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Las batallas que vienen

Entre las protestas de los productores y la Rendición de Cuentas media una Copa del Mundo

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09 de junio de 2018 a las 05:00

Cuando la bruma del fútbol se disipe, el país se dará de frente con la Rendición de Cuentas y una ronda clave de Consejos de Salarios. Y todavía antes del Mundial puede emerger una nueva rebelión de productores rurales.

Los grupos de WhatsApp del movimiento "Un solo Uruguay" se han achicado. Tras la eclosión inicial, les está resultando muy difícil sostenerlo y darle sentido y contenidos. Los sobrevivientes intentan medidas más categóricas, como cortes parciales de rutas.

El próximo aumento de los combustibles será clave. Tal vez el gasoil tenga un peso relativamente menor en las cuentas totales de las empresas, que padecen un país caro en muchos rubros. Pero tiene un valor simbólico, más aún después de la rebelión de los camioneros brasileños. Es probable que el gobierno al fin aumente más las naftas que el gasoil: una suerte de subsidio de una clase de vehículos a otros.

Y luego el debate por la Rendición de Cuentas es la gran fiesta de los parlamentarios, que rivalizan en ingenio para complacer a sus votantes. Del lado de enfrente están los empresarios y ciertos sectores de empleados, que no desean pagar más impuestos. El fiel será otra vez el Poder Ejecutivo, representado ante todo por el presidente, Tabaré Vázquez, y su ministro de Economía, Danilo Astori, los custodios de la responsabilidad fiscal. El Frente Amplio les debe mucho, pues hasta ahora han evitado la debacle económica que padecieron casi todos los otros ciclos "progresistas" de América Latina.

Se disponen a ofrecer pequeñas partidas extras a la enseñanza, a la seguridad y a la salud pública: las tres tareas esenciales de cualquier gobierno, y que en Uruguay andan mal. El Poder Ejecutivo no desea aumentar un déficit que sigue peligrosamente cerca del 4% del PBI.

Los déficits fiscales muy altos, cubiertos con deudas públicas en aumento, están en la base de los graves problemas de muchos gobiernos, empezando por los de Argentina y Brasil. Ambos padecen fuga de capitales e incertidumbre política.

El Estado uruguayo gastará este año unos 3.100 millones de dólares por intereses y amortizaciones de deuda pública. Eso es más que todo el dinero que se destina cada año a la enseñanza. El peso creciente del endeudamiento aún no es un tema central en Uruguay, aunque puede pasar a serlo en cualquier momento. Dependerá del vigor del sector productivo para seguir pagando la cuenta, y de los vientos que soplen en el mundo.

La central PIT-CNT propuso aumentar impuestos, en particular el IRAE, que grava la renta neta de las empresas, y al Patrimonio. Pero Astori opina que no es buena idea presionar a los empleadores cuando dan señales de asfixia y el mercado laboral languidece. En todo caso el gobierno prefiere rebajar la carga a las empresas que creen nuevos empleos.

Los gobiernos frenteamplistas han aumentado gradualmente las asignaciones presupuestales a la enseñanza. El dinero es un elemento necesario pero no suficiente. Los resultados son bochornosos: enorme tasa de deserción y baja calificación. Es un techo para el desarrollo del país y una garantía de futuros pobres.

A los gobiernos del Frente Amplio les ha faltado ideas claras, pero sobre todo energía y coraje para renovar las leyes y asumir la conducción del sistema de enseñanza. Entonces entregaron el terreno a las corporaciones, librado a las más absurdas batallas políticas y a una ideologización infantil que pagan los alumnos.

Pero la enseñanza básica no es un tema que movilice a las grandes mayorías, como sí ocurre con la inseguridad. Buena parte de las personas no se siente segura para comparar y opinar. Y las elites, que tienen más elementos de juicio, no creen que sea urgente darle más dinero a un sistema que hace mucho tiempo no responde a políticas nacionales, sino más bien a gremios manifiestamente reaccionarios.

"Hay que juntarse y hacer mierda a esos gremios, no queda otra", dijo, casi rogó, el expresidente José Mujica a Andrés Danza y Ernesto Tulbovitz para su libro Una oveja negra al poder. Fue una admisión de impotencia y derrota tan grave como la del jefe nacional de Policía, Mario Layera, ante la delincuencia, o las lavadas de manos de otras reparticiones oficiales ante el aumento de la marginación y del número de personas que viven en las calles.

Si no pueden ellos, ¿quién podrá?

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