Si bien la situación está cambiando en los últimos tiempos los uruguayos en general no estamos acostumbrados a ejercitar la defensa de nuestros derechos y como consumidores somos mucho más “quejosos” que ciudadanos reclamantes de aquello que nos corresponde.
La queja, a diferencia del reclamo que pretende la solución a un problema, no es constructiva y la mayoría de las veces, ni siquiera la dirigimos a las personas correctas. Por ejemplo, llegamos a casa y descargamos con nuestra familia la frustración tener que viajar amontonados en el ómnibus, aunque no dijimos nada frente al inspector que impertinentemente golpeaba el vidrio para que nos apretáramos unos con otros. Es más, he observado que cuando algún pasajero lanza un comentario en ese mismo momento el resto lo considera “desubicado” aunque comparta las mismas molestias. Lamentablemente la queja así entendida no está dirigida a mejorar nuestra condición por lo que nuestra frustración se retroalimenta.
Las razones de esta forma de ser son muchas. Se puede mencionar desde nuestro origen como descendientes de inmigrantes pobres hasta el “alguien tiene que hacer algo”, que nunca somos nosotros, tal vez acostumbrados a que en el pasado el Estado actuaba como nuestro “tutor” frente a varios de estos problemas.
La buena noticia es las cosas comienzan a cambiar. El número de las consultas al servicio que brinda Defensa del Consumidor a través del 08007005 crece sostenidamente fomentado, sin duda, por la calidad del servicio que brindan. Y cuando se solicita su intermediación frente a perjuicios concretos la gran mayoría de las veces se resuelven a favor del consumidor. Estas experiencias sirven de apoyo a una mayor conciencia de que reclamando se pueden resolver problemas.
En fin, como todo en la vida a ser consumidor también se aprende y estamos aprendiendo, aunque a veces alguno prefiera “patear al perro” antes que enfrentar al responsable de los abusos. Reclamar y no quejarse vale la pena.
(Observa)