La idea está además impulsada por un factor no menor de la política interna de EEUU que, por supuesto, no escapa a las intenciones de Obama. Precisamente, desde mediados de los años 1990, varias encuestas vienen registrando un viraje en la posición del exilio cubano hacia la reanudación de las relaciones con Cuba. Se trata de una comunidad con gran influencia en la política estadounidense y, sobre todo, decisiva en lo electoral por su presencia en el no menos decisivo estado de Florida.
Tal recambio generacional ha significado, asimismo, una variación en las preferencias partidarias. De ser una comunidad abrumadoramente republicana hasta principios de los años 1990, hoy los cubano-estadounidenses se dividen casi en partes iguales entre demócratas y republicanos. Y en la última elección, Obama ganó “el voto cubano” por más de dos enteros.
Pero una cosa es el exilio y otra sus líderes. Estos no solo han mantenido siempre una férrea oposición al acercamiento con Cuba, sino que proponen reforzar el bloqueo. Y en eso no se diferencian los líderes cubano-estadounidenses demócratas de los republicanos. Obama tuvo una muestra de ello tras su anuncio del miércoles. No solo el senador republicano por Florida, Marco Rubio, y otros líderes republicanos del exilio cubano fustigaron duramente su decisión, sino que también lo hizo el senador demócrata Bob Menéndez, cubano de nacimiento y uno de los principales defensores del bloqueo a Cuba.
Pero los legisladores y dirigentes demócratas en general apoyan por gran mayoría la decisión de Obama; al igual que gran parte de la población estadounidense que, encuesta tras encuesta, y desde hace más de 15 años, se ha expresado por levantar el embargo que pesa sobre Cuba.
Queda ver en el Capitolio cuántos republicanos se plegarán a la línea dura y cuántos favorecerán un acercamiento con la isla, ya que muchos de esos legisladores son presionados en este sentido por el empresariado local.
En cualquier caso, todo parece indicar que Obama se anotará un punto para la historia, en lo que parece ser el inicio del derribamiento de la última muralla de la guerra fría. (Por Ricardo J. Galarza)
Espía
Del sorpresivo anuncio de acercamiento entre EEUU y Cuba surgió otro misterio: el del espía cubano que trabajaba para la inteligencia estadounidense, liberado el miércoles tras permanecer casi 20 años prácticamente olvidado en las prisiones de la isla.
La puesta en libertad de este agente cubano, cuya misma existencia era un misterio, fue anunciada por Washington tras la liberación del estadounidense Alan Gross, un contratista del Departamento de Estado encarcelado en Cuba desde hace cinco años, y de tres espías cubanos presos desde fines de los años 1990 en EEUU.
“A cambio de los tres agentes cubanos, Cuba liberó a uno de los más importantes agentes de inteligencia que EEUU ha tenido en Cuba, y que ha estado en prisión por cerca de dos décadas”, dijo Obama durante su histórico discurso sobre el acercamiento entre Washington y la isla caribeña.
“Este hombre, cuyo sacrificio es conocido por unos pocos, suministró a EEUU información que permitió el arresto de una red de agentes cubanos que incluía a los hombres enviados a Cuba, así como a otros espías en EEUU, explicó Obama.
“Este hombre está ahora bajo nuestro resguardo”, se felicitó el mandatario.
La Dirección de Inteligencia Nacional (DNI) confirmó la liberación del agente y señaló que los detalles de la información que suministró se mantendrán de manera “confidencial”.
“Su liberación es un cierre adecuado al capítulo de la Guerra Fría en las relaciones de EEUU y Cuba”, señaló la DNI en un comunicado.
Un funcionario estadounidense saludó su “trabajo heroico por EEUU, a expensas de grandes riesgos”, y otro reconoció que muchas personas, de hecho, desconocían la existencia del agente.
La DNI reveló que la información suministrada por el agente “condujo a la identificación y condena de la analista de la agencia de inteligencia de Defensa (DIA), Ana Belén Montes (arrestada en 2001), del exfuncionario del Departamento de Estado, Walter Kendall Myers (detenido en 2009), y su esposa, Gwendolyn Myers”.
Las Castro
Figura central del régimen comunista cubano y heraldo contra el imperialismo estadounidense durante medio siglo, Fidel Castro fue el gran ausente de la histórica reconciliación entre Cuba y EEUU.
Luego del anuncio del miércoles, el Comandante se ha mantenido totalmente invisible en los medios cubanos.
Sin embargo, él empezó la enemistad con EEUU y, luego de cinco décadas, está vivo para ver la reconciliación.
Fue Fidel quien en 2001 había prometido a su pueblo que conseguiría a cualquier costo la liberación de los agentes cubanos condenados a largas penas por la Justicia estadounidense bajo cargos de espionaje.
Sin embargo, fue su hermano Raúl quien abrazó a los “héroes de la república” a su regreso a La Habana.
Estas liberaciones y la recomposición de las relaciones con EEUU “son también una victoria de Fidel, pero creo que lamentablemente su estado de salud no le permite aparecer”, estimó un diplomático occidental.
Después de medio siglo de poder absoluto, el “máximo líder” cedió la presidencia el 31 de julio de 2006 a su hermano menor luego de una compleja operación quirúrgica, una medida provisoria que se convirtió en definitiva en febrero de 2008.
Ahora, a sus 88 años, su estado de salud es objeto de muchas interrogantes, mientras que las publicaciones de sus “reflexiones” en la prensa cubana son cada vez menos frecuentes.
Ilustrando un cierto cambio de tono en La Habana, en octubre elogió la “gran habilidad” de un editorialista de The New York Times en su alegato en favor del levantamiento del embargo estadounidense y también propuso a EEUU colaborar en la lucha contra el virus del ébola.
Según un responsable estadounidense, el expresidente no estuvo implicado en las conversaciones efectuadas en el mayor secreto desde junio de 2013 bajo la égida de Canadá y el apoyo decisivo del papa Francisco. Pero la mayoría de los observadores en Cuba estiman que este acercamiento con el vecino recibió su aprobación, puesto que Raúl nunca ha mostrado ninguna voluntad de suplantar a su carismático hermano.
El miércoles, Raúl citó a Fidel varias veces, recordando su promesa de 2001 e insistiendo en el hecho de que, a pesar de la reconciliación, los cubanos no habían cedido en nada esencial, tal como lo preconizaba Fidel.
Sin embargo, para numerosos expertos y diplomáticos en La Habana, esta reconciliación probablemente no habría sido factible bajo el mando de Fidel Castro.
“Fidel es totalmente antinorteamericano, mientras que Raúl tiene una visión más pragmática, y da prioridad a lo que es útil para el país”, estimó el diplomático occidental.