10 de febrero de 2024 10:10 hs

La rebelión de los agricultores de Europa está logrando que se reviertan decisiones nacionales, y de la Unión Europea (UE), que van contra los intereses de un sector.

Es un sector que se ha sostenido durante décadas fuertemente subsidiado y con grandes barreras comerciales al que acecha una aguda pérdida de competitividad y reducción de márgenes en la comercialización de los alimentos que producen.

El desbalance entre el nivel de vida de la Europa urbana y rural se hace cada vez más alto y bastó una chispa para que la pradera se incendiara.

Dos consecuencias

Para los productores latinoamericanos esto tiene dos consecuencias importantes.

Por un lado, el acuerdo de libre comercio queda postergado sin fecha, no habrá aumento en el cupo de carne, no habrá posibilidades claras de mejoras de acceso en la gran mayoría de los rubros.

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Por otro, vendrán los controles más específicos a los residuos de agroquímicos, uno de los reclamos centrales –y de los más justificables– de los productores europeos, aplicar a lo importado las mismas reglas sanitarias que a la producción local.

Filippo Monteforte AFP Protestas de agricultores en Roma.

Los aumentos de costos de los insumos y la burocracia, las concesiones a Ucrania, las restricciones derivadas de la agenda de reformas del campo al plato y los precios internacionales deprimidos, junto a la amenaza de acuerdos comerciales que entienden perjudiciales a sus intereses, llevaron los tractores a las calles y las rutas de Francia, España, Bélgica, Países Bajos, Alemania, Italia, Irlanda y otros países.

París fue sitiado y las protestas se extendieron hasta las puertas de la sede del Parlamento europeo en Estrasburgo y en Bruselas.

Sameer Al-Doumy AFP Protestas de agricultores en Bruselas.

Aunque ya se habían dado protestas notorias en Países Bajos por las restricciones al uso de nitrógeno, el detonante de esta ola ocurrió en Alemania cuando el gobierno decidió recortar subsidios al gasoil.

Los subsidios a la energía fósil son de los más criticados y la medida apuntaba a acelerar la reconversión energética, pero como en el caso de las protestas de los chalecos amarillos en Francia tiempo atrás, nada más impopular que el aumento de los combustibles; la rebelión quedó asegurada.  

Las concesiones en Alemania fueron numerosas y rápidas.

Lo más relevante para Uruguay y la región es que el acuerdo comercial de la UE con América del Sur se considera muerto y enterrado después de dos décadas de conversaciones.

Además, la UE dejó en suspenso requisitos ambientales como la reducción de emisiones de la agricultura en sus metas para 2040, la disminución prevista del uso de plaguicidas y la obligación de dejar tierras sin cultivar como colchón ecológico.

“Las materias primas que se importan tienen pesticidas que nosotros tenemos prohibido usar”, dijo el productor francés Bruno Cardot al portal argentino Bichos de Campo, resumiendo el rechazo a un acuerdo con el Mercosur.

Hay 1.400 productos fitosanitarios que se aplican en todo el mundo y en Europa solo están permitidos 300, una cifra que va a la baja.

Este punto ilustra la contradicción que advierten entre las políticas restrictivas dentro del continente y la intención de generar acuerdos internacionales con países donde las producciones no tienen tantas reglamentaciones como los países miembros de la UE.

La presidenta de la UE, Ursula von der Leyen, anunció esta semana que retirará una propuesta para reducir el uso de pesticidas químicos en la UE en un 50% para 2030 porque "se ha convertido en un símbolo de polarización".

El gobierno francés más pragmático puso 400 millones de euros para calmar a los agricultores, pero las concesiones estimularon a las protestas que esta semana fueron muy intensas en España.

Allí, el presidente del gobierno, Pedro Sánchez, se ha comprometido a fortalecer la ley de la cadena alimentaria que busca que los productores reciban precios justos e implementar la reciprocidad de condiciones sanitarias a las importaciones.

Pero la competencia para los agricultores europeos también está en las frutas y productos de huerta que llegan desde los países del norte de África o las naranjas sudafricanas.

“Los productores que se manifiestan comenzaron a seguir una importante acumulación de reglas y estándares a lo largo de varios años. Ya no somos competitivos. Nuestros ingresos han caído drásticamente”, dijo Cardot.

La participación de la UE en el PIB mundial ha caído más de un tercio desde 1995.

El peso de la agricultura en la economía del grupo de los 27 se ha reducido en una proporción similar. El cultivo de alimentos representa ahora sólo el 1,4% del PIB, nueve millones de empleos (5% del total) y tiene menos peso que el sector de logística y almacenamiento que el comercio electrónico ha desarrollado en las últimas dos décadas.

