5 de marzo de 2015 18:02 hs

Tabaré Aguerre ingresó a la historia como el primer ministro de Ganadería, Agricultura y Pesca (MGAP) en ser elegido por dos presidentes de la República para desempeñar el cargo: primero José Mujica y ahora Tabaré Vázquez. En medio de una concurrencia nunca vista, que desbordó el hall de entrada de la sede ministerial, comenzó el lunes pasado su segundo período de gestión.

Los principales desafíos o prioridades que Aguerre mencionó en los 24 minutos de su alocución, el lector las encontrará en la página siguiente. Nosotros preferimos hacer un alto en el análisis informativo y dedicar estas líneas a los detalles que pudimos percibir durante la ceremonia.

Lo primero fue la alegría que transmitió Aguerre y su equipo. Tienen el desafío no menor de concretar varios proyectos pero, como dijo el propio ministro: “Lo que se inició no está terminado. Ese es el compromiso”. De compromiso y de responsabilidad habló Aguerre.

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El lunes pasado, en primera fila se sentó el expresidente Mujica, quien una vez explicó que había elegido a Aguerre como ministro porque “lo venía siguiendo y me gustó la forma en que trabaja”. En 2009, era el presidente de la Asociación Cultivadores de Arroz (ACA) y se podría decir que era también un empresario exitoso.

En un discurso inédito de despedida en la Expo Prado 2014, frente a los dirigentes de la Asociación Rural, Mujica reveló que la elección de Aguerre como ministro también obedeció a la importancia que le daba al agronegocio como motor de un país agroexportador.

Si bien Aguerre sostuvo en su discurso del lunes pasado que la gestión del agua para mejorar la producción fue “la principal razón” por la que asumió el cargo, luego se reveló como una persona con un pensamiento “del campo al plato”, según hemos comprobado.

Eso quiere decir que el ministro ha planteado en sus primeros cinco años de gestión una idea que nace en los predios y termina en la góndola de un supermercado.

Acostumbrado a recorrer el país, bastó seguir sus pasos para descubrirlo: la gran avidez por conocer, participar, intercambiar y, sobre todo, aportar sus saberes. Tampoco rehuyó el enfrentamiento en el debate cuando estuvo convencido de algo.

Lo hizo cada viernes cuando visitó predios de productores, conversó con ellos o participó de jornadas técnicas; cuando estuvo en instituciones o llevó visitantes ilustres a ver la producción ovina, la producción citrícola y frutícola, por mencionar algunos casos, que luego permitieron dar el paso final en la apertura del mercado estadounidense para la fruta cítrica y la carne ovina sin hueso.

Con la familia también sentada en primera fila, Aguerre se permitió emocionarse, algo poco habitual para el gran público. Se le entrecortó la voz cuando empezó a recorrer a sus mayores y culminó “la escalera” con su nieto Iñaki. Y se recuperó ante una de la Escuela No. 88, entonces República de Yugoslavia. Con una sonrisa, bromeó que ella era la culpable de su afición a los discursos largos, que tanto le gustan.

“Dicen que para no envejecer hay que tener más proyectos que recuerdos”, sentenció Aguerre para cerrar el capítulo de las emociones. Pero las emociones no se van por decreto y los aplausos del final de la oratoria lo certificaron.

Y otro hecho no menor: entre el auditorio estaban también los principales dirigentes de las gremiales ruralistas, un apoyo clave que Aguerre se gano en base al diálogo. Y también a los tres pilares en los que fundamenta su gestión: liderazgo, agenda y equipo.

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