25 de septiembre 2015 - 13:36hs

"Si una sociedad es agredida, tiene el deber de responder a la fuerza con la fuerza", dijo en 1968 el entonces presidente Jorge Pachco Areco.

Por discursos como ese –y también por medidas de corte autoritario, como clausuras medios de prensa– la izquierda ponía en tela de juicio el valor de esa democracia. Ni qué hablar cuando en 1971 asumió el poder Juan María Bordaberry. Ya no estaba la mano firme del caudillo que fue Pacheco –al que le tocó gobernar en uno de los peores períodos del país– y para un sector de la izquierda ya no solo estaba en cuestión la calidad de la democracia sino su propia vigencia. Vacío de poder, decían.

Esa visión llegó hasta nuestros días de una forma inesperada: una jueza dejó sentado en un fallo judicial con el que envió preso a un extupamaro, que en 1972 no había marco legal, que la democracia no imperaba.

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En estos días el tema de la democracia y su valor volvió al tapete cuando, tras los episodios de violencia en el Codicen, la Federación Nacional de Profesores de Secundaria hizo un paro de 24 horas "en defensa de las instituciones democráticas".

Los representantes sindicales de los hombres y mujeres que enseñan y, por tanto, forman, en parte, a nuestros niños, consideran que la democracia corre riesgo o está siendo agredida.

Lo mismo que ellos piensan Irma Leites y los sindicalistas del taxi que cada vez que manifiestan terminan a golpes con la Policía. Como dijo un roquero argentino: "La yuta, la yuta, la yuta, se quejan y la yuta está por ustedes manga de...".

En los 60, por intentar derrocar lo que consideraban una fantochada de democracia, la guerrilla dejó un reguero de sangre y muerte.

Ahora, los radicales del momento y quienes les enseñan a los alumnos más pobres, consideran que la democracia está débil y para defenderla paran. Los rehenes, puntualmente en este momento histórico, son esos jóvenes, entre los cuales están los más pobres entre los pobres.

Antes, la acción a la teoría del foco le costó la vida a civiles y militares, a policías, a gente inocente y a los propios ultras que una vez derrotados sufrieron en manos del demonio que ellos mismos incitaron a una guerra.

Esos grados de violencia no están planteados ni de cerca hoy en el país. Eso sí, ahora, aunque no lo veamos, estamos fusilando a quemarropa el futuro a miles y miles de jóvenes pobres, alguno de los cuales, vaya dicho esto de paso, un día nos pueden fusilar a nosotros, y no precisamente en defensa de la democracia.

¿Qué ha hecho la izquierda ante los hechos evidentes que se vieron por TV?

El PIT-CNT manifestó su "más enérgico rechazo al desalojo y al procedimiento policial llevado a cabo el martes por la noche en la sede del Codicen" y catalogó lo sucedido de "represión".

Si estos veteranos que saben bien cómo empezó la violencia en el pasado se pronuncian contra la Policía porque es políticamente correcto ("es vergonzante la actitud de algunos compañeros", dijo Bonomi), qué esperar del sector estudiantil del MPP: en un comunicado no solo rechazó la "represión" sino que afirmó que "las fuerzas que reprimen compañeros deben ser eliminadas de nuestra sociedad". Son los jóvenes politizados y parecen no tener idea de que esas fuerzas que ellos quieren eliminar están bajo el comando de uno de los históricos del MPP, el ministro Bonomi

Es insólito como una sociedad que se regodea tanto en el pasado reacciona como si no hubiese aprendido nada de él.

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policía Eduardo Bonomi

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