20 de diciembre de 2011 14:23 hs

Otro año toca su fin. A pocos días de 2012, es el momento de pasar raya a los temas pendientes y proyectar el año que comienza.

El 2011 fue un año de incertidumbre, de volatilidad, de riesgo latente y de noticias de mal en peor. En ese sentido, 2012 no depara nada nuevo. Todavía quedan por develarse muchas sorpresas, principalmente por el lado europeo. Los mercados seguirán sensibles a las novedades y reaccionarán ante cualquier movimiento político que escape a sus expectativas.

Pero a diferencia de 2011, puede que durante el próximo año el riesgo latente, ese que le quitaba el sueño a los políticos y los inversores, por fin se materialice.

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El tiempo se acaba para las autoridades europeas y la paciencia de los mercados está por terminarse. Si en los primeros meses del año, los países no alcanzan un acuerdo que convenza a los inversores y sanee de una vez las economías de la región, la canilla del crédito se va a cerrar y la moneda única llegará a su fin. Aumenta día a día la probabilidad de que el próximo sea el último año para el euro.

Desde cada rincón del planeta se estará pendiente de ese acontecimiento. Toda proyección estará sujeta a lo que suceda más allá del Atlántico. La salida que dé el viejo continente a la crisis será determinante para cada una de las variables macroeconómicas, no solo europeas sino también de Estados Unidos, de Brasil o de Uruguay.

Decir que la inflación se ubicará en 7% al cierre de 2012 o que el dólar alcanzará los $ 21 son afirmaciones que carecen de valor práctico. Si la crisis escapa del control europeo, si la cuestión griega, la italiana, la española o portuguesa, escapan de la débil contención impuesta por la región; o, peor aun, se suman nuevos focos de incendio en países de mayor tamaño, entonces la moneda única tendría sus días contados y el mundo se enfrentaría a un proceso de arbitrajes sin precedentes, que afectarían no solo las finanzas mundiales sino también a la economía real, al comercio y la inversión.

Uruguay no está libre de incertidumbre. El dinamismo del mercado interno no será suficiente para compensar la incertidumbre proveniente del exterior. Y no solo de Europa. La economía brasileña se frenó y Argentina es una gran interrogante desde el punto de vista político.

Ya no se teme la ocurrencia de otro Lehman Brothers. Se espera que, en el peor escenario, la caída sea mucho más intensa y duradera. Si todo sale mal, si el euro se desintegra y la economía brasileña entra en recesión, Uruguay puede verse indefenso frente a una tormenta que eche por tierra la percepción de que las crisis son cosas del pasado, de que el país transformó su estructura económica y está preparado para cualquier chaparrón.

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