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El periodista argentino Julio Leiva

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Julio Leiva: "Con Caja Negra quiero entrevistar a gente que hoy está haciendo algo histórico"

El conductor de Caja Negra habla sobre el éxito del formato, el valor de las conversaciones largas en tiempos de intenet, y sobre el posible final del ciclo

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18 de junio de 2022 a las 05:00

Ahora los roles están invertidos. Hoy le toca a Julio Leiva –periodista, argentino, 43 años– ser el que responde las preguntas. Pero el formato es el mismo al que él está acostumbrado y por el que está enfrentado a un cuestionario. Dos sillones, dos personas y una conversación. Una premisa sencillísima, casi primitiva: comunicarse.

Entrevistar, en definitiva, es eso. Escuchar un relato, una historia, con la particularidad de que está guiada por un intercambio de preguntas y respuestas. Pero ahora los roles están invertidos y Leiva tiene que responder. Y lo hace, justamente, porque hace entrevistas.

En noviembre de 2019 se estrenó Caja negra, un ciclo de entrevistas conducido por Leiva y publicado por el portal de noticias argentino Filo News, del que el periodista es director editorial. Caja negra lleva 136 entregas publicadas, acumula millones de reproducciones en YouTube (pero que también se consume a través de otras plataformas, como Spotify en formato podcast) y se ha convertido en uno de los ciclos más exitosos de los medios digitales de la región en los últimos tiempos.

Empezó como un espacio para entrevistar a figuras surgidas del mundo digital, fueran influencers, streamers, youtubers o incluso artistas musicales forjados por la esfera virtual, y terminó convertido en un lugar por donde pasaron el actual presidente argentino, Alberto Fernández; figuras culturales de larga trayectoria, como Fito Páez o Adrián Dárgelos, el periodista Jorge Lanata, el actor Ricardo Darín o la escritora Mariana Enríquez. Logró cruzar generaciones y universos, uno de los elementos de Caja negra que más contento pone a Leiva, que hace del “crossover” (como se llama uno de los programas de radio que conduce) una de sus banderas. Que los padres y los hijos vean lo mismo y se entiendan mutuamente.

Y Caja negra es la razón por la que un gélido sábado de junio Leiva está en una habitación de hotel en Montevideo. Porque al día siguiente entrevistará a Sebastián Teysera, “el Enano de La Vela”, para el ciclo de entrevistas. Será en vivo, en Magnolio Sala, ante unos 100 afortunados a los que la suerte tocó para que se impusieran entre los más de 1500 anotados para recibir entradas y presenciar la conversación en persona. Es la primera vez que Caja negra visita Uruguay y el equipo que viajó desde Buenos Aires está contento, porque Uruguay es el segundo país que más seguidores y espectadores aporta a este formato por detrás de Argentina.

Leiva también dirigió dos documentales sobre el Indio Solari y el fenómeno ricotero llamados Piedra que late y Tsunami, es conductor desde hace dos décadas del programa radial Cheque en blanco, y está preparando un podcast sobre una figura histórica de la música argentina, cuya identidad y fecha de publicación prefiere guardarse por ahora.

Lo que sí no se guarda es que Caja negra tendrá fin. La pregunta que lo ronda ahora es en qué momento será ese final. “Nos han pasado un montón de cosas gracias a esto, y mientras sigan pasando ese “¿hasta cuándo?” va a estar ahí adelante. Para mí es importante que eso tenga un buen final, porque eso va a hacer el cuento completo”.

Las entrevistas de Caja Negra son extensas, despojadas en lo visual y con un ritmo calmo e íntimo. Casi lo opuesto a lo que se suele plantear que funciona en esta era de internet. ¿Al momento de crear el formato lo plantearon conscientemente de esa forma?

Cuando arrancamos fue de lo primero que hablamos. Siempre el gurú te dice “corto, conciso y rápido, que capture la atención en los primeros cinco segundos, colores, estridencia”, y un poco lo que nosotros en Filo veníamos discutiendo internamente era “pero pará, si hay gente que se mira ocho temporadas de una serie en dos semanas, hay gente que ve transmisiones en Twitch de tres horas seguidas, hay gente que se sienta a ver un partido durante dos horas”. No todos consumen igual. Y también veíamos que no había entrevistas en YouTube de ese tono, con esa profundidad, y dijimos “si le damos a la gente algo que le interese se va a quedar”. En contraposición con todos los dogmas, fuimos con esa receta a probar y ver qué pasaba. Y por suerte esa hipótesis después pudimos validarla. 

