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Olivia Colman protagoniza La hija oscura

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La hija oscura, el debut como directora de Maggie Gyllenhaal que pone a la maternidad en el espectro

La primera película de la también actriz adapta una novela homónima de Elena Ferrante y ya puede verse en Netflix

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08 de enero de 2022 a las 05:00

Maggie Gyllenhaal, actriz, hoy de 44 años, no pensó demasiado en la idea de convertirse en directora —por supuesto que la pensó: el deseo quedó enterrado, sin embargo, por un ecosistema que le marcaba que sus ideas, como mujer, no servían tanto— hasta que Donald Trump llegó a la Presidencia. Así se lo confesó a la revista Elle: “Dos semanas antes de las elecciones, él podía decir cualquier cosa repugnante sobre las mujeres y no tenía absolutamente ninguna consecuencia. Me radicalizó políticamente, pero también emocionalmente. Las cosas comenzaron a sacudirse dentro de mí y pensé: ‘¿qué es lo que realmente quiero?’ Y me puse a escribir”.

La primera incursión de Gyllenhaal en este rol fue con un cortometraje en el que filmó a su esposo, el también actor Peter Sarsgaard, en pandemia, en cuarentena y que formó parte del especial Hecho en casa, que se pudo ver por un tiempo en Netflix. Ese especial ya no está más en la plataforma, pero lo que sí está, lo que acaba de llegar en el último día del 2021, es la segunda incursión de Gyllenhaal detrás de cámara, su primera película y la prueba de que su impulso tomó forma, sustancia y decisión. Se trata de La hija oscura, una adaptación de la novela homónima de la italiana Elena Ferrante, que integra en su elenco a tres mujeres protagonistas —Olivia Colman, Dakota Johnson y Jessie Buckley— y que cierra —o abre, depende de cómo se vea— el año con preguntas y una playa griega donde el aire está enrarecido y la maternidad se cuestiona y se tensa hasta atomizarse.

Madre no hay una sola

Leda Carusso (Olivia Colman) tiene 48 años, enseña literatura comparada en Inglaterra y está de viaje “de trabajo” en una isla paradisíaca de esas que Grecia parece tener de sobra. Todo está en su lugar: las paredes blancas de las casas tienen la palidez necesaria, la fruta brilla apetitosa, la playa está vacía y es espectacular, la vida es buena. Y Leda, de la que enseguida se desprende que necesita un buen descanso, empieza a pasarla bien. Hasta que la pasa mal y sus vacaciones se enturbian. 

La casa que alquila tiene algunos problemas edilicios y el casero (Ed Harris) fluctúa entre la amenaza y la ternura; la fruta, en realidad, está podrida; a la playa llega un contingente de ¿rusos? ¿eslavos? que no paran de hacer ruido, de molestar y de pedirle que se corra del lugar que ella eligió. Y en medio del pandemónium que arranca la paz de los días libres de la mujer, aparece el rostro de Nina (Dakota Johnson), una mujer que lucha —esa es la palabra— con su hija, y con la que Leda se obsesiona a partir de un hecho puntual que no vale la pena revelar.

Dakota Johnson y Olivia Colman

La hija oscura es una película que desorienta. Por un lado, el nudo dramático se desenrosca en un tempo atípico y se acerca más a un examen paulatino y exhaustivo de las diferentes maternidades que se nos presentan, que a la película que Netflix parece querer vender. Teniendo en cuenta la manera en la que La hija oscura se retuerce en sí misma y explica poco, llama la atención que se haya metido en el top 10 de la plataforma. Pero allí está.

Por otro lado, su título en inglés es The lost daughter (traducción literal: la hija perdida), por lo que automáticamente uno empieza a hacer cálculos para entender cuál de todas las mujeres que desfilan por la pantalla es la hija del título. ¿Nina? ¿La hija de Nina? ¿La muñeca de la hija de Nina? ¿Leda? ¿Una de las dos hijas de Leda, que aparecen en los numerosos flashbacks que muestran el pasado de la protagonista? ¿Esa versión joven de Leda interpretada por Jesse Buckley? Spoiler: no se responde. Pero sí se dan pistas y, sobre todo, se marca un punto de quiebre que funciona, a la vez, como el gran tabú que la película llega para desmitificar: la renuncia o el arrepentimiento de la madre. En algún sentido, tanto Nina como Leda están atravesadas por el peso de determinadas decisiones que tomaron y que involucran a sus hijas, y eso, también, es lo que las vincula y las lleva a generar una alianza que tendrá frutos extraños. Frutos que pueden brillar al sol, y por debajo estar podridos.

En su primer esfuerzo de largo aliento, Gyllenhaal aparece como una narradora destacable. Si bien el texto base de Ferrante carga con muchas de las cosas que vemos en pantalla, hay en La hija oscura ciertas decisiones visuales, musicales, de montaje y de foco que evidencian un pulso fino y certero de parte de quien mueve los hilos. Revelaciones que aparecen en medio del aparente sopor argumental, capas en el personaje de Leda que se caen y muestran diferentes grados de profundidad y, además, una persistencia por indagar en los aspectos más oscuros —o más que oscuros: reales en el sentido más desromantizado de la palabra— de lo que significa maternar.

Maggie Gyllenhaal debuta en la dirección con La hija oscura

“Soy madre desde hace 15 años —dijo Gyllenhaal en esa misma entrevista citada al principio—, así que tengo algo de experiencia. Creo que incluso desde el momento en que nacen los hijos, el espectro de sentimientos es enorme. Hay éxtasis, alegría y una conexión insondable por un lado. Y por otro lado, hay terror y ansiedad”.

Ese espectro del que habla la actriz y directora es un hecho en La hija oscura, y funciona a la perfección de la mano de tres actrices que se aferran y extraen lo mejor de sus personajes. Colman, está claro, es una todoterreno de la actuación que perfecciona cada rol que le cae en las manos y esta no es la excepción, pero Jesse Buckley le sigue muy de cerca y reafirma la idea de que es uno de los nombres más prometedores del momento. Está fantástica. La tercera del grupo, Dakota Johnson, tampoco está nada mal, incluso siendo quien carga con más limitaciones interpretativas —y siendo que tiene, además, el personaje menos interesante de las tres—. Los hombres (bien) destinados a los roles secundarios generan además ciertos marcos narrativos que agitan más las aguas de las protagonistas. Allí están Ed Harris, Paul Mescal, Peter Sarsgaard y John Farthing. La playa, además, podría ser tomada en última instancia como otro personaje más: es un ecosistema rarísimo, contenido, un lugar que a veces aparenta ser otra dimensión, donde la naturaleza amenaza y desaprueba, y donde el tiempo parece moverse de formas difusas.

Con esas credenciales, La hija oscura cerró un diciembre en el que Netflix marcó la cancha con producciones de peso y nivel. Después de El poder del perro y Fue la mano de Dios —no: No miren arriba no está incluida en la lista—, con esta primera obra de Gyllenhaal se apunta más chances de cara al Oscar —algo que la plataforma parece desear desesperadamente— y de paso impulsa una voz destinada a ser escuchada, ahora, detrás de la pantalla. Maggie Gyllenhaal ahora dirige, lo hace con fuerza, ganas y apenas acaba de comenzar.

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