Comenzar a trabajar con mediciones implica que el ganadero debe enfrentar una situación que puede parecer obvia, pero que a veces no lo es: debe conocer su rodeo. Y conocerlo significa e implica entender cuál es la “foto” de ese rodeo hoy, y con ella poder apreciar las virtudes y los defectos para poder imaginar lo que hay que corregir para llegar a la meta deseada.
Obviamente que esa meta puede ser (y normalmente es) diferente para cada ganadero. Depende del rodeo de origen, las limitaciones del ambiente, las posibilidades de negocios y su esquema comercial.
Este es el primer gran objetivo de quien comienza a trabajar con DEP (*): definir un objetivo genético a partir del conocimiento de la realidad del rodeo y luego ver cuáles son los atributos y sus indicadores que deben ser mejorados.
El siguiente paso es estudiar las diferentes líneas de sangre que se ofrecen en el mercado para ver cuáles de ellas son funcionales a ese objetivo. Esto puede no ser una tarea fácil para quien no tiene la información, aunque hoy en día con internet puede conseguirse toda … y más.
Otro aspecto a tener en cuenta es que no conviene caer en la tentación de usar líneas genéticas que, por corregir un determinado atributo (por ejemplo, tamaño), terminan descompaginando otros como la calidad de la carcasa o el peso al nacer.
La armonía, el equilibrio que tanto se busca en los aspectos fenotípicos de un reproductor, debe ser lograda también en sus indicadores de DEP. Obviamente que no existe el toro perfecto, pero sí podemos decir sin temor a equivocarnos que hay (aunque pocas) líneas de sangre que cumplen con esta condición de “equilibrio genetico”. Una tarea fascinante para quienes disfrutamos del desafío de producir carnes de calidad.
(*) Diferencia Esperada de Progenie