¿Qué fue lo que llevó a la mayoría de los uruguayos a votar el domingo pasado a favor de la Ley de Urgencia impulsada por el gobierno? Suele ser mala idea empezar cualquier escrito con una pregunta y, mayormente, cuando se incurre en esa impostura, es porque no se tiene respuesta a lo interrogado. Y, lamentablemente, este es el caso. Más allá de intentos de explicar por qué el No le ganó al Sí, y viceversa, en algunos departamentos, de hurgar en las decisiones separando por clase social, de poner la lupa en los efectos de pandemias y guerras, la respuesta es del todo esquiva. Particularmente porque la diferencia entre uno y otro bando –como ocurrió en el pasado balotaje.- fluctúa entre los 20 mil y los 30 mil votos. La sexta parte de los habitantes de Pocitos, una tribuna Olímpica, es decir, casi nada.
¿Cómo analizar qué cosas ocurrieron para evitar que un mínimo corrimiento de votos mudara los festejos de un sitio a otro?
Algunos politólogos manejaron, antes del domingo, la posibilidad de que un triunfo de la selección de fútbol uruguaya contra Perú influyera en el humor social y favoreciera al gobierno. ¿Fue el gol de Giorgian de Arrascaeta que llevó a los celestes al Mundial de Catar el responsable de la victoria del No? La pregunta está hecha con toda la ironía del mundo y, pese a eso, es imposible contestarla certeramente.
Claro que se pueden arriesgar respuestas como las que se plantearon cuando el Frente Amplio perdió el gobierno en 2019 por el 1,5% de los votos. Por ejemplo, en aquel entonces muchísima gente estaba enojada con las fallidas respuestas ante la inseguridad pública, Daniel Martínez resultó un mediocre candidato y Luis Lacalle Pou realizó una campaña impecable, casi sin cometer errores.
Ahora el gobierno puede decir que tras dos años de gestión el desgaste fue mínimo, pese a que el escenario en el que se desarrolló la campaña no fue el mejor para sus intereses. Los medios de comunicación en las semanas previas al referéndum informaron profusamente sobre la suba de los combustibles y de productos básicos como la harina y el aceite, y de otros adorados por los uruguayos como la carne.
En el oficialismo agregan que además de haber mantenido en pie los 135 artículos impugnados, el resultado logró cohesionar a una coalición que ha padecido algunos barquinazos mayormente por algunos choques con Cabildo Abierto.
En tanto, los optimistas del Frente Amplio dicen que el oficialismo terminó el partido pidiendo agua desesperadamente porque el color rosado amenazaba con teñirlos. Y señalan, cosa que es cierta, que la izquierda volvió a mostrar su poder de movilización más allá de una campaña errática, y eso no lo dice el FA, plagada de mentiras y medias verdades a diestra y siniestra.
Por su lado, los politólogos discrepan acerca de si la victoria del No fue un espaldarazo claro para el gobierno o si, en realidad, para festejar por lo alto debió sacar una diferencia aún mayor. Para desgracia de aquellos que quieren asomarse y avizorar alguito de lo que sucederá en las elecciones de 2024, el domingo 27 se duplicó la cantidad de votos anulados y unas 50 mil personas se sumaron a ese 2% que históricamente manifiesta en las urnas su desesperanza con los políticos. Y, por si fuera poco, en el referéndum fueron a votar unas 130 mil personas menos que en el balotaje de 2019.
Además, el principal padre de la victoria del No, el presidente Luis Lacalle Pou, no podrá ser candidato en los próximos comicios, y aún se desconoce que postulante resultará de la siempre complicada interna del Frente Amplio.
Ya lo dijo el líder de Cabildo Abierto, Guido Manini Ríos, la noche del referéndum según un diálogo con el excandidato blanco Alberto Volonté reproducido por El País: “Creo que lo bueno del resultado de esto es que a todos nos pone nerviosos. Somos conscientes de que con cualquier error perdemos. Porque esta diferencia dentro de dos años no está más; cualquier error perdemos, cualquier error". Lo mismo podría haber dicho un día después del balotaje proyectándose cinco años hacia adelante
Se podrán hacer muchos y variados análisis sobre lo ocurrido y lo que puede ocurrir. Pero, digan lo que digan, al final del día, como el dinosaurio del microrrelato de Augusto Monterroso, los escasos miles de votos de diferencia, y la incógnita sobre su deriva en los próximos dos años, todavía están allí.