¿Caja Negra podría haber existido en los medios tradicionales?

Ese tipo de formato, con esa agenda de invitados, era para internet. Esa misma agenda en televisión no iba a funcionar, así como la agenda de la propia televisión no funciona en formatos digitales. Muchas veces los programas de televisión llevan a los influencers pensando que van a arrastrar a sus seguidores, y no pasa. Me parece que hoy los contenidos tienen que ver también con el lugar en el que se elige hacerlos. Tenés que saber el qué y el dónde, y después el cómo. Si alineás esas tres cosas, podés tener muy buenos resultados.

Julio Leiva

¿Por qué crees que al formato le ha ido tan bien?

Trato de hacer una buena entrevista. Hay mucho trabajo previo para que eso sea así, y me parece que no es menor. Y después creo que trajo varias novedades: una es la agenda, los entrevistados que venían no eran entrevistados en los medios tradicionales, y si lo eran los ninguneaban, les faltaban el respeto, y acá me parece que encontraron un lugar donde alguien los escucha y los quiere entender. Aprendí un montón de ellos, me enriqueció un montón, y así como pasó conmigo, también se reflejó en la audiencia. Gente que no conocía a esos personajes empezó a conocerlos y a entender todo este nuevo ecosistema digital, y después también gente de otras generaciones, como padres entendiendo lo que consumen sus hijos, y en un punto también descubrimos que Caja negra fue un puente para esas generaciones. Y eso lo descubrimos después, porque no era la intención primaria. No pensamos “vamos a hacer una entrevista para que la vean el padre y el hijo”. Eso se fue dando. 

Empezaron entrevistando streamers o figuras del mundo del trap, y terminaron con Alberto Fernández y Fito Páez, ¿el formato pedía ampliar esos horizontes?                   

Por un lado el formato lo fue pidiendo, pero también pasó que los más consagrados empezaron a ver un lugar cómodo para ir a hablar.Cuando hablábamos de streamers, o de youtubers o de creadores de contenidos, o instagramers, los medios tradicionales no hablaban de ellos, o quizás decían “quién es tal” o “quién es aquel”, y hoy en día ves a muchos de ellos siendo tapa de esos medios, entonces ya se empezó a misturar mucho más todo. Me parece que algo que podemos decir de Caja negra es que fuimos pioneros en ese sentido, y Filo fue un medio que por primera vez le prestó atención a toda esa revolución tecnológica y digital, de contenido y de cultura que se estaba gestando, y le dio un lugar de preponderancia, que después vinieron otros a decir “ah, está pasando esto y da resultado”. Y no lo digo con intención de sumarnos una estrella, sino como algo objetivo, fue real.

Otra supuesta máxima que cae con esto es que las generaciones más jóvenes no consumen periodismo.

Es que las generaciones más jóvenes consumen más contenido que cualquier otra generación. El problema es que a nosotros, los más grandes, nos encantan las etiquetas. Y decir que esto es periodismo, aquello es tal cosa. Hay un montón de pibes que no saben que son periodistas, y lo son. Hay un montón de pibes que no saben que son gente muy influyente, y lo son. Hay gente que está haciendo muchas cosas que cambian la cultura, la pueden cambiar hasta con un video solo, y no sabían que tenían ese poder, después lo descubren o lo pueden poner en palabras. Entonces me parece que eso se fue trasladando de los medios tradicionales a lo digital, y muchos de esos chicos y chicas, que están haciendo su contenido en lo digital, de alguna manera están creando cultura, al decir que tal cantante o tal película o tal serie tienen peso o están buenos.

Además de eso, por ahí con Caja negra llegás a un público que quizás nunca te escuchó en la radio.

