30 de mayo de 2014 21:31 hs

Brasil, la séptima economía del mundo, crece a ritmo de tortuga pese a las inversiones realizadas para el Mundial de fútbol que comienza en 12 días: el Producto Interno Bruto (PIB) aumentó apenas 0,2% en el primer trimestre del año en relación al trimestre anterior, y para 2014 el mercado apuesta a un decepcionante 1,63%.

El pobre desempeño económico ha sido un reflejo de una caída con fuerza de las inversiones y de que las fábricas recortaron su producción, resultados que golpearon las pretensiones de reelección de la presidenta Dilma Rousseff.

Tras el boom de 2010, cuando la principal economía latinoamericana se disparó 7,5%, el mundo desarrollado –hundido por la crisis subprime de 2009– cifró sus esperanzas en el gigante emergente, que parecía despertar de un gran letargo.

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Pero las expectativas demostraron ser demasiado altas, y Brasil tuvo tres años de moderado crecimiento: 2,7% en 2011, 1% en 2012 y 2,5% en 2013 (cifra revisada este viernes al alza respecto del 2,3% anunciado anteriormente).

En este año electoral –hay comicios generales en octubre– todo indica que el escenario se mantendrá: el gobierno estima que el PIB aumentará entre 2,3% y 2,5%.

El mercado, mucho menos optimista, pronostica, sin embargo, que el país de 200 millones de habitantes solo crecerá 1,63%.

¿Ritmo chino?

“En 2010, el mundo estaba hiper-excitado; parecía que Brasil crecería al ritmo chino. Pero hubo muchas expectativas y pocos resultados”, dijo el analista económico Felipe Queiroz, en San Pablo.

Hace cuatro años, con decenas de millones de personas accediendo por primera vez a la clase media (y al mercado de crédito) gracias a los programas sociales del gobierno, Brasil impulsó una serie de medidas para estimular el consumo, como la reducción de impuestos a electrodomésticos y automóviles.

“Estas medidas tienen sus limitaciones, su efecto hoy es menor que en el pasado. La clase media ya ha cambiado su heladera, su cocina, y está bastante endeudada. Y no hubo cambios económicos estructurales ni suficientes inversiones en infraestructura que favorezcan un crecimiento sólido”, estimó Queiroz.

Si bien el gobierno ha invertido unos US$ 11 mil millones en los preparativos para la Copa del Mundo –lo cual ha generado enormes protestas callejeras desde hace un año–, no todo fue invertido en el período que se esperaba, señaló el analista.

Algunos expertos creen que los efectos de las inversiones se verán a largo plazo: hasta 2019 la economía brasileña puede ganar cuatro puntos porcentuales gracias al Mundial y los Juegos Olímpicos, según la consultora Ernst & Young.

La agencia calificadora Moody’s cree, no obstante, que la Copa tendrá un efecto insignificante en la economía, dado el magro crecimiento del país desde hace tres años.

La crisis económica en Europa y la débil recuperación de EEUU han contribuido a empeorar la realidad económica brasileña.

El gobierno se enfrenta asimismo al dilema de cómo manejar la política monetaria en un escenario de crecimiento anémico y elevada inflación (6,28% en 12 meses en abril, peligrosamente cerca del techo oficial de 6,5%).

El Banco Central mantuvo su principal tasa de interés en 11% esta semana, para alarma de los industriales que la consideran altísima.

Más debilidades

El alza del PIB fue de 0,2% en el primer trimestre del año, inferior al 0,4% del cuarto trimestre de 2013 (cifra revisada a la baja del 0,7% anunciado anteriormente), informó ayer viernes el Instituto Brasileño de Geografía y Estadística (IBGE, oficial).

La cifra coincide con la expectativa de 20 analistas consultados por el diario económico Valor.

La industria se contrajo 0,8% en el primer trimestre, cuando tasas de interés de dos dígitos y la baja confianza empresarial se sumaron a una inflación persistentemente alta y una infraestructura inadecuada.

La inversión bajó 2,1% , mientras que el consumo de los hogares cayó 0,1%. La demanda, en tanto, se mantuvo a flote gracias al gasto del gobierno, que creció 0,7% respecto al cuarto trimestre.

El foco de los analistas “ya está en el PIB del segundo trimestre del año, porque los índices de confianza señalan un desempeño más débil que en el primero”, destacó Robert Wood, analista para Brasil de The Economist Intelligence Unit.

Para el segundo trimestre del año, los analistas consultados por Valor creen que el consumo, que fue el motor de la economía brasileña durante varios trimestres consecutivos, “da señales de pérdida de fuerza y puede ser un elemento extra en la debilidad de la economía”.

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