29 de enero de 2013 14:12 hs

Un hombre encontró un murciélago en su casa de veraneo, en el balneario canario Costa Azul. Estaba moribundo en la pileta de la cocina. Se puso una bolsa de nailon en las manos para sacarlo, pero en ese momento el animal lo mordió. Conciente del riesgo que corría, el hombre llevó al murciélago a analizar al laboratorio del Ministerio de Ganadería. Allí le informaron que, tal como temía, tenía rabia.

El hombre está a salvo porque al día siguiente recibió una dosis de suero con anticuerpos -que le otorga inmunidad rápidamente- y se le dio la vacuna antirábica que se aplica en cinco dosis y es eficaz para el tratamiento. Si no hubiera consultado, las consecuencias habrían sido fatales.

Para las autoridades el caso no enciende una alarma pero sí implica un llamado de atención. Gabriela Willat, directora de Zoonosis del Ministerio de Salud Pública (MSP), señaló a El Observador que “es habitual” que haya situaciones como esta y “van a seguir ocurriendo” porque desde hace unos años se sabe que en un 1 % de los murciélagos insectívoros circula el virus de la rabia.

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La Comisión Nacional Honoraria de Zoonosis en Canelones, que depende del MSP, recorrerá la zona hoy y repartirá folletos informando sobre los cuidados a mantener con los murciélagos. El jueves ofrecerá la vacunación de perros y gatos a los vecinos que no hayan inoculado a sus mascotas.

La campaña pondrá énfasis en evitar el contacto directo con los murciélagos. Cuando están enfermos de rabia tienen actitudes extrañas, vuelan de día, andan por el suelo. Por eso es más fácil que las personas (sobre todo los niños) los toquen, o que los animales domésticos se les acerquen, y entonces sean mordidos. La consulta en esos casos debe ser inmediata, aunque pueden pasar 20 días antes de recibir las vacunas.

En Costa Azul sospechan que el murciélago infectado provenía de una colonia grande que hay en la parroquia local hace años. Por recomendación de las autoridades del MSP, la Comisión Nacional Honoraria de Zoonosis en Canelones disminuirá el número de murciélagos allí. Willat explicó que no se aconseja exterminarlos a todos ni tomar medidas muy agresivas, ya que se trata de “especies benignas que cumplen un rol importante para el control de insectos”. En ese sentido, aclaró que esto no debe derivar en una “guerra contra el murciélago”.

Los últimos casos de rabia en seres humanos fueron en 1966, en el marco de una epidemia de rabia canina. El último foco de la enfermedad, pero proveniente de murciélagos vampiros, fue entre 2007 y 2008 en Rivera y Artigas, y causó la muerte de cientos de vacas y caballos.

Willat explicó que el virus se presenta en distintas formas y se adapta a cada especie. Eso determina que si bien la rabia puede transmitirse, por ejemplo, de un murciélago a un perro, o de un murciélago a un humano, “difícilmente” se genere una epidemia en una especie distinta a la que el virus está acostumbrado.

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