Total. Lo que hay que entender es que la segmentación de audiencia hoy más que nunca tiene un peso muy fuerte. Antes había pocos medios en manos de pocas empresas, con lo cual la cultura estaba determinada por esas dos o tres empresas, que decían esto es así o asá, todos digamos blanco, o digamos negro, o rojo. Hoy hay un montón de nichos que quizá al lado nuestro o abajo están haciendo una convención que no sabés ni de qué se trata, nunca nos enteramos y nunca nos vamos a enterar. Y para un montón de gente es el día más importante de su vida, quizá. En la nota que le hicimos en Caja negra a Martín Garabal, él dijo un concepto que me gustó mucho, que fue “es la era de los famosos desconocidos”. Hay pocos que pueden pasar esa barrera de ser multitarget y que tanto un niño de 8 años como una señora de 60 lo conozcan. Creo que el último caso en Argentina fue el de L-Gante, que hoy en día lo conoce todo el mundo. Pero después hay gente a la que le preguntás quién es Duki y no saben, y está por llenar cuatro estadios de Vélez Sarsfield. Todavía en lo digital sigue persistiendo esa segmentación.

De las entrevistas que van publicadas, ¿cuáles son tus predilectas?

La de Rodrigo de la Serna fue la primera que me hizo sentir que había encontrado el formato. Después, la de Paulina Cocina me hizo descubrir YouTube y creo que a mucha gente también, la de Bizarrap nos hizo entender la industria de la música en la actualidad, la de Duki la cultura que trae toda esta nueva escena en Argentina. De las últimas, la de Jorge Lanata, que fue en otro registro, una nota más picante, de actualidad, hablando de la centralidad política argentina de los últimos años, y así un montón. Lo interesante que tiene Caja negra es eso, que si entrás por primera vez –que nos sigue pasando por eso que te decía de la segmentación de audiencia– descubrís un mundo en el que podés elegir por dónde ir, hay escritoras, hasta streamers, hasta jugadores de fútbol.

¿Cuál fue la más difícil de conseguir?

La de Fito Páez la hicimos ahora después de dos años de Caja negra, y fueron dos años de búsqueda, no fue que lo llamamos la semana antes. La pedimos desde que arrancamos. Ahora estamos por entrevistar por primera vez a un jugador de la selección argentina (Leandro Paredes) y la queremos hacer desde que arrancamos. Y así con muchos, con los referentes de la música argentina con todos, los estamos buscando desde el principio, hay algunos que vinieron después de un año o dos. Hoy creo que tenemos el problema inverso, que al tener la repercusión que tuvo Caja negra hay mucha gente que la descubrió y quiere venir. Hoy nuestro problema más lindo es elegir con quién hacemos. Es un lindo regalo que nos dio el formato. 

¿En qué momento te diste cuenta que Caja Negra había despegado?

Hubo varios momentos. La entrevista a Coscu fue con la que el mundo digital nos empezó a ver como una referencia, las de Bizarrap y Duki en el mundo musical de la escena más de los chicos y chicas de Argentina y las nuevas generaciones empezaron a vernos más como un lugar interesante. Creo que la de L-Gante fue el punto más consagratorio, porque llegó a 6 millones de vistas, ahí nos vio todo tipo de público. Son como escalones que vas subiendo. Y creo que Caja negra se volvió un lugar de referencia, hay muchos que vienen y te dicen que quieren estar porque es como ser parte de algo, estar en el mismo sillón en el que estuvo tal o cual, y que eso conforma como un inconsciente colectivo sobre algo que tiene valor.

El manual académico periodístico dice que hay que ir a buscar el titular, ¿eso lo aplicás en Caja negra o encarás las charlas desde otro lugar?

