28 de abril de 2015 14:47 hs

Empezó como un proyecto de verano. En 2009 Matías Sosa, Federico Rabelino y Pablo Hernández, tres amigos del Colegio Palotti, abrieron un bar en La Paloma. El negocio explotó y los amigos decidieron dar el paso de llevarlo a Montevideo. Con el gran miedo de transformar un emprendimiento de verano en algo cotidiano, en octubre de ese año inauguraron Tibet bar –en la esquina de Gestido y Masini, en Pocitos– que refleja el gusto de sus dueños por la meditación y la instrospección y permite acercarse un poco a la cultura tibetana.

La inversión inicial –US$ 14 mil–, salió de sus propios ahorros. Un año después, constataron que el bar con las paredes con dibujos de Ganesh y luz tenue podía ser considerado un éxito.

Carentes de formación en administración –Sosa es chef, Hernández estudió educación física y Rabelino se formó en comunicación– se dividieron las tareas: Matías en la cocina, Pablo como barman y Federico de mozo. “Era realmente atendido por sus propios dueños”, bromea Rabelino.

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En la actualidad, casi cinco años después, cuentan con 14 empleados en el bar y 25 en todo el proyecto, que además incluye un restó, cuatro ómnibus que alquilan para fiestas; y ahora incorporan un take-away saludable y un hostel.

Los tres amigos lograron reunir, bajo un mismo concepto paraguas, los rubros de gastronomía, hotelería y diversión.


Gourmet y rodante
Cuando el bar ya llevaba un año funcionando, compraron un ómnibus de Cutcsa y lo transformaron en un bar sobre ruedas para fiestas privadas, recorridas nocturnas y todo tipo de eventos. “Vamos hasta tu casa, hasta el hotel donde estés parando, llevamos música a bordo. Es un concepto nuevo”, explicó Rabelino.

Luego incorporaron tres buses más, con imágenes ploteadas de Buda, y alfombras orientales. Durante el mundial pasado, se asociaron con la cerveza Pilsen y en uno de los buses recorrieron Brasil alentando a la selección y generando un punto de encuentro para la hinchada charrúa.

En 2012 abrieron un restó frente a Tibet bar, con menú más sofisticado, donde se puede comer por alrededor de $ 250 por persona, con bebida incluida.

Bajo el concepto “made with love”, los platos rotan para sorprender a los clientes, pero jamás faltan pescados, carnes y pastas. La onda de la India está presente en cada rincón. Es que el objetivo de sus dueños es que “la gente en su propia ciudad también se sienta de viaje”.

Lo nuevo
El 15 de abril, los amigos/socios de Tibet inauguraron Shisha, un Take Away de comida saludable. Ubicado en Marco Bruto 1300, en la zona del WTC, está abierto de 8.00 a 20.00 horas y ofrece opciones dulces y saladas. El lugar cuenta con capacidad para 40 personas. Con una inversión estimada de US$ 60 mil, apuestan a la nueva tendencia en alimentación: la onda verde, como así también a captar el público que no pueden alcanzar con sus otros negocios.

Es que, justamente, la diversificación es una de las claves para el grupo de emprendedores. Lo hacen intentando no perder su eje. “Lo que queremos hacer en Tibet es una plaza de amigos, que sea un entorno acogedor”, argumenta Rabelino, mientras cuenta que en el correr de este mes inaugurarán un hostel.

Al igual que el bar y el restó, estará ubicado en la esquina de Gestido y Masini. Pasar la noche allí costará US$ 25 por persona, con desayuno incluido. Con ese último proyecto apuntan a un público de viajeros chilenos, argentinos, alemanes y estadounidenses, principalmente.

Plato estrella
Resto. El plato destacado del restó Tibet es el escalope de lomo con papines asados y mix de verdes

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