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20 de noviembre 2020 - 17:05hs

En un día muy especial porque cumplimos dos años de la experiencia de El Observador Member, hoy te comparto una Semana Traducida, para analizar lo más importante de la política local en los últimos siete días.

 

¿Un problema de comunicación o un problema político?

¿Cuál fue la clave del éxito de Uruguay en el manejo de la pandemia hasta ahora? Hay varias cosas que son evidentes: buen nivel de rastreo, alta  tasa de testeo, un manejo correcto de la libertad responsable sugerida por buena parte de la población y una excelente comunicación del gobierno en la primera etapa.

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¿Pero cómo está jugando el gobierno en el otro aspecto: la comunicación? Creo, y te escribí sobre eso en su momento, que la comunicación en la primera etapa fue excelente porque tenía a muy buenos voceros -el presidente, Luis Lacalle Pou, y el secretario de la Presidencia, Álvaro Delgado- pero sobre todo porque había una uniformidad en el discurso que le daba contundencia y señales claras a la población.

El “quedate en casa” no solo fue un eslogan. Fue una medida práctica que iba alineada con la filosofía que impulsaba el gobierno. No te prohibía salir. No te aplicaban cuarentena obligatoria, pero te invitaba a cuidarte y cuidar al resto de la población quedándote en casa. Si por tu trabajo tenías que salir, ok. Pero el resto, quedate en casa.

Obviamente que esa comunicación y esa decisión tuvo sus costos. 

La economía cayó, el consumo se contrajo.

Pero no solo por la economía esa visión debe ser superada, sino también científicamente, tal como dijo Rafael Radi en una entrevista con El País

Hoy el gobierno no tiene un mensaje claro. Pero no se trata de un problema de comunicación: es un problema político. La comunicación no puede solucionar los asuntos que políticamente no se resolvieron aún.

Y en el gobierno claramente hay diferentes posturas sobre qué rol debe asumir en esta etapa. El presidente, el equipo económico y los jerarcas vinculados al mercado laboral están preocupados en que una marcha atrás, aunque no sea oficial o decretada, pueda perjudicar más la economía. Saben de todas formas que el dilema entre economía y salud no es tal. Si la situación sanitaria empeora, es inevitable también que la economía se deteriore.

Y las posturas públicas de los jerarcas son bien diferentes. Quien sí ha tenido una comunicación muy clara y contundente es el ministro de Salud, Daniel Salinas. Se ha mostrado duro, a diferencia del presidente y del resto del gabinete. Incluso también algunos de los asesores científicos del MSP, como Julio Medina, que pide a las personas que individualmente empiecen a decir mucho más que "no"  a determinadas actividades por un tiempo.

¿Qué podría cambiar desde la comunicación? En primer lugar están las herramientas. El gobierno sabe que tiene instrumentos para pasar mensajes mucho más contundentes. Lo hizo durante semanas, con largas conferencias de prensa en horario central cuando había muy pocos casos. Hoy que se multiplicaron, casi no hay conferencias y cuando hay declaraciones son confusas o al menos poco contundentes. O cuando hay contundentes, como en el caso de Salinas, es descoordinado. Mientras el ministro pide extremar los cuidados, el mandatario  descarta cualquier tipo de medida que vaya para atrás.

En segundo lugar está el contenido. Allí está el mayor desafío. Es entendible que para cuidar la economía -y por tanto también la salud de los uruguayos- no se quiera volver a un mensaje tan fuerte como el de “quedate en casa”. Pero sí se podría buscar un nuevo eslogan más soft que exigiera a los ciudadanos por un tiempo determinado solo hacer lo mínimo imprescindible. Solo ir a trabajar, exhortar al teletrabajo donde se pueda y evitar salidas innecesarias. Ese tipo de marcha atrás se puede lograr desde la comunicación. Pero primero debe haber una decisión.

 

La selección, una mancha

@selección

Hacia el exterior Uruguay es visto como un país modelo en el manejo de la pandemia. No solo por los indicadores, sino también porque la filosofía impulsada por el presidente Lacalle Pou de la “libertad responsable” hablaba bien de su gestión y de todos los habitantes en su respeto a los protocolos y a los cuidados. Como dijo el presidente en un almuerzo días atrás, es nuestro nuevo “grado inversor”.

Por más pequeño que sea en número tomando una dimensión total del país. Por más que ninguno de ellos tenga un problema concreto de salud porque son jóvenes y fuertes. Por más que no tenga ninguna incidencia concreta, el brote generado esta semana en la selección uruguaya le pega muy fuerte al país en varias dimensiones.

