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Jaime Roos vuelve a los escenarios este 17 de diciembre en el Estadio Centenario

Espectáculos y Cultura > ENTREVISTA

Jaime Roos: "Fue importante la presión de la gente para que volviera a tocar"

El músico habla sobre la motivación para volver a los escenarios, la preparación del postergado espectáculo Mediosiglo, y desliza la posibilidad de lanzar música nueva

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20 de noviembre de 2021 a las 05:01

Jaime Roos va camino a la tierra prometida. La llegada a destino se postergó mucho. Muchísimo. Para él y su equipo, para el público, para todos los que esperan desde hace dos años su regreso a los escenarios después de una pausa de siete. Una pausa que estuvo motivada por una pérdida: la de la sensación de que subir a un escenario tenía sentido.

En esos siete años, Roos miró para atrás. Sin presentaciones en vivo, sin grabar nueva música, sin conceder entrevistas, se dedicó a repasar vida y obra. Un trabajo de arqueología tuvo como resultado el lanzamiento entre 2015 y 2020 de la Obra Completa, la reedición de su discografía canónica, remasterizada, expandida y ordenada, acompañada de reseñas históricas de cada disco. En ese plazo también se publicaron tres libros: dos son repasos minuciosos de un par de sus discos más populares e influyentes, el tercero una biografía, El montevideano, elaborada en base a charlas del músico con la historiadora y escritora Milita Alfaro.

De esa mirada al pasado, Roos dijo: “Descubrí que el camino había sido más largo y muchísimo más doloroso de lo que yo recordaba. Y al mismo tiempo constaté que había sido mucho más emocionante de lo que yo recordaba. Como muchas de mis canciones acompañan períodos concretos de mi vida, y como tuve una vida bastante desordenada, fue mirarme al espejo una y otra vez, y recordar las decisiones estéticas atrás de determinada toma, de determinada armonización de una voz en una frase particular de una determinada canción. La cantidad de decisiones, las miles de decisiones tomadas en la creación de esos discos”.

Pero ya fue suficiente. Ahora quiere mirar para adelante. Y en el horizonte está Mediosiglo, el seis veces postergado espectáculo de regreso de Roos —las cuatro primeras a causa de la pandemia, luego por la designación del Estadio Centenario como sede de las finales de las copas Libertadores y Sudamericana, la última, para que ya pareciera o una maldición o un chiste retorcido, por un partido de fútbol local que quizás no tenga que jugarse— que también funciona como su celebración de cincuenta años de trayectoria musical. Que claro, ante las postergaciones, ya son 51.

Después, dijo a El Observador, vendrán más espectáculos. El del Centenario es apenas el estreno de una temporada que tendrá veinte shows en Uruguay, en Argentina, y quizás en algún otro país, y que terminará a fines de 2022. También, aunque no lo da como un hecho, es posible que venga un disco nuevo. Nuevos pasos en su vínculo con la música, a la que define como “la columna vertebral invisible” de su vida.

¿Cómo se imagina ese momento de volver a salir a escena? ¿Podría llegar a ponerse nervioso?

Será la tierra prometida. Si yo pensara que este es el concierto del fin del mundo, me quedo en mi casa. Detestaría ponerme nervioso. Lo que sucede es que hace casi siete años que no me subo a un escenario. Entonces busco desdramatizar, es simplemente un espectáculo, en donde mi única ambición es sonar bien. Nunca tuve lo que se llama pánico escénico, que los franceses le dicen el trac, siempre me hizo gracia esa expresión francesa "tiene el trac". Entonces realmente no estoy con ese fantasma dándome vueltas, pero bueno (risas).

A medida que se repetían las postergaciones, ¿esa sensación de “tierra prometida” fue cambiando?

Sí. Fue creciendo. Imaginate, parezco el pueblo hebreo condenado a los 40 años dando vueltas por el desierto. Como es obvio, nunca vivimos algo igual. Trato de llevar el caballo con rienda corta todo el tiempo. Achicar y achicar porque me di cuenta de que hay muy poca gente que se imagina lo que he estado viviendo a nivel personal en estos dos años. Hay algo que tengo claro: si yo pierdo el equilibrio, se cae todo. Tengo ese rol, lo que no quiere decir que me guste. Lo mantengo y ahora estamos en nuestra fase de ensayos generales. La semana que viene tenemos los últimos cuatro y ya estamos listos para salir a la cancha. Esta nueva postergación nos dejó con un par de semanas en blanco, pero no pasa nada, lo importante es quedar listos para subir hacia la tierra prometida. 

En la entrevista con Andrés Torrón que se publicó en su web en 2020 comentaba que antes de preparar este espectáculo, no le parecía obvio que el público quisiera verlo en vivo de vuelta. ¿Se terminó dando cuenta de que sí había una necesidad?

