Es cierto que no había plazos. Tampoco declaraciones polémicas de los dirigentes. No estaba escrito en ningún lado. Pero en el ambiente flotaba la sensación de que los tiempos expiraban. Es que, al margen de las intenciones de los dirigentes, en un grande la gente pesa. Y un nuevo traspié no iba a ser tolerado. En el fútbol todo tiene un límite y la paciencia es traicionera.
Y vaya paradoja del destino, o en este caso vale aplicar del fútbol, el que depositó el manto de tranquilidad en el Parque Central fue aquel al que el propio entrenador había radiado del equipo.
Richard Porta, que había salido para darle lugar a Boghossian, fue el encargado de iniciar el camino de la recuperación de un Nacional que empezó atropellado y se terminó floreando ante un tímido Cerro Largo.
Es que el partido comenzó entreverado para el tricolor. Su rival le escondió la pelota y obligó a Calzada y compañía a correr de un lado al otro.
No era de extrañar entonces que Cerro Largo tuviera la primera ocasión del partido. El elenco arachán tomó mal parado al tricolor y sacó un contragolpe que tuvo que salvar Muñoz ante Rino Lucas.
Hasta que el tricolor se dio cuenta de que su arma letal la tenía a un costado de la cancha. Entonces empezó a lanzar a Porta que lastimaba con cada corrida.
Y bastó que Nacional atropellara sobre el arco de Cerro Largo para llevarse por delante a un equipo prolijo pero que jugó ahí, en la chacrita, en el toqueteo intrascendente.
A los 17 Viudez cobró una falta, Abero conectó en el segundo palo, Campaña alcanzó a tocar pero Porta atropelló y obligó a Leites al error para vencer su propio arco.
Se terminó el partido. Ya no había forma de que Cerro Largo pudiera revertir esta situación. Para colmo Abero se multiplicó, apareció Cabrera para apoyar, y Porta fue el arma.
Entre los 35 y los 39 el delantero albo desbordó dos veces para poner de cara al gol a Boghossian y Viudez que no pudieron anotar. Enseguida Campaña le sacó una pelota del ángulo a Abero y en la última del primer tiempo un cabezazo de Boghossian, aprovechando otra asistencia perfecta de Porta, se estrelló en el travesaño. Nacional era dueño y señor del Parque.
El segundo tiempo mantuvo las características del primero. Equilibrado. Con la visita tocando lejos del arco de Muñoz. Acaso la acción que pudo haber cambiado la tarde fue un penal de Abero contra Lavandeira que el juez Falce desestimó.
El tema es que Nacional no terminaba de cerrar la historia. Pero bastó que Porta se lanzara por la derecha y metiera una pelota punzante para Gonzalo Bueno. El defensa Abel Nazario fue a cerrar pero con el perfil errático y el botija se llevó la pelota y definió con toque por arriba.
Recién ahí Nacional tomó impulso y desplegó el juego que su tribuna clama.
Porta ejecutó un tiro libre y la pelota se estrelló en el palo y enseguida llegaron dos goles más. El primero fue el esperado gol de Alexander Medina que, luego de las amarguras iniciales, sacó la primera flecha.
Y el cuarto y definitivo fue el premio para el mejor jugador de la cancha. Tanta generosidad, tantas asistencias, merecían recompensa. El zaguero Viera se durmió, Bueno lo anticipó y tocó a Porta que de cara al arco no falla.
Un 4 a 0 contundente que permite poner un manto de tranquilidad para un entrenador que no daba en la tecla y que parece haber encontrado el rumbo.
Queda la sensación de que Gallardo ahora tiene la fórmula. Abero, que es su principal descubrimiento, jugó para quedarse. Cabrera levantó. Y arriba los tres puntas son cosa seria. Claro, hay aspectos a tener en cuenta. Los cuatro goles no pueden ignorar que al inicio se generaron distracciones defensivas. Y tampoco se puede perder la perspectiva. Cuidado, porque acá se pasa de la noche a la mañana sin transitar el día. Ni una cosa ni la otra: Nacional despertó en el momento en que el campeonato lo requería. Su entrenador ganó tranquilidad y renovó un poco de crédito, pero el rival ayer tampoco jugó como para tirar manteca al techo.