12 de diciembre de 2019 15:02 hs

Por Martin Wolf 

“Paul Volcker es el mejor hombre que he conocido. Está dotado al más alto grado con lo que los romanos llamaron ‘virtus’: valor moral, integridad, sagacidad, prudencia y devoción al servicio del país". Así abrí mi reseña de su autobiografía, Keeping At It: The Quest for Sound Money and Good Government (Perseverando: La búsqueda del dinero sólido y del buen gobierno), publicadas el año pasado. Como Hamlet dijo de su padre: "Era un hombre tan cabal en todo que no espero hallar otro semejante".

Ese libro representaba los consejos de Volcker para el mundo, y encarnaba las virtudes y los valores del expresidente de la Reserva Federal de EEUU. Con su fallecimiento esta semana, debemos considerar ambos, a la vez que reconocemos cuán diferente es el mundo hoy en día.

Las virtudes de Volcker son eternas. Es imposible disfrutar de una política estable sin servidores públicos de su calibre y, lo que es más importante, sin un público que sepa que necesita servidores públicos de esta calidad. De ninguna otra manera se puede sostener lo que los romanos llamaron "res publica" (literalmente, cosa pública). Nosotros confiamos en el matrimonio de la capacidad con el carácter. Nos olvidamos de esa verdad a nuestro propio riesgo.

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No menos importantes son los valores de Volcker. Él creía en el buen gobierno, en la cooperación internacional, en la disciplina fiscal, en el dinero sólido y en las finanzas que sirven, no que dominan, a la economía. Este credo es tan válido hoy como lo fue durante su larga vida de servicio público.

Volcker unió esas virtudes y valores en la gran pelea de su vida: la batalla para vencer la inflación. A menudo se olvida cuán desesperada parecía esa causa antes de que él fuera nombrado presidente de la Reserva Federal de EEUU por un valiente Jimmy Carter en 1979. La lucha fue ardua y los costos altos. Muchos sufrieron profundamente. Pero la batalla se ganó, dando paso al largo período de estable inflación que las generaciones posteriores ahora dan por hecho.

Aunque Volcker ganó en materia de inflación, perdió en otros ámbitos. Él se sentía incómodo con las políticas fiscales y financieras de la administración de Ronald Reagan. Volcker fue debidamente reemplazado en 1987 por Alan Greenspan, quien estaba mucho más en sintonía con la ideología de la administración. El Sr. Volcker divergió más claramente de su sucesor en las virtudes de las finanzas liberalizadas. De hecho, él comentó en 2009: "La innovación financiera más importante que he visto en los últimos 20 años es el cajero automático".

La crisis financiera de 2008 reivindicó este antiguo escepticismo. De ahí surgió la "regla de Volcker", la cual tenía como objetivo prohibirles a las instituciones bancarias estadounidenses las operaciones comerciales por cuenta propia. Cuando yo era miembro de la Comisión Independiente de Banca del Reino Unido en 2010-11, Volcker vino a hablarnos sobre esta propuesta. No nos pudo persuadir de su viabilidad. Pero nadie puso en duda la pasión que él infundió en la causa de crear un sistema financiero más estable y más útil.

¿Cuáles son, entonces, los legados de Volcker, aparte de la baja inflación y de un excelente historial de servicio público? Él demostró el beneficio de tener bancos centrales independientes y, en términos más generales, de tener tecnócratas de primera clase que cumplan con los mandatos públicos a pesar de las presiones a corto plazo de los políticos. Éstos siguen siendo tan relevantes como siempre. En nuestra época populista, sin embargo, están siendo retados en ambos extremos del Atlántico.

En otros aspectos, el mundo de hoy es casi lo opuesto del que enfrentó Volcker, especialmente en materia de política monetaria. Durante las primeras cinco décadas después de la Segunda Guerra Mundial, las preocupaciones monetarias dominantes fueron el exceso de demanda y la inflación. Actualmente, son una demanda débil y la deflación. En el mundo de Volcker, la labor de la política monetaria era políticamente difícil, pero técnicamente fácil: restringir la demanda. Tal como lo dijo uno de sus predecesores, William McChesney Martin, la labor consistía en "quitar la ponchera justo cuando comienza la fiesta". Eso requería endurecer la política monetaria de maneras bien conocidas.

Sin embargo, cuando la demanda es débil y la inflación baja, los bancos centrales deben flexibilizar la política monetaria. Pero la política expansiva es técnicamente difícil una vez que las tasas de interés a corto plazo llegan a cero. Los bancos centrales tienen que considerar varias alternativas no convencionales: expansión de los balances a través de la "flexibilización cuantitativa"; tasas de interés negativas; y lo que el monetarista Milton Friedman llamó “dinero de helicóptero” otorgado al público a través de pagos directos o de financiamiento monetario permanente de déficits fiscales. Elegir entre estas alternativas es complejo y polémico. Algunas opciones despiertan una fuerte resistencia política, aunque no en la intensa forma que causar recesiones deliberadamente, para frenar la inflación, una vez lo hiciera.

La impopularidad es más evidente en el caso de las tasas de interés negativas. La gente tiende a enfurecerse por la idea de pagar impuestos sobre sus depósitos bancarios. Pero, si las tasas negativas no se pasan a los depositantes, actúan como un impuesto a los bancos. Eso es impopular con un poderoso cabildeo y, algunos también argumentan que es económicamente perjudicial.

Las bajas tasas de interés a largo plazo socavan la solvencia de los fondos de pensiones y algunas compañías de seguros. Muchos condenan los altos precios de los activos por aumentar la desigualdad de la riqueza. Por último, el financiamiento directo del gobierno puede ser considerado como una licencia para participar en la irresponsabilidad fiscal y como una forma de subvertir la independencia del banco central.

Al abordar los retos de hoy, los detalles de lo que hizo Volcker son irrelevantes. Pero sus lecciones no lo son: haz lo correcto, incluso si la elección correcta es menos obvia actualmente; no confíes en las finanzas descontroladas; y ten valor. El mundo es un lugar complejo y sorprendente. Pero estas verdades permanecen por siempre.

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