Este jueves 15 se cumplieron 10 años del canje de deuda por casi US$ 5.400 millones que supuso el punto final de la feroz crisis económica financiera de 2002-2003. No está de más recordarlo para no caer en la complacencia y repetir errores.
Las noticias por aquel entonces eran mayoritariamente negativas y había que conseguirlas: la llamada diaria de rigor era para conseguir el dato acerca de cuántos depósitos se habían fugado de la banca pública y privada, cuántas reservas había perdido el Banco Central y otras de ese tenor.
Como la información no es de los periodistas sino del público, algunos creíamos que la debíamos poner al servicio de los lectores sin medir más cuestiones que el interés común: esto es, si un banco está sufriendo una sangría de depósitos ¿qué es mejor para el ahorrista? ¿Ser alertado por la prensa de la situación con información o guardarse la noticia para no “perjudicar al sistema y al país"? En aquel entonces hubo un colega que invocó en la radio el “interés nacional” para justificar no brindar al público determinada información. Es opinable.
Durante aquella feroz crisis de la que se cumple una década hubo miles de ahorristas damnificados, empresarios y ciudadanos de a pie que quedaron en la vía (algunos aprovecharon oportunidades e hicieron buenos negocios), políticos cuya entereza solo la historia juzgará y dirigentes de la oposición que habiendo podido encender la hoguera para lograr un rédito fácil contribuyeron a salvaguardar la paz institucional y luego se presentaron como una alternativa seria a diferencia del “que se vayan todos” de Argentina.
El valor de la información cotizó en alza durante aquella furibunda corrida bancaria que acabó con más de la mitad de los depósitos de plaza y la labor del periodismo honesto fue de las pocas cosas que salió indemne de aquella tragedia colectiva
(*) El autor trabajaba en Búsqueda en 2002.