26 de abril de 2013 19:00 hs

Puede discutirse que hoy en día hay varios guitarristas mejores que Jimi Hendrix. Músicos que mueven sus manos por el instrumento a velocidades inhumanas, estudiosos capaces de copiar nota por nota los solos más hermosos y emotivos de la historia, aquellos que sus mismos creadores sufrían para emular.

Pero todavía, a 40 años de su muerte, hay un motivo por el que es noticia la salida de People, Hell & Angels, un disco de versiones inéditas de Hendrix (aparte de su nivel, que es alto, pero de eso más adelante): el factor revolución. El oriundo de Seattle fue el gran héroe de la guitarra de la década de 1960, una década fermental; cambió por completo la forma de tocar. Su influencia es inabarcable. Entonces, la llegada de este compilado es casi un documento histórico, una joya para el interesado en la obra de Hendrix y para todo fanático de las seis cuerdas.

En total son 12 canciones en clave de blues acelerado y sucio, un estilo que el músico cultivó a lo largo de su carrera con creaciones como Voodoo Child. Esta última pertenece a la primera etapa de Hendrix mientras que People, Hell & Angels se centra en la segunda, cuando Jimi había desmantelado su popular grupo The Jimi Hendrix Experience para formar Band of Gypsys, con la que solamente editó en vida un álbum en vivo epónimo.

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De las sesiones de esos años, a finales de la década, quedó para la posteridad muchísimo material; incontables discos póstumos se han editado con esa parte de su carrera, cortada de raíz por la muerte. De hecho, las canciones de este trabajo ya han visto la luz en su mayoría, siempre en versiones diferentes o con instrumentación sobregrabada sin el permiso del finado artista.

Las que asoman a la superficie en este álbum son las originales e incluyen temas que podrían entrar perfectamente en su repertorio de clásicos (Earth Blues, Somewhere), rarezas (Stephen Stills, fenomenal guitarrista, acompañando a Hendrix en el bajo en Somewhere; el propio Jimi cambiando a ese instrumento y pasando con muy buena nota en la potente Inside Out), y la posibilidad de escuchar a Hendrix abandonar el foco principal y ceder las voces a otros (Let Me Move You).

Lo más interesante son los deseos de avanzar del músico, que buscaba adentrarse en nuevos territorios para su primer disco pos Experience. Esto es, entonces, un vistazo de lo que podría haber sido ese futuro. Por ejemplo, el instrumental con aire jazzístico de Easy Blues y sus solos ejecutados con una maestría impresionante, o el saxo que acompaña el blues clásico de Let Me Move You. En este sentido, los datos contenidos en el librillo acompañante son muy ilustrativos.

Claro que este peso histórico es compartido con los otros discos editados luego de la muerte de Hendrix. Esas sesiones tan productivas no han parado de proveer recursos, pero tarde o temprano el flujo tiene que cortarse. Solo al ultrafanático le puede interesar escuchar tantas versiones diferentes de los mismos temas.

Sin embargo, para aquel que nunca se haya sumergido en la discografía póstuma del maestro de la guitarra, People, Hell & Angels significa un buen compendio, aunque algo deprimente. Escucharlo plantea la pregunta inevitable: si Jimi Hendrix produjo tanta música de alto nivel en su carrera meteórica, ¿qué habría sucedido si hubiera tenido más tiempo? Por lo que suena en este álbum, habría sido un salto hacia delante.

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