Carnaval > ESPECTÁCULO INESPERADO

Las Llamadas se postergaron, pero una comparsa de chilenos y uruguayos desfiló igual

Mucha gente, entre ellos Ruben Rada, disfrutó del desfile de Catanga, la formación chilena invitada que se enteró del cambio de fechas de las Llamadas llegando a Montevideo

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07 de febrero de 2020 a las 21:27

Los integrantes de la comparsa Catanga, “las lonjas del Uruguay” según se lee en el estandarte que se coloca al frente de toda formación comparsera, conformada por chilenos y uruguayos residentes en ese país, se enteraron de la postergación del Desfile de Llamadas de 2020 cuando estaban llegando, en ómnibus, a Montevideo.

Habían salido dos días antes desde Santiago y algunos desde otras localidades del país trasandino y la noticia los desconsoló. Pero todo quedó atrás este viernes cuando se dieron el gusto de desfilar igual por las calles Carlos Gardel e Isla de Flores, fruto de una movida espontánea derivada de alguna sugerencia de comparseros locales. Un momento que duró algo más de una hora y que nunca olvidarán, dijeron varios de los integrantes de Catanga.

A la hora 20, cuando aún no llovía en la capital uruguaya, con mucho público viendo el sorpresivo show desde las aceras, convocado a través de diferentes redes sociales y por el “boca a boca”, Catanga partió desde Zelmar Michelini hacia Minas, para cumplir con el trayecto que hubieran debido realizar este viernes en calidad de comparsa invitada.

El Desfile de Llamadas fue postergado este miércoles por la Intendencia de Montevideo, considerando los pronósticos de mal tiempo, en acuerdo con las gremiales que nuclean a las comparsas (Asociación Uruguaya de Candombe y Directores Asociados de Espectáculos Carnavalescos y Populares del Uruguay). Se realizarán el viernes 14 y el sábado 15.

 

 

 

 

Tambores desde Chile

Gabriel Blanco es un uruguayo que vive en Chile hace 40 años y es quien dirige la cuerda de tambores de Catanga. Obviamente la añoranza de las tradiciones culturales de su país, entre ellas el candombe, lo llevaron primero, junto a otros, a tocar el tambor en su nuevo sitio de residencia y a conformar luego una comparsa.

“Primeros nos juntamos unos pocos uruguayos, como siempre pasa. Luego se arrimaron más, nos reunimos en un bar, en una plaza, en las casas, arrimamos de a poco a muchos amigos chilenos que aprendieron a tocar el tambor e incluso hay alguno que ya toca mejor que nosotros”, dijo, sonriendo.

Esta comparsa, que ha tenido distintos nombres y que actualmente se llama Catanga, tiene ya 25 años y está conformada en un 70% por chilenos, con gente de Santiago, de Valparaíso y de Concepción, nucleados en comparsas pequeñas que conforman una suerte de selección para viajar a Uruguay con el propósito de desfilar en los barrios Sur y Palermo.

 

 

 

Un sueño cumplido

“Estar acá, tocando en Uruguay, en estas calles, en estos barrios, es un sueño que logramos cumplir aunque el desfile grande se haya suspendido, fue una lástima, pero acá estamos locos de la vida dándonos el gusto porque si bien alguno se queda unos días, la gran mayoría tenemos que volver a laburar”, añadió en tanto aprontaba banderas, trofeos y tambores.

Blanco destacó, en esta movida que surgió mismo este viernes, el respaldo de varias comparsas locales, entre ellas La Fuerza, con la que Catagana tiene vínculos, pero también otras como La Rodó, por ejemplo. Eso, puntualizó, “es un orgullo para nosotros, nos emocionó ese apoyo”.

 

 

Tocando para Ruben Rada

Esas comparsas amigas, “solidarias como toda cosa uruguaya”, dijeron presente este viernes y también hubo muchos comparseros que llegaron individualmente a respaldar con su presencia. Y entre el público, en la primera cuadra, en lo que más de un chileno y uruguayo residente en Chile definió como “un lujo”, entre los espectadores estaba Ruben Rada.

La posibilidad de venir para el Desfile de Llamadas surgió luego de diversos contactos entre los referentes de Catanga y la Intendencia de Montevideo, también con sus colegas uruguayos y tras “mandar el currículum, para demostrar que estábamos bien armados, bien preparados, con todos los personajes, con toda la ropa y los tambores”, indicó.

A propósito, la comparsa tiene una cuerda de unos 45 tambores, todos comprados en Uruguay en diversos momentos. “Tenemos muy buenos tambores, compramos 10 la otra vez con el dinero que obtuvimos al ganar un fondo concursable”, mencionó.

Blanco dijo que Catanga, caracterizada por los colores negro, rojo y blanco y con los rostros de los componentes maquillados con los colores de la bandera chilena, movilizó en esta experiencia a unas 80 personas, 45 de ellas en la cuerda de tambores.

 

 

La ayuda de un uruguayo embajador “no oficial”

“No fue sencillo venir, es una paliza de dos días venir y volver, además necesitamos invertir US$ 9.000 que para nosotros es mucha plata, realmente mucha, pero bueno, hicimos rifas por ejemplo, de todo un poco y además nos ayudó un uruguayo que siempre apoya estas cosas de la cultura, Juan Araya, el dueño de la parrillada La Uruguaya”, resaltó, mencionando a quien es una suerte de embajador “no oficial” de Uruguay en Chile.

Con relación al estilo de candombe que les agrada más, admitió que el vínculo con La Fuerza incide, concretamente el relacionamiento con el director de esa comparsa uruguaya, José “Popeye” Rivero. “Tocamos candombe piano cordón, con nuestros cortecitos, con nuestas cositas, teniendo nuestro estilo”, explicó Blanco mientras se mostraba sorprendido y agradecido por la cantidad de gente que minutos antes de la hora 20 se arrimaba a la zona del desfile para verlos y apoyarlos.

Esta experiencia de contar con la presencia en Montevideo de comparsas formadas en otros países no es nueva. Sin ir muy lejos, el año pasado desfiló en calidad de invitada una procedente de Suecia, La Peregrina, conformada por muchos uruguayos residentes en esa nación europea, pero también por muchos que viven en otros países del mundo.

 

 

 

Vendiendo paltas y tocando el tambor

En los próximos días Blanco, como el resto de esta banda de candomberos, regresará a Chile a seguir con su vida diaria, en su caso a vender frutas y verduras, que es su trabajo: “Tenemos un reparto con mi hijo, vendemos fruta y verdura, vendemos tomate, limones y palta que haya se come mucha palta, somos proveedores de 20 restaurantes”, contó. Pero también volverán para tocar el tambor lejos de Uruguay, soñando con volver, como desde el día en que emigró.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

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