En las últimas dos semanas hubo tres señales evidentes de cómo el mundo ve a Uruguay que, de algún modo, le dan la razón al secretario de la Presidencia, Álvaro Delgado, cuando destaca la buena imagen de nuestro país en el exterior.
La primera de ellas se constató en el éxito en el mercado internacional de las emisiones de un bono en pesos y otro en dólares, a 10 años, el jueves 13, por un total de US$ 1.740 millones.
La tasa de interés del papel en pesos fue de 8,25% anual, una baja histórica en comparación con las emisiones del pasado reciente. Y el otro dato es que el diferencial de tasa respecto a Estados Unidos, en el bono en dólares, fue de menos de un punto porcentual, un spread muy bajo si se tiene en cuenta la comparación con la primera potencia del mundo.
El batacazo de la operación refleja el respeto por la tradición de cumplimiento del pago de la deuda y el reconocimiento a la estabilidad institucional. Son virtudes que se agigantan en momentos de inestabilidad y dificultades, particularmente en América Latina, donde la mayoría de los países sufren de un declive democrático, social y económico.
Por otro lado, también parece reflejar la credibilidad de la política inflacionaria del gobierno que, por primera vez en tres años, se ubica en el rango meta anual de entre 3% y 7%; una confianza que se estira en el tiempo si tenemos en cuenta que los bonos vencen en 2031.
En línea con lo que reflejan los mercados, un comunicado de Moody’s, el martes 18, sobre un conjunto de países que incluye a Uruguay, se refirió a los méritos para tener un grado de inversor, sin que ello signifique una recalificación crediticia. Mencionó la fortaleza económica que refleja el PIB per cápita relativamente alto, la sólida calidad institucional y la capacidad para llevar a cabo políticas fiscales y monetarias adecuadas.
Y, por último, lejos del enfoque económico, la revista científica Nature, en un artículo publicado el pasado lunes, destacó la creación y gestión del GACH, por su papel fundamental en las políticas públicas de salud sobre el covid-19, lo que ubicó a Uruguay en un exclusivo grupo de 28 países.
Elogia el asesoramiento del GACH, las reuniones regulares que mantiene con el presidente Luis Lacalle Pou y otros funcionarios del gobierno, un ambiente de diálogo entre la ciencia y la política, que permitió actuar con rapidez en la instalación de infraestructura para realizar los tests de covid-19 y establecer una red de laboratorios para identificar aspectos de un virus de fácil mutación.
Delgado tiene razón en que “en el mundo nos ven mejor de lo que quizás nos vemos a nosotros mismos, como sociedad, con el manejo de la pandemia”. Incluso, como muestran los ejemplos citados, no es algo circunscripto al covid-19.
Una lástima que, internamente, el ejercicio político, incluido el del Parlamento, trasmita una imagen muy diferente, distorsionada de la realidad, especialmente por parte de la oposición, como quedó patente en la reciente interpelación a la ministra de Economía, Azucena Arbeleche.
Buena parte de la dirigencia frenteamplista parecería que transcurre en un mundo paralelo, en un mundo distópico, negando la realidad, una condición básica para encauzar los problemas estructurales que tenemos y que nos impiden el desarrollo.