En los barrios de Montevideo se nota la llegada del otoño, pero no muchos pueden igualar la belleza de esta estación en el barrio San Nicolás. En este barrio jardín, enclavado en medio de Carrasco Norte, hay numerosos cipreses rojos y calvos, álamos comunes y plateados, fresnos y alerces, todos mostrando en sus hojas tonos amarillos, rojizos, ocres y marrones –como en un bosque canadiense– en una verdadera fiesta para la vista.
En uno de los lagos que posee el barrio, en el colmo de la postal, tres patos en fila nadan en la tranquilidad, ambiente que recuerda a la campiña inglesa.
Uno de los guardias de seguridad del barrio dijo a El Observador que, además de abundantes especies de pájaros, es común ver nutrias en el lago. Parece imposible de creer que a menos de un kilómetro esté la usina de basura de Felipe Cardoso o incluso, más cerca, los asentamientos que se arraciman al costado de camino Carrasco.
Esa avenida es el camino que debe recorrer alguien que quiera llegar a San Nicolás desde el Centro de la ciudad. Al pasar la planta de Coca Cola se debe doblar a mano izquierda por camino Pichincha, y luego de dejar atrás el complejo deportivo de Defensor Sporting se despliega el rincón inmaculado de San Nicolás.
La existencia de este barrio postal se divulgó masivamente cuando se supo que en él se escondía un criminal. En una casa de la preciosa avenida del Lago, en San Nicolás, vivía con su familia el narcotraficante colombiano Francisco Ramírez.
Como parte del llamado Operativo Minotauro, la Policía de Montevideo llegó a desbaratar parte de la banda de Ramírez, que tenía la droga guardada en un depósito de la calle Coraceros, en Capurro.
La maniobra de la banda consistía en colocar cocaína dentro del tanque de combustible de montacargas que se exportaban a Alemania y a Letonia. La investigación llegó hasta la vivienda de avenida del Lago 3105, donde Francisco Ramírez alquilaba una casa.
San Nicolás es un barrio que comenzó a desarrollarse hace unos cuatro años. En la actualidad se encuentra en pleno movimiento constructivo. Hay muchas obras en proceso y carteles de lotes vendidos.
El metro cuadrado de tierra en San Nicolás cuesta US$ 300. Los alquileres, “que son rarísimos”, según dijo una inmobiliaria que trabaja en el barrio, van desde un piso de US$ 2.500 y trepan, según la vivienda, hasta los US$ 4.000 por mes.
La exclusividad de estos precios produce que San Nicolás sea un barrio pequeño, con no más de 50 casas. El tránsito es raro en sus calles tranquilas. Por eso en los porches de las viviendas, la mayoría sin rejas ni alambrado, es común ver bicicletas.
En la lista de prioridades de la Policía en el combate al crimen este barrio jardín seguramente no figure. Los operativos policiales contra delincuentes suelen tener como telón de fondo a barrios pobres, pero el que se desplegó contra Ramírez estuvo rodeado de casas bellas y paisajes hermosos.
Nadie imaginaba en el barrio que en una de esas hermosas viviendas, y en medio de esa calma, vivía un delincuente, y no uno común y corriente, sino uno de esos que la Policía teme, termine por traer a Uruguay la violencia que, de la mano de la droga, impera en otros países. Ahora Ramírez está prófugo, y en San Nicolás hay una vivienda vacía.