12 de agosto 2014 - 19:30hs

El actor Christopher Reeve contó una vez que la primera persona que lo hizo reír después de quedar parapléjico al caerse de un caballo fue Robin Williams. Las expresiones de dolor por la noticia de la muerte del comediante suelen lamentar la pérdida del “más gracioso y el más dulce” de las celebridades de Hollywood. Son múltiples los mensajes de agradecimiento al actor por disipar la tristeza, por dar esperanzas. Sin embargo, él mismo no pudo soportar más la depresión y se ahorcó con un cinturón.

Se repite una historia antiquísima, que Juan de Dios Peza sintetizó en Reír llorando: “Cuántos hay que cansados de la vida, enfermos de pesar, muertos de tedio, hacen reír como el actor suicida sin encontrar para su mal remedio”.

Más allá de la aproximación poética, es reconocido que la depresión es una dolencia que no siempre tiene razones. El actor mantuvo una lucha constante, con victorias y derrotas, contra su adicción al alcohol y la cocaína. Mientras tanto, sus personajes en cine y televisión, así como sus unipersonales, seguían siendo vitales hasta la carcajada.

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Probablemente la especulación sobre las “verdaderas” razones que tuvo Williams para quitarse la vida seguirá viva por mucho tiempo. Un argumento infaltable en esa discusión es el del destino del comediante, generador de felicidad y acaparador de angustia.

Tres tristes actores

El actor británico Peter Sellers tenía la capacidad de hacer llorar de risa al público, como lo sabe cualquiera que haya visto La fiesta inolvidable o cualquiera de la serie de La pantera rosa. Pero a él mismo era difícil hacerlo reír. El director de cine Peter Hall dijo de él: “Peter tenía la capacidad de identificarse completamente con otra persona, entrar en su piel. Aunque en este negocio para tener talento, tienes que tener talento para gestionar el talento. Y eso creo que Peter no lo tuvo”.

Al actor le costó siempre relacionarse con el mundo. Se ha dicho que su abuso en el consumo de drogas tiene que ver con sus problemas cardíacos, que finalmente acabaron con su vida en 1980, cuando tenía 54 años.

La vida de Sellers fue siempre inestable: no podía asimilar que una película suya no tuviera éxito y su esposa, la sueca Britt Ekland, se ha quejado de su comportamiento obsesivo y de sus celos. El propio Sellers resumía la situación de esta manera: “No es fácil convivir conmigo”.

Finalmente Peter Sellers murió del ataque al corazón que lo acechaba desde hacía 15 años, con amenazas que el actor desestimó.

El comediante John Belushi, por su parte, murió de una sobredosis a los 33 años de edad, cuando le fue administrada una inyección de cocaína y heroína, en una fiesta eterna, a la que había concurrido Robin Williams.

Belushi empezó a tener un gran éxito desde los años de 1970, con los personajes que interpretaba en el mítico programa televisivo Saturday Night Live, como el Samurai Futaba o Jake Joliet Blues, de los Blues Brothers.

Pronto Belushi entendió que la cocaína lo ayudaba en su ritmo de actuación frenético y le daba la capacidad de trabajar y seguir de fiesta sin detenerse.

Cada vez necesitaba más, hasta la fatídica noche en que decidió probar el speedball, la inyección que resultó letal.
El diario californiano Los Angeles Times informó que las últimas palabras de Lou Costello, en el hospital de Beverly Hills, a sus 52 años, fueron “creo que estaré más cómodo”.

Costello se refería, seguramente, a que su vida fue una lucha constante, por cuestiones de ego, de fama, de fortuna o de mala fortuna. Por más que su carrera fue muy exitosa, Costello siempre estuvo en conflicto, sea porque el nombre de Bud Abbott iba antes que el de él en la famosísima dupla de teatro, cine, radio y televisión Abbott y Costello, o porque no ganaba un porcentaje mayor del porcentaje mayor que ya ganaba con respecto a su socio, que era tan famoso como él.

Un ejemplo de la dureza de su máscara se dio el 4 de noviembre de 1943. Costello le había dicho a su esposa que quería que el hijo de un año de ambos lo escuchara en el programa radial de esa noche, pero el niño se ahogó en la piscina de la casa. Costello recibió la noticia antes de salir al aire, y cuando lo hizo, dijo: “Dondequiera que esté, quiero que me escuche esta noche”. Nadie se enteró de la desgracia hasta después de emitido el programa.

El show debe continuar.


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