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Fútbol > EL ANÁLISIS

La mezcla de aliento y furia que juega en contra de los jugadores de Peñarol

El equipo aurinegro empató 0-0 con Progreso en el Capurro, en un partido que se jugó bajó una intensa lluvia

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25 de noviembre de 2021 a las 21:32

Sam, un periodista belga que llegó a Montevideo para cubrir la final de la Copa Libertadores, sonríe bajo la lluvia. Disfruta como un niño y toma apuntes en una libreta que ya no es una libreta sino un montón de hojas empapadas. Debe ser el único ser humano en el Parque Capurro que goza el partido porque para él, todo es novedad, mientras en la tribuna que da a la ruta los hinchas de Peñarol explotan de bronca contra el árbitro y en la principal los de Progreso sufren esperando el pitazo final de José Burgos.

Nadie se movió de su lugar en los minutos finales del partido, aunque el agua pegaba cada vez más fuerte y no había paraguas que aguantara. Un señor de 86 años, con un tapabocas con el escudo de Progreso estampado, miró todo el encuentro desde abajo de uno de los árboles que hay al costado de la tribuna principal en el estadio de Fénix. Y cuando terminó el juego, saltó como si tuviera 20 y gritó "Progreso nomá". A unos pasos de él, también parado durante los 90 minutos, sufría Fabián Canobbio, el presidente de gauchos. 

Los hinchas de Peñarol en el Capurro

Enfrente, el expresidente carbonero Jorge Barrera y el goleador Agustín Álvarez Martínez que no pudo jugar por una sanción, se confundían con los hinchas esperando que entrara una de las tantas ocasiones de gol que tuvo el equipo en el segundo tiempo. El preparador físico Alejandro Martínez también vivía el encuentro a su manera: protestaba, le hablaba a los árbitros, se daba vueltas, caminaba de un lado a otro. Todo el banco de Peñarol era un saco de nervios. 

El partido terminó 0-0. Fue el tercer empate consecutivo de Peñarol. O, dicho de otra manera, perdió seis de los últimos nueve puntos disputados. Pero los dirigentes, los hinchas y también los jugadores, están mirando más allá, imaginando el futuro. No solo el resultado en la cancha que pueda obtener Nacional, que si este viernes logra vencer a Liverpool se pondrá a dos puntos en el Clausura y a uno en la Anual de Peñarol, sino el resultado en la AUF, porque si la decisión del tribunal de Apelaciones con respecto al partido Cerro Largo-Nacional de la primera fecha es favorable a los tricolores, va a arder Troya.

Los fanáticos de Progreso desplegaron una bandera gigante

Este jueves Peñarol mejoró en el segundo tiempo. En el primero, si bien tuvo el dominio del partido, careció de profundidad. Salvo en un par de ocasiones que aparecieron por sorpresa Giovanni González y Agustín Canobbio, el equipo de Mauricio Larriera no pudo desplegar el juego que lo caracteriza, dinámico, veloz. Sin claridad Pablo Cepellini, bien cubierto Walter Gargano -con Santiago Arias siempre cerca de él-, Peñarol no encontró los caminos para vulnerar una defensa muy segura de Progreso. Los centrales -Matías Mier y Andrés Romero- cumplieron una gran labor.

La lluvia que no cesó durante los 90 minutos y el viento, que soplaba fuerte, tampoco permitieron que Peñarol desarrollara su juego habitual. 

Las inclemencias del tiempo no cambiaron para la segunda parte, pero sí lo hizo el aurinegro. Se fue más arriba -mejoró con el ingreso de Ignacio Laquintana- y generó más ocasiones cerca de Rodrigo Formento. Le faltó embocarla. Desbordó por los dos costados, buscó por el medio, por arriba, pero entre los zagueros que sacaron cada pelota como pudieron, el golero que se mostró seguro pese a que estaba parado sobre un charco de agua y la mala definición, la pelota no entró.

Andrés Romero cumplió una gran labor

Progreso fue fiel al libreto defensivo pero le faltaron ideas en ataque. Prácticamente no llegó hasta el arco de Kevin Dawson en la segunda parte. Recién lo hizo al final, después de la lesión de Valentín Rodríguez y cuando Peñarol se fue a buscar el gol sin cuidar las formas.

Los hinchas de Peñarol, que coparon su tribuna, no dejaron nunca de alentar. Los bombos y la trompeta sonaron durante los casi 100 minutos de fútbol. Una mezcla de aliento y furia que se trasladó a los jugadores. Para bien y para mal. Porque por momentos les ganó el nerviosismo cuando la jugada no salió bien o cuando el rival hacía tiempo. Esa búsqueda de culpables que parte desde los dirigentes cuando los resultados no son favorables, también termina repercutiendo en el juego del equipo y en el ánimo de la gente.

Ruben Bentancourt no pudo influir en el área rival

Al final, cuando el plantel aurinegro se retiraba del Capurro y los hinchas abandonaban las tribunas, algunos alentaban a los jugadores y al técnico Larriera, pero otros los insultaban por los puntos perdidos en los últimos encuentros. El campeonato tiene un final apretado, inesperado, y que se juega adentro y afuera de la cancha.

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