Sí, fue uno de los motores principales para este proyecto, además de las ganas propias de volver al escenario. Fue un aliciente importante la presión de la gente para que volviera a tocar. Cuando anunciaba ciertas entregas de la Obra Completa, yo estaba totalmente enfrascado en ese mundo, y los comentarios que recibía en las redes, eran bien intencionados, pero muchos decían "dejate de joder con esos discos", "pero que te pasa, no te hagas rogar", "¿para cuándo un show?", "te extrañamos". De la forma en que las recibí me llenaron de afecto, imaginate si fuera al revés (risas). Debo decir que es coincidente también con las ganas que me fueron naciendo, ese sentimiento que fue creciendo de hacer un cierre en vivo de un proyecto discográfico de largo aliento. Después de cuatro años y medio, salir del estudio y subir a un escenario. 

Su regreso a los escenarios se postergó en seis ocasiones

¿Cómo maneja la expectativa de la gente al respecto de este show?

No la manejo, pero la tengo en cuenta. Todo se resume en "queremos sonar lo mejor posible". Por supuesto que cuidamos todos los detalles, hemos hecho un trabajo de iluminación con Blackout, hicimos 40 sesiones de trabajo para la iluminación. Soy el director escénico de este espectáculo y tenemos que transmitir lo que cada canción exige a nivel de iluminación puesto que no vamos a tener escenografía, tampoco proyección de videos en el fondo del escenario, porque va en contra de la música, por lo menos en mi estética. No necesitamos una película atrás, la película son las canciones. Mi concepto de canción es el de un mundo cerrado en sí mismo, es un cortometraje pero con la profundidad de un largometraje. Y en el momento de interpretarlo en el escenario, tenemos que lograr que la gente vuelva a vivir esa película. Para la gente hay un aliciente que es el propio autor haciéndolo en vivo, y para mí como autor de esas canciones es todo un viaje poder volver a ser feliz adentro de esa burbuja. De eso se trata.

En 1997 dijo a El Observador que a pesar de los miles de espectáculos que llevaba hechos en ese momento, “tengo el alivio de sentir que todavía tiene sentido que me pare arriba de un escenario”. ¿Había perdido ese sentido?

Sí. A partir de 2013, cada vez se fue volviendo más duro para mi encarar el tablado. Es así. Estaba quemado. Y ahora recobrar esta promesa, es una sensación...te lo voy a decir así, fabulosa (risas).

¿Cuándo volvió esa necesidad de tocar?

Fines de 2018. Vi un par de espectáculos, uno me gustó muchísimo y otro no me gustó nada. Ambos me alentaron a presentarme por distintos motivos. Fue la famosa comezón, el cosquilleo. Empecé a extrañar a mis amigos los músicos. Ahora que estamos viéndonos todos los días en los ensayos me doy cuenta de lo importantes que son para mí. Me doy cuenta de que son mi gente. Hacer música con ellos es como jugar a la pelota con los amigos del barrio cuando era chico. Intuía que necesitaba esa armonía y efectivamente. Es ahí donde me siento mejor. 

¿Cómo fue pararse ante todo su repertorio y tener que elegir que canciones tocar en el show?

Fue la parte más difícil. Puesto que además recibí pedidos de la gente, y en esa lista había 40 canciones. Lo cual es el mayor premio para un autor. Imaginate si siempre te pidieran las mismas tres. Un espectáculo de 40 canciones dura casi cinco horas, y hay que tomar en cuenta muchas variables cuando se hace, y más para un público que es heterogéneo. Si vos tocás para un sector homogéneo, de gente que tiene más o menos la misma orientación en sus gustos, podés armar determinado show. Ahora, resulta que mi temática es muy amplia, entonces ha sido muy complejo. Al final opté por más o menos 25 canciones, es un espectáculo de dos horas y media. Podríamos haber hecho 35, pero es contraproducente. Lo he vivido. No me gusta. Por un lado no me quiero ir porque no me quiero perder nada, pero por otro lado mi cabeza se fatiga.

En el Centenario estará acompañado por la Banda Completa, una selección de músicos que lo han acompañado en distintas etapas de su carrera

¿Qué se va a escuchar en el Centenario, entonces?

Por supuesto que las más escuchadas, las que están en el top 5 de Spotify, las vamos a hacer. Vamos a hacer algunas de las llamadas "escondidas", es muy complicado juntar al público masivo con el más under, con una orientación más compleja, más sofisticada en cuanto a las canciones, las temáticas, eso lo tenemos todo muy claro. Cuando hice el espectáculo Hermano te estoy hablando en 2008, dijimos "ok, hagamos el repertorio de las canciones escondidas". Y efectivamente, fueron los que querían escuchar esas canciones, y tuvo más éxito de lo esperado. Ahora en este caso me pasa lo mismo que en las grandes giras que hice, como A las 10, en 1993, o Todo un país de 2007. Ahí teníamos que tocar para 300.000 personas a lo largo de todo el país. En 2007, estábamos presentando las canciones nuevas de Fuera de ambiente, que ya habían sido publicadas, pero a nivel masivo eran desconocidas. La primera en volar fue Tema del hombre solo. La dejamos de tocar porque la gente se ponía a charlar y no aplaudía cuando terminaba puesto que no había tenido el tiempo de digerirla. Entonces le quiero decir al gran público que no se inquiete, que no voy a hacer ni una sola canción nueva, es más, no voy a poder tocar todas las que me piden. Las canciones nuevas quedan para otro ámbito, que es un disco nuevo, que quizás, en algún momento, si me saco la pereza de encima, haga. 

