Es un gusto volver a escribirte luego de dos semanas de ausencia en las que Leonardo Pereyra me cubrió las espaldas con dos columnas políticas muy interesantes. Hoy te voy a compartir una newsletter enfocada en el Partido Nacional, el integrante más grande de la coalición de gobierno. Esta semana renovaron su directorio y las preguntas que disparan el análisis son:
Los hechos
La definición del nuevo directorio blanco fue una oportunidad para medir las fuerzas internas, luego de dos años en los que hubo varios cambios en el partido del presidente. Todo el ida y vuelta de ese proceso implicó varias semanas de negociaciones, que las podés repasar en una excelente cobertura que hizo el periodista Martín Tocar para El Observador.
En estas dos notas podrás leer el complejo proceso de negociación interna y lo que finalmente pasó en las urnas.
Qué dice eso sobre la interna actual
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La billetera sirve para el corto plazo. La conclusión más obvia es la debilidad de Sartori en la estructura partidaria. En política lo que se arregla con plata tiene una debilidad mucho mayor que lo que se conquista a fuerza de liderazgos creíbles y sólidos. Ejemplos hay muchos. Y que eso aún suceda así en Uruguay es una buena noticia.
El que convence con ideas, o con proyectos, tendrá mucho más chances de perdurar como líder. Eso no quiere decir que en período electoral la estrategia de billetera gorda no vuelva a tener resultado.
En este caso terminó aceptando aceptar un acuerdo poco beneficioso para él, pero era mucho más riesgoso ir con lista propia y votar mal. Su fracaso aquí quedó un poco más escondido.
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Premio al trabajo. Jorge Gandini debe ser uno de los dirigentes políticos que más trabaja. Eso se ve en el ámbito parlamentario donde cada tema que aborda lo hace a fondo. Y ahora también quedó patente en cómo su fuerza de trabajo también la aplica a la otra pata del trabajo político que es la construcción de una estructura. El Partido Nacional tiene definido que su máximo órgano es la Convención Nacional integrada por 500 dirigentes de todo el país. La composición de esa convención fue definida en las internas de junio de 2019 (por ello no se puede decir que representa a todos los votantes blancos y es diferente a la composición parlamentaria). Gandini en ese entonces integraba Alianza Nacional y dentro de ese sector había logrado 20 convencionales. Ahora logró el apoyo de 90. ¿De dónde sacó esos 70 votos? De convencer a muchos dirigentes locales electos por Alianza Nacional que en 2019 no respondían a él y a otros que habían acompañado al sector de Sartori.
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García pagó los platos rotos. El Espacio 40 logró alinear a casi todos sus dirigentes, pero terminó pagando el precio de los votos que perdió Alianza Nacional. El sector de García se quedó con un director y el larrañaguismo dos, pese a que muchos dirigentes se fueron con Gandini. Eso Alianza lo logró por una buena negociación en el armado previo de la lista, dado que sus dos dirigentes quedaron en lugares que seguro salían.
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La gran incógnita del pos-larrañaguismo. Ese último punto se ata con la incógnita de qué pasará con Alianza Nacional. Gandini se quedó casi con la mitad de los dirigentes electos por el sector en 2019. Es un golpe muy duro. Por ahora el sector sigue, pero también con diferencias internas entre quienes se quedaron. Uno de los dos directores electos, el intendente de Paysandú Nicolás Olivera, no está conforme con los liderazgos del grupo, según transmitió.
- De presidenta a no tener a nadie allí. La vicepresidenta de la República, Beatriz Argimón –presidenta del directorio hasta 2019–, analizó ir en la lista para volver al directorio. Si bien tenía respaldo legal para hacerlo, luego desistió. Pero más allá de eso, entre los titulares, Argimón no tiene a nadie que la represente. Para alguien que se perfila como una posible precandidata presidencial, es un indicador de riesgo.
El peso de la estructura para las elecciones internas
Leonardo Carreño
El nuevo directorio blanco
De todo esto surge una pregunta: ¿es tan importante la estructura partidaria para la definición de las candidaturas de 2024? La respuesta es sí. Eso no quiere decir que sea condición suficiente, pero sí necesaria.
Las internas son elecciones de voto voluntario y no obligatorio. Por tanto es muy importante la capacidad que tenga cada precandidato y su sector de incentivar la votación. Para eso, la estructura es fundamental.
A un candidato con gran conocimiento público, con buena aceptación, pero sin dirigentes en el territorio, tal vez le pueda ir bien en una elección nacional. Pero no en una interna, donde debe lograr que los votantes se decidan a salir a votar en un día de junio que probablemente sea muy frío.
En Uruguay, donde estamos acostumbrados a una larga tradición de voto obligatorio, no son tan comunes como en otros países las campañas públicas de promoción de la participación. Ese trabajo se deja más para el mano a mano del dirigente. Entonces en tener una estructura fuerte se juega buena parte de las chances de un candidato en la interna.
Un desafío histórico, quiénes asoman la cabeza y cómo están
El Partido Nacional tiene un desafío histórico para 2024: lograr por primera vez que un presidente blanco le pase la banda a otro presidente constitucional nacionalista (sí lograron ganar dos elecciones seguidas en épocas de colegiado).
Esta elección interna del directorio en la convención es un buen puntapié para analizar brevemente la situación de los principales dirigentes y cómo están posicionados si quisieran candidatearse.