La revista británica The Economist lo explica con crudeza: “La agricultura europea no ha logrado adaptarse a la modernidad: el sector todavía está dominado por operaciones familiares que carecen de escala. Casi dos tercios de sus explotaciones tienen menos de cinco hectáreas. La profesión está envejeciendo: un tercio de los administradores agrícolas tienen más de 65 años. En un mundo de TikTok y Chatgpt, ninguna cantidad de subsidios puede atraer a un veinteañero a una carrera que implica levantarse al amanecer seis días a la semana y literalmente palear bosta”.

Blasina y Asociados

Las dificultades de la transición ecológica para el agro son un campo fértil para la agenda de la ultraderecha, que avanza en distintos países europeos buscando representar políticamente estos reclamos.

Y en las elecciones de junio próximo para renovar el parlamento todo indica que estas posiciones proteccionistas y ultranacionalistas sumarán más escaños.

Los críticos de la marcha atrás que la Unión parece estar dando frente a los reclamos del agro observan que se pone en jaque una política comercial basada en acuerdos con terceros países para abrir mercados a las empresas europeas y asegurar la colocación de su producción de materias primas.

La Política Agrícola Común (PAC) de la UE tiene un presupuesto de 54.000 millones de euros anuales en subsidios y ayudas directas que necesitan ser distribuidos de forma más equitativa, según el propio organismo.

Un 20% de los propietarios acaparan hasta el 80% de los pagos directos, reconoce la Comisión Europea.

Y la reforma recién estrenada (en vigor desde 2023) solo exige que al menos el 10% de las ayudas se destinen a las pequeñas y medianas explotaciones y reserva un minoritario 3% para los agricultores jóvenes. Menos del 15% del total prioriza las explotaciones climáticamente sostenibles y que defienden la biodiversidad.

Blasina y Asociados

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Tormenta perfecta

La tormenta perfecta está planteada. El campo se moviliza contra los impuestos al combustible que lo estrangulan en tiempos de inflación; contra las normas medioambientales “excesivas y dañinas” para la producción; contra el papeleo y la burocracia que roba a los agricultores cada vez más tiempo; contra la gran industria y las grandes superficies que contribuyen a la reducción de sus ingresos; y contra los tratados de libre comercio que los sitúan en desventaja ante países con normas menos estrictas y salarios más bajos.

Los productores europeos que protestan no son competitivos en un mundo abierto, y tampoco quieren serlo.

Son malas noticias para los productores de América Latina.

Para crecer, guste o no, hay que seguir mirando a Asia.

Frederick Florin AFP Protestas de agricultores en Estrasburgo.

La trampa de aranceles y subsidios

Por Eduardo Blasina

En las protestas europeas lo hay de todo: argumentos valederos y de los otros, productores de manos gruesas  y oportunistas, defensa del agro y oportunismo político.

Europa padeció agudamente la inseguridad alimentaria durante la II Guerra Mundial y en la post guerra. Una inseguridad que trajo miles de inmigrantes a América Latina durante buena parte del siglo XX.

La  Política Agrícola Común fue de los primeros aglutinadores de lo que fue en ese entonces la Comunidad Económica Europea.

Uruguay imploró durante todo ese tiempo que lo dejaran exportar, pero los traumas de la guerra llevaron a que Europa persistiera en la doble protección de subsidios y aranceles.

Con Rusia inamovible en el frente ucraniano el fisco europeo tiene dificultades para solventar al mismo tiempo la guerra y los subsidios a una producción no competitiva que precisa cada vez más apoyo para mantener a la gente en predios pequeños que no generan un ingreso comparable al urbano.

Para una Europa que pretende liderar en políticas basadas en ciencia en torno al clima, subsidiar combustibles es una contradicción cada vez más insostenible.

Trabar los productos del norte de África equivale a agravar los problemas de migración que azotan a Europa, de modo que el proteccionismo tiene un costo cada vez más alto.

Pero la propia historia de subsidios y barreras los productores europeos no sean en general competitivos. Las herramientas que aseguraron a la Europa de post guerra una provisión segura de alimentos ya no pueden hacerlo. Y la extrema derecha usará a los productores para continuar su asedio a la Unión Europea y a la Ucrania que busca resistir la invasión rusa.

Será necesaria mucha maestría política en Bruselas para salir de esta crisis sin acentuar los subsidios y las barreras comerciales que la han causado.

Sergei Gapon AFP Protestas de agricultores en Poznan.

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