Trabajo al revés de como fuimos educados. Creo que si hacés una buena entrevista el titular viene solo. Eso me permitió relajarme para buscar la conexión con el entrevistado, que se abra, se sienta cómodo, y que diga un montón de cosas que nunca contó. Me parece que eso es lo que busco primero, y después, gracias a eso, salen un montón de otras cosas que son regalos que te da el entrevistado, como en el caso de Fito Páez contando que va a grabar de nuevo El amor después del amor, y lo da ahí como primicia. Creo que hay un cambio también en la audiencia, nosotros fuimos educados en la facultad para hacer nuestro trabajo de determinada manera, porque nuestros maestros decían que así había que hacerlo, y porque decían que “la gente” tenía que recibir eso. Y ahora que la gente opina sobre lo que vos hacés, te das cuenta de que muchas veces estábamos equivocados. Me pasó muchas veces de preguntar cosas muy personales, y la gente diciéndome “¿por qué preguntaste eso?, ¿por qué te parece importante?”. Yo lo pregunté porque me dijeron que había que preguntar esas cosas, ¿y a vos no te importa? Mejor para mí, no quiero preguntar eso, sentía que tenía que hacerlo porque el manual lo dice. Así que me parece que lo que da esta nueva era es eso, mucha herramienta para poder entender bien cuál es el trabajo. 

Trabajás hace décadas en radio e incluso trabajaste con Mario Pergolini, que dice hace tiempo que la radio murió. ¿Lo ves así?

La radio como la conocimos murió. De eso no hay duda. Con ese nivel de masividad y de influencia. Yo soy un amante de la radio, para mí es mi casa, y lo digo con dolor, pero también veo que la radio en muchos casos se quedó en el tiempo, salvo excepciones. Y hoy ves que muchas están agregando streaming y cámaras, y ves resultados, que chicos consumen eso porque ahora somos visuales, es la época de ser visual. Pero hay muchas formas de radio. Entonces, por ese lado digo que está más viva que nunca, porque con los podcasts se consume un montón de contenido, quizá más segmentado y apuntado a un público específico. Se puede hacer radio con un celular. Creo que hay más gente haciendo radio hoy que en el resto de su historia. Desde ese lugar está viva. Lo que creo que está muerto es el formato de negocio, el modelo de radio como lo conocimos.

Volviendo a Caja negra, ¿tiene una voluntad de ser un registro de estos tiempos?

Fue así desde el principio, me pasaba que de la gente que admiraba no tenía mucho archivo para consumir. Entonces se dependía más de lo que se contaba, y había que imaginar mucho. Con el equipo hablábamos y le decía que mi idea era entrevistar a gente que hoy está haciendo algo histórico y que el día de mañana, cuando quiera saber los orígenes de esa historia, un pibe venga a ver la entrevista y encuentre que su ídolo, ya consagrado con 20 años de trayectoria, cuando tenía 20 años pensaba de tal manera.

Leiva conduce Caja Negra desde 2019

Hiciste documentales sobre el fenómeno del Indio Solari, ahora esto. ¿Tenés vocación de antropólogo?

Cuando hicimos Tsunami, con el Indio en cámara y Mario (Pergolini) entrevistándolo, en nuestras charlas con el codirector Maxi Díaz hablábamos de eso, de que en 20 años cuando a un pibe le digan que el Indio Solari juntaba a 300 mil personas y no entienda como era eso, venga acá y lo vea. Dejar registro de los fenómenos históricos para la cultura argentina, o rioplatense, porque hay mucho uruguayo ricotero. Y cuando retomamos la idea de Caja negra, le decía a Maxi: “hay que hacer lo mismo que hicimos con el Indio, pero con esta generación”.

¿Caja negra tendrá final?

Sí, la verdad para mí terminaba el año pasado. Lo de viajar a España nos abrió la frontera y el tiempo. Ese viaje también nos hizo ver que podemos entrevistar a un montón de gente que creíamos que no. Eso nos expandió un poco, y menos mal que pasó, porque, si no, hoy no estaríamos en Uruguay, o no habríamos hecho el vivo con Fito, y otras cosas que se vienen. Me gusta creer que sí, tiene final. Me gusta irme en el momento que está arriba, es como irte de una fiesta cuando todavía está arriba, no a las 7 de la mañana que ya todo es un desastre. El tema es identificar ese momento. Hoy Caja negra tiene algo que encima es traicionero, porque creo que ya no necesita de los números. Es como un lugar donde hay que ir y no importa si lo ven 100 mil, 2 millones o 3 millones. Y ahí hay que ver qué prima: si la vigencia o las ganas de a cuánta gente más entrevistar. 

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