No quieren ir a la NASA, quieren ir a la escuela”, sostuvo Patricia Antuño con ironía. “No es un lujo, no es un privilegio, no es un beneficio superior”, agregó. Patricia es la mamá de Paul, un niño de 6 años que desde los 3 años tiene un diagnóstico de trastorno de espectro autista (TEA). El número de pacientes con ese trastorno aumentó seis veces en los últimos 20 años y según la Organización Panamericana de la Salud, de cada 150 niños, uno tiene TEA (ver página 3).
La odisea por la educación: padres de autistas se sienten desamparados
Las escuelas públicas no están preparadas para recibir a estos niños y los colegios no tienen obligación de dar respuestas