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La revolución de la esperanza

Columna de opinión publicada en El Observador Agropecuario

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16 de febrero de 2018 a las 15:04

Por Carlos María Uriarte, especial para El Observador

Mucho se ha escrito acerca del encuentro del pasado 23 de enero en Durazno, pero hay un punto de vista que queremos resaltar y es que con él se ha dado el nacimiento de un fuerte sentimiento de esperanza entre los uruguayos de que otro Uruguay es posible.

Ha surgido la esperanza impulsada en un sentimiento de desconformidad e indignación entre los orientales, que ya no es patrimonio exclusivo del campo, sino que hoy representa el sentir de la mayor parte del interior y que va contagiando cada vez a más personas de nuestra sociedad citadina.

Bajo la tutela del pabellón nacional, y en el convencimiento de que la situación actual no da para más, ha surgido entre los orientales un fuerte deseo de cambios.

No da para más un Uruguay dividido, donde haya personas que sirven y otros que son servidos.

No da para más el seguir aumentando el gasto público sin mejorar sus servicios y/o hipotecando el futuro de nuestros nietos.

No da para más el uso irresponsable de los fondos públicos, sin rendir cuentas de los mismos y sin que se asuma la responsabilidad de sus consecuencias.

No da para más la mentira ni el engaño.

No da para más la falta de vergüenza para engañar al pueblo al desdecirse públicamente, sin siquiera pedir disculpas.

Más allá de la proclama y del movimiento en sí, el encuentro de Durazno fue un ejemplo de unidad, de respeto y de educación, que nos confirma que celosamente guardados en nuestra sociedad aún sobreviven estos valores que son pilares básicos para una sociedad en paz.

Fue demostrado que se puede manifestar las discrepancias respetando a con quien discrepamos, sin perder la educación y sin recurrir a la división ni al desagravio.

La contundencia de la realidad basada en el permanente y creciente déficit fiscal reafirma la necesidad de que es urgente generar cambios.

Pero debemos ser realistas, a pesar de la contundencia de las razones, las respuestas recibidas son elocuentes y consistentes y la realidad es que es muy poco probable que se den respuestas significativas a los reclamos planteados tal cual lo pide el movimiento, al menos durante este gobierno.

En las respuestas recibidas ha quedado claro que se priorizan los objetivos políticos para mantenerse en el gobierno, por sobre los objetivos generales. Eso, aunque no lo compartamos, era lógico y esperable.

Eso no quiere decir que no debamos insistir en las demandas, todo lo contrario. Debemos tener claro que esos cambios solo vendrán de nuestra convicción, perseverancia y capacidad para lograrlos.

Alguien debe luchar por los objetivos generales, sin banderas políticas ni ambiciones personales, sin otra razón más que la de defender el futuro de nuestro hijos.

El momento es demasiado grave como para albergar la patria en una sola divisa.

Más que nunca debemos estar juntos. Más que nunca el corazón debe latir conteniendo las emociones, tomando el pulso de todas las razones.

Abandonemos las discusiones estériles y demagógicas, tengamos el decoro moral para discutir el país que le debemos a nuestros hijos.

Sembremos juntos esperanza para cosechar futuro.

Tengamos siempre presente que los cambios solo ocurren cuando los ciudadanos se involucran, se comprometen y se unen para exigirlos.

Un Uruguay posible dijo presente en Durazno, dio comienzo a la revolución de la esperanza y está en todos nosotros transformarla en una realidad.

Esta revolución ya ha dado sus primeros resultados, sacando a la claridad actos y realidades que no están de acuerdo con el interés general.

Ojalá se siga así.

Esperemos que más patriotas se sumen a esta noble tarea de combatir los nacionalmente injustos privilegios.

No nos quedemos indiferentes ante la corrupción, ante el dolor ajeno, ante el egoísmo, la injusticia y las heridas que luce nuestra sociedad cada día más torpe y deshumanizada.

Trabajemos en nombre de la libertad, de la paz y de la patria.

Y tengamos siempre presente que cuando los de arriba pierden la vergüenza los de abajo pierden el respeto.

Otro Uruguay es posible.
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