16 de abril de 2020 16:49 hs

Por Michael Stott y Jude Webber

A medida que el coronavirus asola a Latinoamérica, dejando al descubierto la debilidad de las disposiciones sociales y de salud pública en el continente más desigual del mundo, la izquierda de la región ha detectado la oportunidad de un resurgimiento.

Rafael Correa, el expresidente izquierdista de Ecuador, dijo que el gobierno había priorizado el pago de su deuda externa mientras los cuerpos de las víctimas del coronavirus yacían sin ser recogidos en las calles de la ciudad más grande del país.

"Mira la contradicción. El gobierno ha pagado la deuda externa, lo cual significa perder vidas porque nuestros hospitales no tienen equipos. Han dejado de pagar salarios y nos hacen creer que tiene que ser así".

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Correa estaba hablando con otros líderes socialistas regionales durante un evento en línea la semana pasada, lanzando una campaña para que se cancele la deuda soberana de los países latinoamericanos con el Fondo Monetario Internacional (FMI) y con las organizaciones multilaterales.

La campaña también exige que la deuda del gobierno con los acreedores privados se restrinja con una moratoria de dos años y sin interés para liberar recursos destinados a combatir el coronavirus, el cual llegó a Latinoamérica relativamente tarde en comparación con otras partes del mundo. El primer caso se confirmó en Brasil el 26 de febrero, y el país tiene 23,800 casos confirmados, que hasta el momento es el mayor número por un amplio margen de la región, mientras que Ecuador y Chile tienen el mayor número de casos per cápita.

El FMI ha estimado que la deuda gubernamental total de Latinoamérica y el Caribe es de US$3.5 billones.

Dilma Rousseff, quien fue presidenta de Brasil hasta su juicio de destitución en 2016, pidió una "reflexión drástica" acerca del papel del Estado y de la salud pública, diciendo que la crisis del coronavirus significaba que había llegado el momento de establecer "una nueva arquitectura financiera y económica que no sea neoliberal y que reduzca la desigualdad".

Tanto Rousseff como Correa fueron destacados miembros de la "Marea Rosa" de líderes latinoamericanos que gobernaron durante la primera década del siglo. Ellos utilizaron las ganancias de un auge de los precios de las materias primas para financiar generosos aumentos en los programas sociales y para abordar la pobreza.

Pero cuando el precio de las materias primas se desplomó, las economías de la región se vieron profundamente afectadas. Muchos de los líderes de izquierda terminaron sus mandatos en ignominia, destituidos por el manejo impropio del presupuesto como Rousseff, o expulsados del cargo por fraude electoral, como el presidente boliviano Evo Morales.

Correa ha sido el más reciente en enfrentar problemas legales. Este mes, un tribunal lo halló culpable de aceptar sobornos por contratos de obras públicas y lo sentenció a ocho años de cárcel. Correa, quien está exiliado en Bélgica, escribió en un tuit que el veredicto había sido "absolutamente grotesco". Su equipo de defensa está trabajando en una apelación.

Mónica de Bolle, una miembro sénior del Instituto Peterson para la Economía Internacional (PIIE, por sus siglas en inglés) en Washington, comentó que la crisis del coronavirus en Latinoamérica era un asunto, principalmente, de protección social. Ella señaló que expondría quién es más vulnerable al virus — los más pobres de la sociedad — y cuán numerosos son.

"Los líderes de la Marea Rosa tienen una ventaja al decir que habrían realizado una labor mucho mejor en proteger a los vulnerables", dijo ella. "Si se enfocan en el tema de la protección social, muchos de ellos pudieran regresar al poder".

Michael Shifter, el presidente de Diálogo Interamericano, un grupo de expertos de Washington, ha dicho que él cree que un gobierno competente durante la crisis del coronavirus será más importante que la ideología. Sin embargo, Shifter estuvo de acuerdo en que los partidarios del capitalismo de libre mercado en la región "van a tener dificultades para ganar aceptación".

El ministro de economía de Brasil, Paulo Guedes, quizás el más ferviente exponente del capitalismo de libre mercado de Milton Friedman en Latinoamérica, se ha visto obligado a reducir sus ambiciosos planes de privatización y de reducir el tamaño del Estado y, en cambio, ha anunciado un paquete de estímulo de US$30 mil millones.

Su jefe, el presidente populista de Brasil, Jair Bolsonaro, ha chocado con los gobernadores y con el congreso del país por minimizar los peligros del coronavirus y alentar a los ciudadanos a continuar con la vida normal — incluso cuando la infección se ha estado extendiendo — tal como lo hizo el presidente Andrés Manuel López Obrador en México hasta que recientemente cambió de curso.

A pesar de ser ampliamente criticado en su país por una respuesta lenta y torpe ante la pandemia, López Obrador dijo que el manejo de la crisis por parte de México sería "un modelo a seguir para otros países".

"El modelo neoliberal se está derrumbando", dijo recientemente López Obrador. "El coronavirus precipitó la caída de un modelo fallido", agregó.

En contraste, los pragmáticos presidentes centroderechistas de Perú, Colombia y Chile han ganado cumplidos por una respuesta rápida y, hasta ahora, efectiva, al haber rápidamente puesto a la población bajo confinamiento y anunciado medidas de emergencia para ayudar a los menos afortunados.

Moisés Naím, un ex ministro del gobierno venezolano y actualmente columnista y miembro del Fondo Carnegie, dijo que creía que la crisis del coronavirus exacerbaría tres tendencias claves en Latinoamérica: el populismo, la polarización y las narrativas posteriores a la verdad.

"La desigualdad que define a Latinoamérica desempeña un importante papel en la determinación de cómo te afecta el coronavirus", dijo él. "No es cierto que todos estamos juntos en esto. El número de personas que morirán entre los pobres va a ser mucho mayor que entre las clases media o alta".

Naím indicó que si los vídeos como los que están circulando en las redes sociales de los cuerpos de las víctimas del virus siendo quemados en las calles de la ciudad ecuatoriana de Guayaquil se llegan a convertir en algo común en Latinoamérica, entonces los líderes de la Marea Rosa pudieran beneficiarse.

"Todo depende de cuántas personas morirán", él concluyó. "Pero también existe la posibilidad de un tipo de escenario más hobbesiano, donde la gente no cree en nada ni en nadie".

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