22 de septiembre de 2011 18:17 hs

Pocas veces un libro y un autor han tenido un ascenso meteórico como es el caso de Paco Roca (Valencia, 1969) que en marzo de 2007, con menos de 38 años, editó el libro Arrugas y se consagró como uno de los mayores exponentes del noveno arte en Europa y en el mundo.

Luego de varios años publicando distintas historietas en diferentes medios y editoriales, con un pasaje por demás amplio que incluye las novelas gráficas El juego lúgubre (sobre Salvador Dalí) y El faro, prepara Arrugas, un arriesgado relato que reflexiona sobre la vejez, la memoria y la soledad en la tercera edad.

Luego de ser rechazado en todas las editoriales españolas, es la francesa Delcourt quien la edita (como Rides) y ese mismo 2007 se transforma en uno de los 20 mejores libros de historieta elegidos por la crítica ese año. Para noviembre, Astiberri (una de las mejores editoriales españolas) le dedica edición en su idioma original y en 2008 arrasa con cuanto premio se pone en su camino: premio al mejor guión y premio a la mejor obra de autor español en el Salón del Comic de Barcelona, ganadora en el Festival de Lucca, Italia, Premio Nacional del Comic en España, etcétera.

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A fines de ese mismo año ya comienza a negociarse su adaptación al cine, en formato animado finalmente, que acaba de exhibirse en el Festival de San Sebastián de España, y de ganarse el aplauso del público y de la crítica: “Arrugas no es un cómic cualquiera. Es el tebeo que ha demostrado que Paco Roca es un maestro, es el tebeo que viñetizó el alzhéimer”, escribió hace pocos días Gregorio Belinchón en el diario El País de Madrid.

Dirigida por Ignacio Ferreras, la película traslada íntegramente el libro a la gran pantalla (en la elaboración del guión participó otro maestro de la historieta española que es Ángel de la Calle) y en el completo sitio www.arrugaslapelicula.com ya se puede ver el tráiler de una de los filmes que ha causado sensación en el festival de San Sebastián.

¿Por qué desarrollar un tema como el alzhéimer?
Mi idea original era tratar la vejez. En primer lugar porque mis padres son mayores y me preguntaba cómo ven ellos la vida. En segundo lugar porque me di cuenta de que la sociedad los margina en cierta forma y también los excluyen el cine, los libros y los cómics, hay pocas historias con personas mayores de protagonistas. Al hablar de la vejez no podía dejar fuera una enfermedad como el alzhéimer, que afecta a tantas personas de una forma tan dramática. El padre de uno de mis mejores amigos tenía alzhéimer y pude ver de cerca cómo esta enfermedad afecta a las personas y al entorno familiar.

¿Considera que el lenguaje de la historieta aporta una manera diferente para desarrollar el tema?
Sin duda, al igual que también lo hace la animación. El dibujo es un lenguaje especial, más primario y directo que la palabra escrita o la imagen real. Te permite eliminar lo superfluo para centrarte en lo importante. Emilio, el protagonista de Arrugas, no es un actor interpretándolo, es un dibujo que representa a Emilio y a todos los ancianos al mismo tiempo.

¿Está conforme con la adaptación? ¿Con los cambios que conlleva el traspaso de un lenguaje a otro?
Aunque el cómic y la animación comparten lenguajes parecidos, es evidente que son medios diferentes. Había escenas del cómic que no funcionaban en la película. El ritmo de un libro o un cómic es diferente al que necesita una película. El director trató de hacer únicamente los cambios necesarios para pasar la historia de Arrugas a otro medio. Creo que es una adaptación muy fiel al cómic y que mantiene su tono y espíritu.

¿Cree que tendrá repercusiones parecidas en su formato cine, tales como las tuvo en su formato novela gráfica?
De momento está teniendo muy buenas críticas, pero aún es pronto para saberlo. Pienso que en estos momentos, la novela gráfica y la animación luchan en el mismo sentido por una madurez del medio. Para una gran mayoría, en ambos medios solo tienen cabida las historias infantiles o juveniles. El cómic ha tenido que buscarse una nueva etiqueta (“la novela gráfica”), para dejar atrás este prejuicio. Del mismo modo, también se ha dejado atrás el concepto “dibujos animados” para buscar una nueva definición sin prejuicios, “la animación”. Ambos medios tienen herramientas suficientes para tratar cualquier tema. En su momento Arrugas fue, junto con muchas otras obras, un ejemplo de ello. Y estoy seguro de que el trabajo de Ignacio Ferreras con esta película también abrirá los ojos de muchos espectadores sobre qué es la animación.

¿Cómo siente todo el proceso del libro, desde aquella temprana instancia de realización, pasando por la búsqueda de editores hasta llegar hoy día a la adaptación cinematográfica y su reciente estreno?
Es curioso, me parece largo y a la vez rápido. Yo lo he vivido como una sucesión de pasos que me han llevado hasta aquí. Nunca me he lanzado al vacío. Comencé trabajando de ilustrador publicitario y dibujando cómics en los pocos ratos libres que tenía. Y poco a poco he ido trabajando menos en la publicidad y más en los cómics hasta llegar a vivir solo de ellos. Para mí ha sido un camino sin grandes obstáculos, pero sí trabajando mucho.

Se está viviendo un momento especial en la historieta de autor en Europa. ¿Cree usted que la actualidad de la historieta europea permite un mayor desarrollo de temas personales o de denuncia social?
En la última década, los autores de cómic hemos conseguido una libertad creativa que antes no teníamos. Hemos dejado de lado a los héroes, las series y la aventura, como único camino posible del medio y gracias a ello hemos logrado una libertad temática, de formato, extensión y grafismo que antes no teníamos.

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