El Observador | Daniel Supervielle

Por  Daniel Supervielle

Periodista, analista, director de comunicación estratégica y política de CERES
20 de enero de 2024 5:01 hs

El discurso del presidente de la República Argentina Javier Milei en el Foro de Davos despertó tempestades en el mundo entero. Sus palabras de oda a la libertad, carajo, y contra el socialismo resonaron en todos los rincones; al punto que el PIT-CNT uruguayo convocó a una manifestación frente a la Embajada Argentina en Montevideo, para marchar en solidaridad con los trabajadores de ese país.

Una marcha en apoyo a las poderosas centrales gremiales argentinas (CGT, CTAA y CTA) que permanecieron calladas durante los años de despilfarro del fin de la era kirchnerista mientras su país se hundía en la pobreza más oprobiosa. 

Curiosa solidaridad la del PIT-CNT, con quienes siempre se diferenciaron por manejar otro estilo, otros valores, otras fortunas y por ser curiosos gremialistas que sin ningún tipo de vergüenza se mueven con mucha más ampulosidad que los empresarios que tanto cuestionan. 

Hasta esas extrañas coincidencias está logrando el excéntrico presidente argentino con su extremo credo ultraliberal.

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Si la mera existencia de Milei al frente de la Casa Rosada genera tempestades en el planeta, por revulsivo, por loco, por arriesgado, por auténtico, por fanático o por lo que sea, que hasta logra una movilización en su contra en Uruguay: ¿cómo no pensar que su cruzada libertaria va a influir en la campaña electoral de 2024? Es de miope creer que no habrá un impacto en el electorado. También evidencia la ausencia del discurso liberal en Uruguay hoy.

Pagaría lo que no tengo por poder escuchar al extinto expresidente uruguayo Jorge Batlle (1927-2016) razonar sobre lo que significa Milei y su discurso. Para los argentinos Batlle fue aquel mandatario uruguayo que se hizo célebre cuando declaró sin saber que la cámara estaba prendida a Bloomberg en 2001: “Los argentinos son unos ladrones del primero al último”. Por eso su análisis de un presidente mucho más extremo que liberal con un fuerte discurso antipolítico sería de alquilar balcones. Pero eso no es posible. Lamentablemente Jorge Batlle no era inmortal. Lo que lleva a preguntarme: ¿quién defiende o simboliza el discurso liberal en Uruguay hoy?

La respuesta es simple: nadie.

Obviamente que la izquierda representada en el Frente Amplio (FA), no adhiere al liberalismo económico, sino que se encuentra en la vereda de enfrente, y la existencia de Milei le produce, lo mínimo, arcadas. Nuestra izquierda considera al Estado como motor de la economía y con una decisiva participación en la vida de los ciudadanos. Quedan fuera del análisis porque ni por casualidad tomarán una coma del discurso del libertario argentino.

Los colorados, hoy expresados en distintos grupos con varios candidatos que buscan liderarlo, cargan con el Batllismo de comienzos de siglo XX a cuestas, por lo que no les resulta fácil articular un discurso donde el Estado tenga un papel secundario, terciario o que sencillamente desaparezca. 

Jorge Batlle, que fue “el profeta liberal” a decir del periodista Bernardo Wolloch, era un rara avis que revolucionó a su partido pero que tuvo la desdicha de gobernar durante la peor crisis económica de la historia. Fue muy poco lo que pudo hacer. La manejó con entereza y dignidad republicana, honró las deudas del país y el último año de su gestión inició la recuperación económica que sus sucesores disfrutaron.

No tiene ese discurso el Partido Independiente, esencialmente democratacristiano. Y tampoco lo tienen al menos por ahora los candidatos del Partido Nacional. Ni Álvaro Delgado, ni Laura Raffo, ni Jorge Gandini evidencian mayores rastros de un discurso liberal y mucho menos libertario.  

El que encarnó políticamente el espíritu liberal en Uruguay siempre fue Jorge Batlle. También lo intentó durante su presidencia Luis Alberto Lacalle Herrera, en la década de 1990 cuando el péndulo en América Latina marcaba desregulaciones, apertura real a las inversiones extranjeras, monedas fuertes y privatizaciones y contaba con Ramón Díaz en sus filas. 

Ni los gobiernos colorados de Julio María Sanguinetti ni el actual de Luis Lacalle Pou se caracterizaron por ser excesivamente liberales. Fueron esencialmente moderados, donde el péndulo quedó en el medio. El Estado necesario, pero no en retirada sino firme y presente. 

El excelente manejo de este gobierno de la pandemia con la Libertad Responsable como guía conceptual es la mejor demostración de lo que digo: no se antepuso el Estado sobre el individuo, pero el Estado estuvo presente a favor de las personas para que pudieran sentirse respaldados en el usufructo de su libertad. 

Aunque no ha sido declarada oficialmente, la campaña electoral para las elecciones presidenciales de fin de año ya arrancó. Espero con enorme curiosidad la posibilidad de poder analizar dónde se cuela el discurso libertario de Milei en Uruguay, porque sería muy raro que no mueva la aguja.

También resulta un desafío incorporarlo sin caer en el ridículo o en la parodia.

Hasta ahora solo dos expresiones apenas perceptibles. La fundación del Partido Libertario con 1725 firmas en setiembre es una de ellas. Inspirados en Milei buscan tener una expresión electoral. Su impacto y fuerza se verán en la cancha. Por ahora es una corriente de opinión marginal.

Uno de los tantos precandidatos del Partido Colorado, Guzmán Acosta y Lara, líder de Viento de Cambio, también buscó su impacto imitando a Milei con un video que circuló por las redes sociales donde en una actuación inverosímil con pretensiones de ser cómica anuncia la intención de reducir el número de ministerios.

Pero nada más. Lo que pueda hacer el ingeniero Gabriel Gurméndez con la vieja lista 15 del partido colorado —la del propio Jorge Batlle— es una incógnita. Por ahora nadie ha cruzado corriendo el Río de la Plata buscando la foto con el presidente de Argentina. Milei, en el fondo, quema. Todo un dato de la realidad. Salvo los dos casos mencionados y la eventualidad de que la lista 15 y su candidato tomen la posta, nadie quiere pegarse demasiado al discurso mediático e histriónico del mandatario de la Rosada.

Algunos ya lo comparan con la ex primera ministra británica Margaret Thatcher y el ex presidente de Estados Unidos, Ronald Reagan, quienes desempeñaron roles clave en el colapso de la Unión Soviética y la caída del Muro de Berlín. Sin embargo, es prematuro y hasta un disparate realizar tales comparaciones. Asimismo, es temprano para juzgar el éxito de sus políticas o prever el fracaso de su presidencia. 

Mientras estos cambios radicales ocurren a toda velocidad en Buenos Aires donde se escribe la historia, los uruguayos los observan con la misma serenidad de los domingos de tarde cuando sentados en la silla playera en las afueras de los pueblos comparten un mate mientras ven a los autos pasar.

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