La decisión del sector de Pedro Bordaberry de abandonar los cargos que ocupaba en el gobierno es una muestra más de la competencia declarada entre los líderes de oposición para definir cuál cumple el rol más opositor.
Esta semana Vamos Uruguay tomó la medida más radical, pero la pasada fue el grupo liderado por el expresidente Luis Alberto Lacalle (Unidad Nacional) quien se posicionó fuerte en la vereda de enfrente. Con una carta en la que acusó al gobierno de “totalitario” el sector buscó marcar su distancia irreversible con la administración de José Mujica. Pero esta vez Bordaberry le ganó.
Hasta el momento, la seguridad era el caballito de batalla con el que blancos y colorados competían en su rol opositor. Pero algo cambió. La baja en la cantidad de homicidios y rapiñas anunciada por el gobierno, así como pasar al frente en este asunto con medidas concretas, sacó el tema de los informativos de televisión y dejó de ser asunto de análisis diario. Por ello –al menos por ahora– no es el flanco de ataque más efectivo para el gobierno.
Pero además hay otro hecho que pone al sector de Bordaberry en la necesidad de tomar la decisión más fuerte. En las últimas semanas, tanto en el caso Pluna como en el debate sobre el ingreso de Venezuela al Mercosur, fue el Partido Nacional el que se robó todas las miradas. La denuncia encabezada por el senador Carlos Moreira por irregularidades en la aerolínea y la interpelación que realizó el senador Sergio Abreu al canciller Luis Almagro dejaron al Partido Colorado en segundo plano.
Retomar el rol
“Bordaberry jugó desde un principio a mostrarse como el más diferente del gobierno, y eso se percibió en la opinión pública. El Partido Nacional lo recogió y en los últimos tiempos marcó una postura bien distinta al gobierno. Le robó protagonismo a Bordaberry y se puso en las antípodas, tanto en el caso Pluna como en el tema Mercosur e incluso Jorge Larrañaga con la caída del acuerdo educativo. A Bordaberry la jugada que le quedaba para recobrar perfil era la de tomar las declaraciones de Mujica y Lucía Topolansky al pie de la letra y dejar los cargos”, señaló a El Observador el politólogo Antonio Cardarello.
El analista considera que Vamos Uruguay “sopesó” si le interesa más tener algunos cargos o marcar su perfil opositor, y eligió la segunda opción. “Bordaberry, que ha jugado muy bien en la arena política, opta por mostrarse como el más distante. Las encuestas hoy marcan que parte de la gente está desaprobando a Mujica, y aparece como un beneficio desmarcarse”, consideró. Cardarello recordó que en el gobierno pasado se daba la situación opuesta, ya que la opinión pública respaldaba al expresidente Tabaré Vázquez y “no servía distanciarse”.
El escenario actual le abre una nueva oportunidad a Bordaberry. Sin Lacalle como candidato –que hace dos semanas dijo en un congreso de su sector que no hablará más en actos públicos–, el senador colorado tiene un nuevo desafío: captar la mayor cantidad de adhesiones del espacio más conservador del electorado uruguayo. Mientras Unidad Nacional no encuentra el relevo de Lacalle, Bordaberry toma decisiones políticas que lo ubican bien en ese espacio político.
Los del camino del medio
Pero tanto entre los blancos como entre los colorados hay dirigentes que van por el camino del medio.
Si bien el líder de Alianza Nacional, Jorge Larrañaga, se alejó de la postura amistosa que mantenía con el presidente Mujica, su actitud dista de la pelea constante.
Y la misma opción tomó el líder colorado de Propuesta Batllista (Proba), José Amorín, cuyo sector optó por quedarse en los organismos en los que el gobierno le cedió lugar.
Unidad Nacional ya advirtió que el grupo no abandonará los cargos. Resta saber cuál será la próxima jugada para pasar al primer lugar en la disputa.