Leonardo Carreño
Delgado y Argimón, dos nombres con proyección presidencial
Álvaro Delgado. Fue el principal articulador de la candidatura de Lacalle Pou y es el hombre fuerte del gobierno. Su nombre es el que más fuerza tiene para ser uno de los precandidatos del oficialismo, pero aún tiene varios desafíos por resolver. Primero, lograr unificar detrás de él a todo Aire Fresco, el sector del presidente. Eso aún no está resuelto y hay otros integrantes con aspiraciones presidenciales, aunque no formalizados ni necesariamente para este período.
El otro desafío será evaluar si a medida que se acerque el ciclo electoral puede seguir en un puesto tan demandante y expuesto como el actual. Su rol central en la gestión es su gran carta de presentación para el electorado, pero también puede complicarlo. Es difícil encontrar en la historia que las figuras que están pegadas a un presidente en la gestión puedan tener vida propia.
Por tanto, si Delgado realmente quiere ser candidato deberá tomar la decisión a tiempo de despegarse de su cargo. Para asumir como secretario de la Presidencia tuvo que renunciar al Senado, banca que le hubiera permitido visibilidad hasta el final del gobierno. Ahora si quiere ser candidato, deberá renunciar a su cargo al menos un año antes de los comicios lo que le restaría presencia en los medios.
Un camino intermedio por un tiempo puede ser el de asumir un ministerio. Seguiría con visibilidad alta, pero desde otro rol.
Su sector domina la interna blanca y además él particularmente ha estado arriba de varias negociaciones como mano derecha de Lacalle: desde resolución de cargos hasta recursos para intendencias y aprobación de leyes.
Beatriz Argimón. Los vicepresidentes son siempre candidatos cantados cuando se empieza a hablar de candidaturas. Y Argimón ha dado algunas señales, pero aún débiles. La vice tiene al menos dos problemas a resolver si quiere postularse. En primer lugar montar una estructura. Hoy formalmente integra Aire Fresco, pero no tiene muchos dirigentes que respondan a ella, a diferencia de Delgado o Martín Lema, los otros integrantes con pretensiones presidenciales de la 404.
El segundo tema es lograr perfilarse mejor en el manejo de asuntos políticos y de gobierno. Como vicepresidenta no ha logrado estar arriba de los grandes temas de la gestión, ni en el intercambio cotidiano entre Ejecutivo y Legislativo, aunque sí muestra perfil alto en la agenda que le interesa (feminismo, por ejemplo).
Martín Lema. Reconoció públicamente en una entrevista con El País que quiere ser candidato. Lo que transmite es que esa intención no es para estas elecciones, pero esa es una puerta que nunca se cierra tan temprano. Haber pasado a ser ministro lo posiciona mucho mejor en perfil político y público. Al igual que Delgado tiene el desafío de lograr saldar la interna de su sector si realmente quiere ser candidato.
Diego Battiste
A Juan Sartori se le desplomó la estructura sectorial
Juan Sartori. Si se quedó en la política y asumió su banca en el Senado pese a que no le gusta el trabajo legislativo es porque quiere ser candidato. Perdió su principal arma: la novedad. Pero demostró, a diferencia de la mayoría de los outsiders que entraron en la última campaña electoral a la política, que está dispuesto a correr la maratón que implica el cursus honorum de la política. Su estructura se desarmó y es clave que logre nuevamente se rearme de apoyos en el territorio para pelear una interna con más chances.
Jorge Gandini. Logró una hazaña en la elección del directorio que demuestra su poder de armar una estructura dirigencial. No es nada menor eso, pero ni cerca es condición suficiente. Su perfil público todavía no tiene una dimensión presidencial.
Luis A. Heber. Quiso ser precandidato en 2014 pero la aparición de Lacalle Pou lo relegó. Nunca volvió a hablar de intenciones presidenciales, pero el Ministerio de Transporte algunos dirigentes herreristas pensaron que podía ser un buen lugar para potenciar su nombre. La muerte de Larrañaga y su designación como ministro del Interior complica esos planes. Solo una gestión que sorprenda puede impulsarlo.
Otros nombres con ganas pero aún sin suficiente fuerza para pelear un espacio en la competencia son los de Javier García, Sergio Botana y Enrique Antía.
La política es muy dinámica y los perfilismos para las candidaturas también. Además hay algunas interrogantes por responder. En primer lugar, cómo serán los alineamientos sectoriales y en ese sentido saber si habrá como siempre dos alas predominantes (lacallismo y wilsonismo). De ser así, la oportunidad que Gandini puede aprovechar es la de apropiarse de esa segunda ala. Otra interrogante es si el lacallismo llegará unido, como hasta ahora, en la interna de Aire Fresco, y luego consensuando también con el Espacio 40 y el Herrerismo.
La otra gran pregunta es si el presidente Lacalle Pou jugará en algún sentido. Hasta ahora no lo ha hecho. También es cierto que la historia de delfines de los presidentes en Uruguay no es muy promisoria.
Si uno mira el escenario blanco, a diferencia de lo que sucedía hace cinco años, el Partido Nacional no tiene un panorama tan claro con liderazgos consolidados y firmes. Lo que lo salva es que el resto de los partidos políticos tampoco.