Espectáculos y Cultura > RESEÑA DEL FESTIVAL

Montevideo Hip Hop: una noche histórica que prometió un futuro rapero

La movida hiphopera uruguaya celebró su gran momento ante una multitud y en un ambiente festivo

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25 de marzo de 2019 a las 10:40

Para el matrimonio que fue con sus niños y para el que fue solo. Para los que estaban vestidos como si el Teatro de Verano fuera el festival Coachella y para los que estaban de jogging. Para los chetos y para los de barrio. Para los que lo vienen siguiendo desde hace años y para el que se enganchó gracias a los hits de Arquero. Para miles de personas. Ante un público principalmente joven, la artillería pesada del hip hop uruguayo hizo una demostración de fuerza en un evento histórico para el género, que demostró su buena salud actual y su potencial de futuro. 

El de este sábado no fue el primer Montevideo Hip Hop, ya que hubo otros dos eventos bajo ese título en la década de 1990, pero fue el primero de esta nueva era de artistas, de buena parte del público y el primero en el que el rap no es un género under, sino que cada vez conquista más oídos, al punto que tres meses después de que se les asignara un escenario propio en el Montevideo Rock, la Intendencia de Montevideo juzgó necesario darle su propio festival en el marco del ciclo Festivales por la Convivencia. 

Durante más de 12 horas (el festival empezó a las 16 horas, y si bien el escenario del Ramón Collazo cerró su actividad a las 2 de la madrugada, el evento prosiguió hasta las 6 de la mañana con una fiesta detrás de las tablas), raperos, DJs, grafiteros y breakdancers mostraron su talento ante una audiencia ávida, que fue principalmente a ver a los que estaban sobre el escenario pero aplaudió por igual a todas las disciplinas. 

Y lo que demostró el evento es que el hip hop local es un sonido generacional. Comparte preocupaciones y vida con sus oyentes. Les habla directo. En los festivales cerveceros/telefónicos/radiales de la década pasada, la juventud escuchaba canciones que les recordaban que sus amigos se iban del país, que todo era espantoso y que los partidos que ocupaban el gobierno eran los culpables. Era una descarga para un público que veía como la crisis mataba sueños y que en el pogo y el agite encontraba una válvula de liberación, cerveza y porro en la mano. 

Ahora la cerveza se toma en vaso con el branding del evento, el porro ya no tiene el olor acre del prensado porque el cambio social/legal de esa droga hace que sea más fácil acceder al de mejor calidad, no hay remeras de bandas pero sí ropa comprada en los mismos locales que compran los artistas, y las canciones reflejan otros dilemas, de un perfil más social. El grupo Se armó Kokoa y Eli Almic cantaron y rapearon sobre la violencia de género, los femicidios y el acoso sexual; Kung Fu Ombijám relató desde su experiencia (es un recluso en la cárcel de Punta de Rieles), criticó al sistema penitenciario uruguayo; y tanto él como Santi Mostaffá recordaron y clamaron justicia para el graffitero Plef, Felipe Cabral, que fue asesinado en febrero. Este último leyó algunas de sus rimas mientras el público alzaba sus puños. Y cada instancia de esas recibió una ovación.

Pero ojo, que también destacó el rap más hedonista y festivo, el del otro costado de esta movida y de la vida millennial. El que habla de bailar, de emborracharse y festejar. El Teatro de Verano estaba semivacío hasta que a las 20 horas fue el turno de Arquero, y desde ahí en adelante el público coreó los temas, bailó y sobrepobló el espacio entre los asientos y el foso del escenario para tener más lugar para moverse. Y todo explotó con Los Buenos Modales, que prendieron fuego al Ramón Collazo y confirmaron que probablemente en unos pocos años puedan llenar por su cuenta espacios más grandes que ese escenario, a juzgar por la desaforada reacción del público durante su set.

Otros encontraran una voz que les habla bailando una plena o con la distorsión de una guitarra (este sigue siendo un país bastante rockero), pero a diferencia de sus mayores, ahora también está esta sonoridad.

El rap local mostró también su diversidad. El oficio de La Teja Pride, la polenta de AFC, la amplitud sonora de Dostrescinco: distintas generaciones, perfiles y estilos que se ganaron cada uno su ovación. Y también demostró que no es un club cerrado, ni en la interna (la cantidad de colaboraciones y cruces de los participantes en el escenario fue incalculable), ni en lo externo, con apariciones de Alfonsina, Federico Lima y Pablo Silveira de Once Tiros a lo largo de la noche. 

"Esto hace cinco años era impensado", dijo uno de los integrantes de La Teja Pride durante su show. Y es que el crecimiento del hip hop uruguayo ha sido veloz, eficaz y vertiginoso, aunque sin tener la expansión repentina de las modas pasajeras. Todavía le queda camino por hacer. La del sábado fue su primera gran noche, pero por lo visto allí, no será la última. 

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