Es difícil encontrar un indicador social o económico que muestre un retroceso para la población del interior del país en la última década. Empleo, salario, pobreza. En casi todo se observa una mejora sustancial desde 2004. Fuertes inversiones y reactivación de sectores productivos clave, como el de materias primas exportables, impulsaron ese despegue de las ciudades fuera de la zona metropolitana, y también del medio rural. Y no solo mejoraron las familias del interior comparadas contra sí mismas, sino que también se redujeron las brechas con las de Montevideo.
Del análisis de los datos sistemáticos que publica el Instituto Nacional de Estadística (INE), se observa, por ejemplo, que de 2006 a 2014 la distancia entre el 10% más pobre del interior con el 10% más pobre de la capital cayó de 26% a 14,8%. Es decir, hay menos pobres en el interior, pero además los pobres de tierra adentro son menos pobres que antes comparados con los de Montevideo.
El desempleo cayó de forma sistemática fuera de la capital y, además, la capacidad de compra de las familias creció. Según cálculos realizados por el Equipo de Datos de El Observador, en base al primer trimestre de 2004 y 2014, en la última década se duplicó la capacidad de compra de los salarios de los trabajadores del interior. Ello surge al analizar el salario promedio de las personas que viven en el interior. En 2004 los hogares fuera de Montevideo tenían una capacidad de compra 34% menor a los de la capital, y en 2014 esa distancia bajó a 16%.
Podría decirse que en otros indicadores la cosa empeoró en la última década, como en seguridad. Sin embargo al analizar los datos oficiales del Ministerio del Interior de delitos más violentos, como homicidios y rapiñas, se observa que más de 80% se cometen en Montevideo y más de 90% si se contempla a Canelones y la zona metropolitana.
En la elección del domingo 26 de octubre el Frente Amplio volvió a ser la fuerza política más votada en Montevideo y Canelones. Pero además esta vez la coalición de izquierdas fue también la preferida en el interior del país, es decir, en la suma de los 18 departamentos. Si se va al detalle, se puede constatar una caída en la votación en la capital, aunque ello lo recuperó en el interior. De hecho la coalición de izquierdas pudo mantener su desempeño electoral de 2009.
El 44% de los uruguayos que fueron a votar en circuitos del interior eligieron al Frente Amplio. El Partido Nacional y Partido Colorado, de todos modos, superaron al oficialismo por 60 mil votos. En 2009 el FA fue el más votado en 11 departamentos, y este año obtuvo supremacía en 14.
Hubo victorias de la izquierda en bastiones históricos de los partidos fundacionales, como Cerro Largo, departamento tradicionalmente del Partido Nacional, y Rivera, adonde los colorados mandaron desde siempre.
En Cerro Largo, por ejemplo, el desempleo en 2011 fue de 2,6%, y al año siguiente subió a 4,6%, siempre por debajo de la media nacional, y en niveles considerados estructurales. En ese departamento 20% trabaja en el sector comercio y otro 20% en actividades agropecuarias, forestales o pesca. También 10% en industrias manufactureras, 8% en construcción y 8% en servicios de hogares. En Rivera el desempleo se ubicó en 6,3% en 2012, y 0,4% menos en 2011.
“Si las cosas están bien, el elector tiende a premiar al gobernante con su voto”, dijo el lunes la docente de ciencia política Rosario Queirolo, en entrevista con el suplemento Economía y Mercados de El País. A juicio de la experta, en la elección nacional la economía ocupó un lugar “muy importante” para la decisión del voto. Compartió en ese sentido la teoría del voto económico.
“Es parte del argumento de por qué se esperaba que, más allá de las encuestas, el Frente Amplio fuera reelecto”, dijo. “En general los uruguayos son pesimistas, pero desde hace algunos años, cuando se les pregunta cómo evalúan la situación económica del país y la propia, los resultados son positivos”, agregó.
Tabaré Vázquez insistió en varias de sus intervenciones de campaña el crecimiento del interior durante los gobiernos de la coalición de izquierdas. Muchos de los avances, de todos modos, están dados por el aumento de las exportaciones de granos y carne, lo cual no es consecuencia de acciones directas del gobierno, sino por los buenos precios de esos productos en el mercado internacional.
Por otra parte, en este período se aprobó la ley que establece una jornada laboral de ocho horas para el peón rural. La normativa avanza además en derechos para los trabajadores del campo. Se establecieron salarios mínimos en distintos grupos, y el sector de la ganadería, agricultura, forestal y otros relacionados con las tareas rurales negocian aumentos y condiciones en consejos de salarios.
“El aumento del voto a la izquierda en el interior se explica fundamentalmente por la combinación de dos razones. La economía fue especialmente dinámica en el interior (en 10 años el paisaje rural se transformó) y los que más se beneficiaron fueron, justamente, los trabajadores del interior”, escribió ayer en El Observador el doctor en ciencia política, Adolfo Garcé.