro tipos de regímenes: democracias plenas, democracias defectuosas, regímenes híbridos y regímenes autoritarios.  

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Los países con un mejor desempeño son Noruega, Nueva Zelanda, Finlandia, Suecia e Islandia. En el otro extremo Siria, República Centro Africana, República Democrática del Congo, Corea del Norte, Myanmar y Afganistán, presentan los peores resultados. 

La región se enmarca en este panorama general de declive democrático. Nicaragua, junto a Venezuela y Cuba se mantienen como regímenes autoritarios. Pero no nos quedemos en los casos más evidentes de la deriva autoritaria. México pasó de ser una democracia defectuosa a un régimen híbrido, al igual que Paraguay. El Salvador, muestra un marcado deterioro y se mantiene como un régimen híbrido. Argentina, Bolivia, Brasil, Colombia, Perú, y Guatemala muestran un retroceso en el índice. Incluso Chile cae de una democracia plena a una defectuosa. Y Costa Rica, que es junto a Uruguay uno de los países destacados de la región en materia de institucionalidad democrática, baja algunas décimas. Todo lo cual hace que América Latina registre su mayor caída en 2021.

En este contexto Uruguay es la única democracia plena de la región teniendo un intangible valioso en su institucionalidad y en su modelo de capitalismo. Respeto a los derechos y libertades civiles, un sistema electoral creíble, un sistema de partidos robusto, mecanismos de democracia directa, sistema de checks and balances entre poderes que funciona realmente, acceso a la información por parte de la ciudadanía, entre otros aspectos, configuran, digamos que, un modo de vida democrático. En tiempos donde el presidente de los Estados Unidos Joe Biden calificó el avance global del autoritarismo como el “desafío definitorio de nuestro tiempo”, Uruguay puede ofrecer una experiencia, al menos viable para sacudir y revitalizar las ideas democráticas.  


1 Link al informe: https://www.eiu.com/n/campaigns/democracy-index-2021/
2https://www.elobservador.com.uy/nota/uruguay-es-la-nota-destacada-de-la-region-en-transparencia-202212819330

Temas:

Opinión índice de democracia Uruguay democracia The Economist Member

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