El primero es de imagen. Los clubes europeos con jugadores uruguayos están extremadamente enojados por lo mal que manejó la AUF la situación. Y tienen razón. Pero no son solo los clubes, los medios europeos informan minuto a minuto de cada uno de los casos confirmados en la selección.

El otro gran daño, tal vez es más difícil de dimensionar, es interno al Uruguay. Muchos ciudadanos le han perdido el miedo al covid-19. Eso se puede ver por la relajación en los cuidados y en el cumplimiento de los protocolos. Si a la vez ven que referentes como los futbolistas no se cuidan, no respetan parte de los protocolos -como bien contó esta nota de Referí- y no hay ninguna sanción, entonces también habrá un daño comunicacional.

Los futbolistas además, por ser jóvenes y fuertes físicamente, es muy probable que se recuperen rápido y sin problemas. Eso también contribuirá a la pérdida de miedo a la enfermedad.

El presidente de la AUF ya hizo un tímido mea culpa. Falta aún el del responsable técnico de la selección.

 

El primer gran gol de Bustillo

El canciller Francisco Bustillo logró esta semana concretar algo que se presentaba esquivo: un encuentro entre los presidentes de Argentina y Uruguay. Bustillo es amigo de ambos y si bien ya los había presentado en el pasado, desde que ambos son mandatarios la relación era distante y en algunos momentos tirante.

El mayor foco de tensión entre ambos países se había dado cuando Uruguay decidió apoyar para la presidencia del BID al estadounidense -hijo de disidentes cubanos- Mauricio Claver-Carone y no a Gustavo Béliz, el candidato propuesto por Alberto Fernández.

El presidente argentino se enojó con eso. En el gobierno uruguayo respondieron que Argentina nunca les pidió formalmente el voto por Béliz.

Lacalle le había enviado varias señales a Fernández de acercamiento que no habían sido respondidas e incluso en los primeros meses de Bustillo en el cargo tampoco hubo ninguna señal de acercamiento concreto. Sin embargo el canciller, que es muy bueno construyendo relaciones personales para traccionar desde allí la diplomacia, aprovechó su amistad con Fernández y el cambio de gobierno en Bolivia para actuar. Viajó en el avión presidencial argentino hacia La Paz y allí arregló un encuentro en Anchorena.

La reunión luego se debió suspender porque Fernández tuvo que entrar en cuarentena preventiva tras haber estado en contacto con Béliz, que dio positivo. Pero finalmente se realizó este jueves.

Según se desprende de los dichos del canciller  no hubo grandes resoluciones ni avances concretos. Pero a juzgar por las fotos y los videos divulgados del encuentro, el objetivo de limar las asperezas se cumplió. “Fue un encuentro personal”, dijo Lacalle este viernes, aunque aclaró que también se hablaron temas de interés a ambos países.

 

Cómo entender la reacción de Sanguinetti ante Almagro

Presidencia

Esta semana salió a la calle un libro que escribí junto con Martín Natalevich sobre el secretario general de la OEA, Luis Almagro. Una de las novedades de la investigación periodística que más ruido generó en Uruguay fue la intención del diplomático de volver a Uruguay a hacer política y sus señales hacia el Partido Colorado. Almagro declaró que se siente “profundamente batllista” y que se sentiría muy cómodo allí.

Las reacciones entre los colorados fueron disímiles. Pero sorprendieron especialmente los dichos del expresidente Julio María Sanguinetti, que el mismo día que salió el libro dijo en El Observador  que se “alegra” de la noticia. Ese fue el título. ¿Pero por detrás qué hay? Cuando uno lee entre líneas sus dichos también se esconden algunas críticas. Por ejemplo, destacó que Almagro siempre estuvo “en posiciones distintas” y “muy lejos” del partido al que ahora quiere acercarse.

Sanguinetti fue muy diplomático en sus expresiones públicas. Pero solo con ver quién salió dos minutos después de él a criticar a Almagro, se puede entender qué piensa realmente Sanguinetti. El senador Tabaré Viera, quien quedó con su banca en el Parlamento, dijo que ve “oportunismo” en Almagro y que “no todo suma” en la política. “Creer que puede venir y ser candidato como si el Partido Colorado tuviera bandera de remate me parece muy difícil”, dijo Viera.

Sanguinetti en privado le manifestó a algunos colorados que tiene dudas sobre Almagro y que no termina de confiar. Pero claramente el expresidente no quiere que suceda lo mismo que con  Ernesto Talvi, quien arribó al partido y terminó con una muy mala relación con él.

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