¿Esa posibilidad está latente, entonces?

Si, porque de la misma manera que se dio esto de volver a tocar, existe esa posibilidad. Para empezar, porque apareció una productora independiente que está interesada. Y hay unas cuantas canciones que me gustaría trabajar y llevarlas al disco, porque me ilusiona. Aparte son canciones que tienen que ver con mi vida actual. Es lo que más me importa. Mi repertorio ha sido una especie de prisma frente a la luz, han ido saliendo colores que siempre tuvieron que ver con la época en la que fueron escritas las canciones. Ahora, hay algo que me está faltando, que es hacer un disco nuevo contra viento y marea. Tengo casi 70 años, no tengo más ganas de sacrificarme al punto de dejar pedazos de vida para llevar adelante una obra, fue siempre así. 

Al trabajar en la Obra completa, ¿tuvo algún tipo de reconciliación con algún disco o canción que quizás ya no tenía el mismo peso que ahora?

No me sucedió. Hay que tener en cuenta que el masterizado lleva muchas horas. Por no decir decenas y decenas. Entonces obviamente cuando escuchaba los masters en alta resolución, especialmente de los primeros discos, porque logramos hacer el transfer del analógico a la alta resolución digital, me impresionó el buen sonido que uno saca. Y bueno, a la tercera vez de escuchar una canción uno se olvida que ya la escuchó, ya son como cosas familiares que vuelven todas juntas a la memoria de un saque. Si sigo considerando a mis dos primeros discos como exámenes de ingreso, son discos que publico en forma integral a pedido de la gente, si fuera por mí habría publicado cuatro o cinco temas de Candombe del 31, y tres canciones de Para espantar el sueño. Pero la gente dice "queremos escucharlas". Admiro a Bioy Casares por lo que hizo con su obra literaria, sacó de circulación los primeros seis libros que escribió. Poca gente lo sabe. Y él murió con casi 100 años, y lo consultaron antes de morir y dijo "es una de las decisiones más sabias que tomé en mi vida". 

¿Qué tiene en común con el Jaime de Candombe del 31?

Curiosamente todo, y digo curiosamente porque me podría haber pasado de plantar esa semilla, dejar crecer esa planta y que luego me hubiera sentido atraído por otro tipo de cosas. Pero no, toda mi obra está esbozada de forma muy notoria en el álbum Candombe del 31. Mi obra nació ahí, creció como un tronco y fueron saliendo distintas ramas del mismo árbol. Y bueno, es como es, yo no sé si está bien o no, es obviamente muy coherente. También espero haber salido de tanta coherencia, y haber podido proyectar ramas hacia lugares insospechados, ojalá que haya logrado eso. 

¿Y con el de los Robbers, su primera banda?

Eso era un conjunto liceal, hacíamos covers de Creedence, algún tema de los Beatles o de Hendrix, pero era un grupo de rock para tocar en bailes, y sonábamos mal. Se puede decir que estábamos en la C. Pero esa escuela de subirse al escenario y tener que hacer bailar a la gente fue importantísima para mi desarrollo profesional posterior. 

El proceso de la Obra Completa, la biografía El Montevideano, los libros Mediocampo, de Andrés Torrón y Brindis por Pierrot, de Mauricio Rodríguez. Viene de cinco años de repasar su vida y obra. ¿Sintió que era el momento de hacerlo?

Sí, pasar en limpio. Vos imaginate, estás toda tu vida haciendo una casa y de repente la mirás y te das cuenta de que está toda descascarada, que se llenó de humedad, que la puerta no cierra. Y resulta que a esa casa la querés mucho porque le dedicaste tu vida. Me di cuenta de que mi obra completa estaba desparramada, desarticulada. Un musicólogo curioso la podía reconstruir con fragmentos de por aquí y por allá, pero, sin embargo, para un crítico musical joven no había una forma de llegar a la obra completa de forma coherente y con el sello del LATU del propio autor, que te dijera "esto es así". Además, los artes originales estaban perdidos en disquerías de vinilos. En definitiva, creo que fue muy sabio de mi parte hacer esta búsqueda. Porque hubo que hacer arqueología, había cosas que estaban perdidas. Después que se encontraron los objetos hubo que restaurarlos, y después hubo que lustrarlos. Rediseñarlos. Fue un proceso muy complejo, acompañado de la biografía, que es complementaria de eso, y de los libros que considero importantes para la compresión de esa obra completa. Hay reseñas históricas en los propios discos. Todo ese paquete llevó años. ¿Valió la pena? Por supuesto que sí. Si habrá valido la pena. Pero ya está. Ahora queremos tocar. Me hace muy feliz la idea de poder tocar. Le quiero decir a la gente eso, que tenemos ganas de tocar para ellos. 

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