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La panzada de Peña Nieto

Mujica bromeó con sus dichos de la cumbre y sumó a Larrañaga a la mesa. Crónica de lo que comió y comentó el presidente de México

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29 de enero de 2013 a las 21:09

La esposa del embajador mexicano en Uruguay avisó a último momento que no podía asistir a la cena en honor al presidente de México, Enrique Peña Nieto, que se realizó en la noche del lunes en el pabellón de las Rosas de la residencia de Suárez. Una silla quedaba libre en la mesa que compartirían los mandatarios de ambos países. “Que acá se siente El Guapo”, ordenó el presidente José Mujica a la jefa de protocolo, señalando la silla vacía, y lo presentó como “el líder de la oposición”.

Jorge “El Guapo” Larrañaga, senador del Partido Nacional, estaba invitado a la cena por presidir la comisión de Asuntos Internacionales del Senado, pero no esperaba compartir la mesa de honor, llamada Hornero, junto a los presidentes y su séquito. “Bueno, vamos a sentarnos”, dijo Mujica. Larrañaga no se había acomodado en la silla cuando el canciller uruguayo, Luis Almagro, largó la carcajada. Larrañaga y Almagro se pararon, se abrazaron, sonrieron y volvieron a sentarse. Era la hora 22.30 y la cena ya estaba pronta, según relataron a El Observador participantes de la reunión.

Los mozos sirvieron primero chorizos. Empezaron por Peña Nieto, se saltearon a Mujica, como indica el protocolo, y siguieron por la mesa en el orden de las agujas del reloj: la primera dama y senadora, Lucía Topolansky; el presidente interino de la Suprema Corte de Justicia, Jorge Ruibal Pino; Larrañaga; el embajador uruguayo en México, Rodolfo Camarosano; el embajador de México en Uruguay, Cassio Luiselli Fernández; Almagro; el canciller mexicano, José Meade; y el vicepresidente de Uruguay, Danilo Astori. “¿Y a mí no me sirven?”, preguntó Mujica, que vestía, al igual que los integrantes de la delegación visitante, una guayabera blanca.

Mujica comió chorizo y asado de tira, no tocó la porción de cordero y tomó un par de copas de vino tinto, según relataron los presentes. Peña Nieto pidió Coca Cola light y probó todo lo que le sirvieron: ensalada, chorizo, morcilla, matambre de cerdo, queso provolone, salchicha, asado de tira y cordero. “Es que no como nada desde el mediodía”, se excusó. A su derecha, Astori le hablaba al oído, explicándole cada corte.

“Es muy rica la carne uruguaya”, dijo el presidente mexicano. “Me voy a llevar un paquetito cuando me vaya”, agregó. El embajador de México en Uruguay intervino con una broma: “Pero Pepe, ¿cómo puede ser que el canciller de Uruguay sea vegetariano?”, le dijo. Entre bocados de verduras asadas, Almagro sonrió y Mujica bromeó: “Hay que tener un canciller que no come carne”, dijo el presidente. Larrañaga aprovechó la oportunidad para mostrarse complice de los visitantes y el oficialismo. “Lo que pasa que no come porque está guardando para vendérselos a ustedes”, dijo el dirigente blanco.

Tres músicos amenizaron la cena al compás del dos por cuatro. Mujica le preguntó a Peña Nieto cómo trataba el cambio climático a su país. El mexicano hizo algunos comentarios vagos y el presidente uruguayo volvió a mirar a Larrañaga. “Así eran las piedras que cayeron en Progreso”, dijo el senador opositor, formando con sus manos el perímetro de un huevo de gallina. Mujica parecía más preocupado por el senador blanco que por Peña Nieto. “Larrañaga, estos están en el poder hace 70 años”, le comentó el mandatario. Le dirigió varias veces la palabra, integrándolo a cada conversación, mientras que, a su derecha, Astori entretenía al presidente foráneo.

“¿Cómo está acá el tema de la corrupción?”, le preguntó Peña Nieto a Astori. “Estamos muy bien. Las mediciones internacionales dicen que en la región somos los que estamos mejor”, respondió el vicepresidente. Peña Nieto seguía probando carnes, mientras Astori disertaba sobre diversos temas. A la hora 23.15, Mujica, visiblemente cansado y con el plato ya vacío, soltó un prolongado bostezo sin taparse la boca que le cerró los ojos. El viaje a Chile por la cumbre de la Celac lo había cansado.

