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Fito Páez en el Antel Arena

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Lágrimas para Milanés y amor para Montevideo: Fito Páez celebra El amor después del amor y así fue su primer show

El músico argentino dio el primero de sus tres shows en el Antel Arena para conmemorar el aniversario de su disco más famoso

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26 de noviembre de 2022 a las 10:02

Es casi imposible salir triste de un espectáculo de Fito Páez. Emocionado, si, pero nunca triste. El rosarino genera una energía rockera positiva que embebe todo y lleva los ánimos hasta el techo. Y más todavía cuando es un show celebratorio como el que dio este viernes 25 de noviembre en el Antel Arena, el primero de tres –todos agotados– para conmemorar las tres décadas de su disco más famoso y más exitoso: El amor después del amor.

Un álbum que sacó a Páez de un círculo de oscuridad y autodestrucción, que es una celebración, que grabó junto a un grupo de figuras de primera línea de la música del Río de la Plata (Spinetta, Cerati, Charly García, Andrés Calamaro, Fabiana Cantilo, Mercedes Sosa, Osvaldo Fattoruso), que fue el más vendido de su carrera y lo llevó a un nuevo estrato de popularidad y fama ya no solo dentro de Argentina, sino también fuera de fronteras.

Un disco importante, entonces, al punto que es el nombre que eligió también para la serie biográfica que actualmente está produciendo Netflix, en la que está involucrado. Que grabará nuevamente con invitados, y que motivó esta gira que lo trajo a la capital uruguaya por primera vez desde 2019. Una ciudad a la que se referiría como una de sus favoritas, como la cuna de algunos de sus maestros y de su música predilecta, la de los hermanos Fattoruso y la de Rubén Rada, además de un público que lo ha acompañado con fidelidad durante décadas.

Sin embargo, la primera ovación de la noche no fue para Páez. Fue para la intendenta Carolina Cosse, mientras buscaba su asiento en la platea. Después hubo otra para Rada. Y la tercera, más fuerte, fue finalmente para Páez.

Fito Páez en el Antel Arena

Luces bajas, una pantalla en rojo, un sintetizador etéreo y como una letanía, la voz inconfundible del cantautor, repitiendo como un himno religioso: “el amor después del amor tal vez”. Hasta que todo explota, la banda completa salta a escena y entre ellos, Páez, saltando, arengando y comandando con maestría al público, como también luego haría con sus nueve músicos, a quienes dirigía con solo un gesto o un movimiento de sus dedos.

“El disco lo vamos a tocar de corrido”, avisó después del tema de apertura mientras se apostaba detrás del piano para arremeter Dos días en la vida. Y efectivamente lo hizo, interpretando los catorce temas del álbum de punta a punta. Claro, tiene la fortuna que hace 30 años logró componer y meter en un solo trabajo obras como Pétalo de sal, Un vestido y una flor, Tumbas de la gloria, La rueda mágica, Brillante sobre el mic y A rodar mi vida. Como se dice antes de un picadito desparejo: “está robado”.

Después de agradecer al público una vez más, Páez dijo “me voy a poner guapo y vuelvo”, dejando un intermedio de diez minutos, marcado por una cuenta regresiva en la pantalla gigante que se celebró como la de año nuevo cuando llegó a cero. Ahora con un traje verde en lugar del gris clarísimo, casi blanco, que portó para la primera parte, el argentino se acomodó de nuevo tras el piano para el momento más emotivo del show.

El homenaje a Milanés

El de este viernes en el Antel Arena fue el primer show que Páez hizo tras la muerte del cantautor cubano Pablo Milanés, por lo que eligió homenajearlo con una versión de Para vivir, supervisado por la imagen del trovador desde la pantalla. Al final del tema, mientras el público cambiaba el “olé olé olé, Fito, Fito” por “Pablo, Pablo”, Páez no se contuvo y empezó a llorar.

Se limpió las lágrimas, se paró y se dio vuelta hacia la imagen del cubano, sumándose al aplauso del público. Hasta que la emoción le volvió a ganar y se inclinó, cubriéndose el rostro con las manos por unos momentos. Luego contó que tras ese momento, Rada se acercó al backstage y lo abrazó.

Más tarde esa noche, el músico rosarino escribió en sus redes sociales “¡Chau Pablo! Te voy a extrañar tamaño universo. ¡Pero te vamos a cantar en todas las ciudades del mundo todos los días!”.

Tras el homenaje, el espectáculo siguió con un repaso por siete clásicos de Páez, una lista contundente y energética que incluyó 11 y 6, Circo Beat y Ciudad de pobres corazones, antes de hacer la habitual mímica de irse para luego volver para los bises: Dar es dar y Mariposa tecnicolor, en un cierre festivo y luminoso para una noche que también lo fue. Una noche donde la tristeza fue casi imposible, pero donde no faltó emoción. Ni amor, claro.

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