Una derrota de Berlusconi pondría fin a un gobierno de cinco años que es el más prolongado de Italia desde la Segunda Guerra Mundial, y le quitaría al presidente estadounidense George W. Bush un fuerte aliado que ha enviado soldados a Irak.
Pero los italianos no parecen demasiado inspirados ante las alternativas: Berlusconi es un magnate de los medios de comunicación con talento para decir cosas escandalosas; y Prodi es un profesor de economía de centro-izquierda y ex primer ministro.
Berlusconi fue elegido con la esperanza de que su astucia para hacer negocios se pudiera reflejar en un auge económico para Italia, pero el crecimiento de la economía se ha frenado e incluso los empresarios le están dando la espalda.
La tasa de los impuestos sobre la renta es casi del 40% para la clase media, pero los ciudadanos ven muy pocos beneficios a cambio. En el sistema nacional de salud, por citar sólo un ejemplo, las esperas por una mamografía de rutina o un examen del corazón pueden llevar meses.
El primer ministro también ha rechazado una serie de demandas por presuntos hechos de corrupción y conflictos de interés en su imperio de medios, que incluye la red de televisión más importante de Italia, y sus intereses en la industria editorial, de seguros y de bienes raíces.
En un país donde nueve de cada 10 personas tiene su casa propia, Berlusconi prometió abolir los impuestos a las propiedades, mientras que Prodi alentó una disminución de los impuestos laborales para incrementar la creación de empleo.
(AP)