De cuestiones concretas, de intercambio comercial, por ejemplo, hablaron poco durante la cena. El embajador de México en Uruguay le comentó a Mujica que acordó con el ministro de Educación y Cultura, Ricardo Ehrlich, intercambiar técnicos. “Nosotros mandamos técnicos para la universidad tecnológica y ustedes nos mandan del Ceibal”, le propuso Cassio Luiselli Fernández. A Mujica le gustó la idea. “Claro, intercambiamos figuritas”, respondió el mandatario.

La cumbre también estuvo en la charla. Un asesor de Peña Nieto se acercó a la mesa y le mostró un mensaje de texto al presidente. Luego de leerlo, Peña Nieto comentó: “Bolivia y Chile estaban en medio de un conflicto, discutiendo, y hablas tú Pepe, y hablas de la mujer y de su rol y de tu madre”. “Había que agarrar pa’ otro lado, hermano”, contestó Mujica, provocando la risotada de los comensales. “Tenía que sacarla al obol”, repicó el presidente. Luego de que Peña Nieto logró contener la carcajada, le mostró el mensaje de texto. Se lo había mandado una periodista mexicana que admiraba a Mujica y había quedado impresionada por su mención a las mujeres en Santiago.

Almagro también intentó ensayar una humorada. “Lo mejor de la cumbre fue el gol de la sub 20 contra Chile”, dijo.

El peaje de Mujica
Antes de la medianoche y después comer el postre, una copa de frutos rojos con helado de maracuyá, Mujica se paró y tomó el micrófono. Los mozos todavía no habían servido el café, pero el cansancio por las horas de viaje le estaba pasando factura al presidente.

“Quiero que sepan que en Uruguay tienen amigos”, dijo Mujica. Desde las mesas contiguas lo escuchaban ministros y legisladores de ambas naciones, la intendenta de Montevideo, Ana Olivera, e integrantes de las Fuerzas Armadas. “Me vine con una sensación de la cumbre, no con un pensamiento, sino con una sensación política. Algo está pasando en América, que a pesar de las diferencias políticas e ideológicas, podemos juntarnos y unirnos”, dijo, palabras más, palabras menos, el presidente, quien destacó el discurso del mandatario chileno, Sebastián Piñera. “Nunca pensé que fuera a escuchar un discurso así de alguien como él”, expresó mostrando su agrado por las palabras del presidente trasandino, según contaron las fuentes.

“Somos en total la tercera parte del PBI mundial y del otro lado se están dando cuenta. Tenemos que unirnos”, propuso el mandatario, quien, de todas maneras, planteó que no lo convence el discurso que recuerda a San Martín y Bolívar, porque es demasiado “místico y culto”. “Este es otro tiempo”, advirtió.

A pesar de su entusiasmo, también mostró cierto escepticismo. “No es fácil ponernos de acuerdo. Hay otra tercera parte que está toda junta ya y es para ahí para donde tenemos que mirar”, agregó.

Luego agradeció la hospitalidad brindada a los uruguayos que se exiliaron en México. “Bien, Pepe”, dijo el ministro de Salud Pública, Jorge Venegas, desde la mesa de al lado, y comenzó a aplaudir. Los demás comensales se sumaron.

En medio de su discurso, que duró unos 10 minutos, Mujica volteó la copa de postre, que manchó de rojo el mantel blanco. Y antes de finalizar, habló de los beneficios que puede generarle Uruguay a México. “Nosotros no somos millones, pero eso tiene algunas ventajas: no somos imperialistas”, dijo Mujica. Destacó que, aunque es un país pequeño, Uruguay es un buen amigo, porque vale como una nación más a nivel político y es bien visto a nivel internacional. “Pero van a tener que pagar peaje, porque no somos tan poéticos”, advirtió el mandatario y otra vez se ganó los aplausos.

El presidente de México también habló unos 10 minutos y repitió conceptos de la reunión bilateral (ver apunte). “Cuenten a México como un amigo y un aliado”, expresó.

Peña Nieto coincidió con el anfitrión en que la cumbre fue una buena oportunidad para mostrar una América Latina unida, incluso en su diversidad política. Expresó que valora mucho el “respeto” que existe entre los presidentes, a pesar de las diferentes visiones.

Para Peña Nieto, la unión de los países de la Celac permitirá negociar desde otro lugar con la Unión Europea.

Al despedirse, Peña Nieto comentó que había comido mucho, que estaba muy lleno. Mujica soltó otra broma y lo invitó a fotografiarse junto a Larrañaga. El senador le agradeció por la visita y le recordó el vínculo del Partido Nacional con su partido, el Partido Revolucionario Institucional (Pri), y el de Wilson Ferreira Aldunate con su país. Peña Nieto, Mujica y Larrañaga posaron para las cámaras y se retiraron caminando por el rosedal de la residencia presidencial.

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