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Nació la Superliga de Rugby: una oportunidad única y los desafíos a tener en cuenta

Sudamérica Rugby lanzó el torneo que da inicio al profesionalismo en la región

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30 de noviembre de 2019 a las 05:03

La nueva era del rugby profesional se lanzó finalmente este viernes. Sudamérica Rugby presentó en el Estadio Charrúa la Superliga Sudamericana, el primer torneo profesional de rugby de la región, que significa una plataforma inédita de desarrollo para varios países, incluido Uruguay.

Allí se oficializaron muchas de las noticias que se habían ido conociendo en cuentagotas. Por un lado los equipos: Peñarol (Uruguay), Ceibos (Argentina), Corinthians (Brasil), Olimpia (Paraguay), Selknam (Chile) y Cafeteros Pro (Colombia). Los cinco primeros jugarán un torneo a dos ruedas todos contra todos a partir del 28 de febrero, y los cuatro mejores clasificaron a semifinales, mientras que el quinto jugará dos partidos con los colombianos, que están en una instancia de desarrollo y que por eso en la primera temporada empezarán de forma más lenta.

También fue momento de conocer las camisetas: lo más destacado es la de Peñarol que tiene un modelo en forma de flechas negras sobre fondo amarillo, una reminiscencia de las vías del tren, en recuerdo de sus orígenes ferroviarios.

Sobre el equipo, Referí ya había adelantado varios detalles: el entrenador DT Pablo Bouza, los jugadores de Los Teros Santiago Arata, Juan Manuel Cat, Tomás Inciarte, los portugueses Jerónimo Portela y Raffaelle Storti, los namibios que jugaron el último mundial (Muharua Katjijeko y Damian Stevens) y dos jugadores provenientes de Fiji. También se supo que los uruguayos Guillermo Pujadas y Diego Arbelo serán parte del equipo, y el resto de los equipos se irán conociendo en los próximos días.

El lanzamiento fue a todo lujo, con una puesta en escena desacostumbrada para el Uruguay, en la cancha del Charrúa y con pantalla gigante, como para mostrar que será un producto muy cuidado desde el marketing. Habló el presidente de Sudamérica Rugby Sebastián Piñeyrúa, el gerente Santiago Ramallo, pero también referentes del deporte y de la empresa: el presidente de Peñarol Rugby Evaristo González, el rector de la Universidad de Montevideo Juan Manuel Gutierrez (la UM brinda becas de estudios a todos los jugadores del equipo uruguayo), Michael Black, que trabajó en marketing de FIFA y el exPuma Juan Martín Hernández. Estuvieron presentes buena parte de las principales autoridades del rugby de la región, lo que muesta el comrpomiso con el proyecto.

Luego se presentaron a algunas de las principales figuras: además de Arata por Peñarol, Tomás Cubilla por Ceibos de Argentina, el exPuma Manuel Montero por Olimpia, el brasileño Arthur Bergo por Corinthians, el chileno Ignacio Silva por Selknam de Chile y el colombiano Carlos Angulo por Cafeteros Pro de Colombia.

 

De acá al 28 de febrero se irán conociendo más detalles. De todos modos, lo más destacable es que el primer paso se dio, y tomó forma un proyecto que dos años atrás parecía una quimera. Es que pensar en una liga profesional de equipos sudamericanos parecía imposible. Por la falta de mercado, por el peso de la tradición amateur, por la dificultad de congeniar un modelo que se adaptara a las necesidad de todos los países de la región, que están en diferentes etapas de desarrollo y con situaciones muy disímiles a la interna.

En eso, hay un artífice indudable: Sebastián Piñeyrúa, que de la Unión de Rugby del Uruguay saltó a Sudamérica Rugby con esa idea como principal plataforma. Contra viento y marea, y con el apoyo político del vicepresidente de World Rugby Agustín Pichot, fue convenciendo a todos los países, aún con fuertes resistencias internas en algunos, particularmente el de la poderosa Unión de Rugby de Buenos Aires. Pero el proyecto salió, y para eso logró sumar un factor inédito en el rugby: actores privados que invertirán a su propio riesgo, y que serán los principales motores para que la liga alcance una madurez comercial que le permita mantenerse en el tiempo y no depender exclusivamente de los dineros de World Rugby, que si bien apuesta a este proyecto como una pata clave del desarrollo del segundo escalón del rugby mundial, no está dispuesto a hacerlo sin retorno.

A partir de ahora será tiempo de terminar de ajustar los detalles que faltan. Y también de encauzar el nerviosismo, la ansiedad y la incertidumbre de muchos actores del rugby local, que todavía ven al proyecto de reojo y que, aunque en su mayoría tienen claro que el profesionalismo es el único camino para que Los Teros sigan en el lugar que se ganaron, temen que termine afectando a los clubes locales. Es una transición difícil y hay que tener claro que los dos mundos se irán separando, y es lógico que ocurra. Pero también es posible imaginar un escenario en el que las instituciones locales, que son de las que nutrirán a la franquicia (o a las que vengan en un futuro), se beneficien de tener una estructuras profesional funcionando todos los días en el Estadio Charrúa.

El otro elemento que habrá que trabajar serán los efectos negativos de la “futbolización”, básicamente, el miedo a que algunos de los peores efectos culturales del fútbol se traspasen al rugby: la cultura resultadista, la falta de respeto a las decisiones del juez y la violencia lisa y llana. Para combatir eso hace falta liderazgo muy fuerte, y un código de conducta claro y severo. Ayudará a que los principales referentes de Peñarol (sobre todo el principal inversor, Evaristo González) son personas de rugby y que anunció que será el principal fiscal en la tribuna para evitar excesos.

La era profesional está en marcha. Hay riesgos, pero también oportunidades únicas, y el consenso de que el paso es inevitable. La revolución no fue fácil de parir, pero llegó. Ahora, el rugby deberá desandar un camino que, además de permitir un salto de nivel profesional y de popularidad, permita que, como pasa con Los Teros, todo el rugby sienta como suyo y genere orgullo. 

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