Esta es mi última columna en este espacio de opinión de El Observador Agropecuario. Muchas gracias al diario por haberme permitido compartir con ustedes una década de artículos.
Como Dante, estoy en la mitad del camino de la vida, al menos con la expectativa que la ciencia nos ofrece en la actualidad. Una edad en la que se debe dejar paso a los jóvenes que liderarán los cambios que el país demanda con urgencia. El mayor impedimento para el desarrollo de nuestra aldea es la resistencia de la gente de mayor edad, me incluyo, en interpretar el momento de salida. Les pasa a los jugadores de fútbol, les pasa a los productores agropecuarios, les pasa a los políticos. Parece que no confiáramos suficientemente en nuestros hijos, en nuestros nietos, en aquellos que con tanto cariño y amor vamos criando. Todos deberíamos entenderlo: la vida son ciclos y hay que tener sabiduría para interpretarlos, dejando paso a la savia nueva.
Culmino esta columna en un momento fascinante para los agronegocios en el Uruguay y en el mundo. Cientos de amenazas, miles de oportunidades. China que hasta hace poco apuntaba al autoabastecimiento (food security) se ha dado cuenta que eso es imposible en algunos rubros porque no tiene capacidad de producir suficientes alimentos de calidad e inocuos (food safety). Intentarán resolver el problema de abastecimiento comprando empresas en el mundo, como lo han hecho recientemente con la principal empresa norteamericana productora de carne de cerdo, todo un símbolo de los tiempos. En Rusia, grupos de lobby vinculados al presidente Putin consiguieron la exoneración a perpetuidad del pago de tributos a la agropecuaria. Esto, implementado en cadenas integradas verticalmente, puede provocar ventajas competitivas de incalculable magnitud para ese país. Impuestos será siempre un tema clave de la agenda de competitividad.
El complejo sistema internacional de negociación de la liberalización comercial de bienes y servicios (multilateral en la OMC o bilateral en infinidad de acuerdos) está en plena ebullición. El Mercosur fue concebido como una plataforma para abrirse al mundo y fracasó hasta ahora en ese objetivo. Quizás Brasil se sienta lo suficientemente amenazado como para intentar acuerdos bilaterales relevantes y a ese vagón estaremos enganchados. No hay que engañarse: nuestro talón de Aquiles sigue siendo la inserción internacional sin preferencias comerciales (con honrosas excepciones). Un poco por el tamaño del país, otro poco por resistencias ideológicas autóctonas.
Estados Unidos está corrigiendo su política energética aprovechando grandes descubrimientos de gas, lo que impactará el mercado de biocombustibles y el de los granos a ellos asociados. Algo a lo que no es ajeno el Uruguay: hay una trama compleja de energía, granos, subproductos y proteína animal que impulsa a los agronegocios en todo el país.
Por razones de espacio no abundaré en cadenas cárnicas. Apenas un dato: generan un valor bruto de producción cercano a tres mil millones de dólares (tres billones), algo estratégico en un país cuyo PIB es de 50 billones. Como la mayoría de los recursos involucrados en la cadena son nacionales su efecto multiplicador en la renta y el empleo es muy alto: a no olvidarlo. No duplicarán su producción, algo obvio, pero podrán agregar valor a través de innovaciones, en todo el espectro (desde la calidad al marketing). ¿Cuáles? Son desafíos para la generación siglo XXI, nosotros somos hombres “del siglo XX”: nos pesa demasiado la inercia, los recuerdos, el modo viejo de pensar.
Termino este camino con las mismas palabras con que lo comencé en julio de 2003, en años duros para el país:
“En estos tiempos singulares que vivimos, donde todo se mide en semanas o aún en días, es necesario recuperar la capacidad de mirar más lejos. Estamos reconstruyendo un país no para el año que viene ni para cinco años: para siempre. ¿Quién tendrá la generosidad, la imaginación y la capacidad de sacrificio para tomar una empresa tan ardua? La respuesta es, como siempre, la sociedad civil”.
Muchas gracias por vuestra lectura y lo mejor para vuestras familias en el año que entra. Hasta cualquier momento.