En una oficina de la Jefatura de Durazno hay un mapa de todo el departamento, con marcas flúor en algunas zonas, manzanas coloreadas y puntos marcados. En concreto, la Policía de ese departamento tiene identificados cuatro barrios periféricos desde donde cinco clanes familiares que se dedicaban al microtráfico de drogas han incrementado la cantidad de hechos delictivos. "No son zonas rojas, ese término no existe. Son zonas calientes, con cierto horario, cierto lugar", explicó el jefe de Policía de Durazno, Germán Suárez.
En lo que va del año, en Durazno se triplicó la cantidad de homicidios respecto al año pasado: pasó de tres a nueve muertes violentas. "Los tiros son cosa de todos los días, a cualquier hora", coincidieron varios vecinos de La Higuera, uno de los barrios donde viven algunos de estos clanes, en conversación con El Observador.
El jefe de Policía sabe que ocho de esos nueve homicidios los cometieron jóvenes contra otros jóvenes en medio de un "conflicto criminal", como él prefiere llamarlo en lugar de "ajuste de cuentas".
"Yo en lo personal no hablo de ajuste de cuentas, hablo de conflicto criminal. Ese concepto hace años que cambió. El conflicto criminal es mucho más abarcativo y propicio para el análisis porque el tema de la droga no solamente queda en la deuda o en si me llevé parte del cargamento. Va mucho más allá, es un problema socio cultural", argumentó el jefe de Policía.
Inés Guimaraens
Germán Suárez, jefe de Policía de Durazno
Según su visión, los conflictos criminales dentro y entre los clanes familiares puede darse también por problemas en los que la droga no está directamente vinculada: "Viene de la mano, muchas veces, de cuando un privado de libertad sale de la prisión, regresa a la casa y resulta que se metieron con su familia", ejemplificó.
Pero, volviendo a los barrios de la periferia, los vecinos allí coincidieron en que en el último tiempo los tiroteos se intensificaron y todos saben que están rodeados por una puja de territorio y liderazgos entre las familias que venden droga.
El jefe de Policía lo advirtió: el jerarca, que también trabajó en Montevideo y en San José, sabe que cuando se hacen operaciones para desarticular bandas, el ambiente se tensa. Suárez llegó a la Jefatura de Durazno en marzo, en medio de la escalada de homicidios, y puso en marcha varios operativos en los que en seis meses la Policía desarticuló a dos de las cinco bandas familiares de narcotraficantes e incautó 120 armas.
"Cuando empleo el verbo desarticular es porque verdaderamente lo eliminé. Desarticuladas por completo. Las otras tres están de alguna manera desmanteladas. Sus cabezas están privadas de libertad, de las cinco bandas. Pero, de estas tres que quedan hay todavía gente por debajo de ellos, pero la mayoría están formalizados con o sin prisión y algunos con prisión domiciliaria", contó Suárez.
Sin embargo, para la Policía de Durazno estas bandas no son grandes organizaciones dedicadas al narcotráfico, ni tienen conexiones internacionales –como si ocurre en Artigas o Rivera, por ejemplo– sino más bien son grupos criminales en los que la venta de droga es el negocio familiar del que todos participan: madres o padres como líderes o cabecillas y otros eslabones más abajo que la comercializan en las bocas de venta.
Entre las cinco bandas que estaban operando había 64 personas involucradas de las que se detuvieron –y están formalizadas o condenadas– 34 hasta el momento, que son, en su mayoría, familiares, explicó Suárez.
Los vecinos dijeron que los tiros a cualquier hora del día se empezaron a sentir con más frecuencia en los últimos meses. La Policía lo adjudica al "caos" que se genera en los clanes familiares cuando el liderazgo cae y el resto lucha por mantener el negocio activo y con un nuevo cabecilla.
Inés Guimaraens
Barrio "La Higuera"
El jefe de Policía aseguró que luego de los operativos reforzó la presencia policial y se sumó la Guardia Republicana al patrullaje. Sin embargo, los vecinos, que prefirieron no ser mencionados en esta nota, dijeron que no notan más presencia policial en las calles del barrio La Higuera.
"Uno entiende que una cosa es el análisis, las cosas que verdaderamente pasan y lo que siente la gente. También se debe entender que esta guerra hay que hacerla. De ninguna manera se podía permitir que una banda delictiva estuviese operando como lo estaba haciendo y que siguiera creciendo, porque de la mano del microtráfico viene el tráfico interno de armas, los disparos y los homicidios", consideró.
En uno de los barrios periféricos que recorrió El Observador, los vecinos identifican dos partes de la zona: una "tranquila" y la otra la de los conflictos y desde donde surgen los tiroteos porque allí es donde viven algunos clanes familiares que, a su vez, están en disputa con otros de barrios cercanos. "En ese caos que se forma dentro de la organización por liderar, también pierden los códigos entre ellos y comienzan a pujar por el territorio, muchas veces hasta dentro de un mismo barrio tenes una banda que opera en el norte y otra que opera en el sur", explicó Suárez.
Para la Policía, en Durazno se "libró una guerra" que los efectivos policiales "están ganando", pese a que entre la Dirección de Investigaciones y la brigada antidrogas de todo el departamento trabajan solo 16 efectivos. "Llegar a delito cero es lo que uno quisiera, pero eso es una utopía, no existe. Lo importante es estar un paso adelante", reflexionó el jerarca policial.