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Narcos presenta a Colombia después de Pablo Escobar

La serie volvió con la caída del cartel de Cali, heredero del imperio de la droga tras el asesinato del narcotraficante más célebre del país sudamericano

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02 de septiembre de 2017 a las 05:00

¿Cómo continuar con una serie en la que su principal figura ya no puede seguir formando parte? Ese fue el dilema al que se enfrentó la producción de Narcos cuando decidieron continuar con la serie después de su segunda temporada. La cacería de Pablo Escobar, el mítico narco colombiano, y sus secuaces del cartel de Medellín había supuesto el núcleo principal de las dos primeras entregas de la serie, pero una vez muerto "el rey", la producción quedaba huérfana de protagonista. O no.

Después de que Escobar cayera a manos de la agencia antidrogas de Estados Unidos (DEA) –o de los Pepes, o del Bloque de Búsqueda, sea quien sea quien haya terminado asesinándolo en aquel techo de Medellín–, Colombia cambió. El narcoterrorismo dejó de asolar las calles y todo el poder fue a parar a un grupo que había tenido mucho que ver en el fin de Escobar: el cartel de Cali.

En ese momento, la organización criminal liderada por los hermanos Gilberto y Miguel Rodríguez Orejuela manejaba el 80% del tráfico de cocaína en el mundo, y tenían a la ciudad de Nueva York como su principal plaza de venta. Su poder se basaba en que, a diferencia de Escobar, los hermanos Rodríguez se consideraban empresarios más sofisticados y sus influencias llegaban hasta las esferas más altas del gobierno colombiano, generando así una red de corrupción que los mantenía fuera de los juzgados, las redadas y las rejas.

Además, el cartel de Cali había creado una extensa red de seguridad que interceptaba cada llamada que los involucraba, lo que les permitía aventajar a sus adversarios.


Es esta situación de relativa "paz" y control total de la información que Narcos retoma para su tercera temporada, en la que pone al cartel de Cali como principal antagonista y que presenta una organización diferente en todo sentido al cartel de Medellín. Y eso es bueno.

Otro mundo

La tercera temporada de la serie comienza con Gilberto Rodríguez (Damián Alcázar) anunciando un acuerdo con el gobierno para desmantelar la organización. El arreglo les permitirá a los líderes mantener sus negocios legales, su dinero y negociar penas relativamente cortas y adecuadas a sus necesidades. En seis meses, el cartel dejará de existir.

En ese marco hace su aparición, otra vez en Colombia, el agente de la DEA Javier Peña (el chileno Pedro Pascal), ascendido a agregado especial luego de colaborar con éxito en la captura de Escobar.
Peña, que tiene el cargo más alto de la DEA en Colombia, llega al país con la determinación de ir tras los Rodríguez, pero se encuentra con un sistema trabado desde adentro. La corrupción y la vigilancia campean a sus anchas y es allí donde aparece uno de los primeros puntos interesantes de esta nueva temporada. Si la corrupción era importante en épocas de Escobar, durante el reinado de Cali era prácticamente total. La policía, la justicia e incluso los ministros eran manejados por los intereses de los Rodríguez, algo que hacía prácticamente imposible su captura. Esto no se plantea solo del lado sudamericano, sino que Narcos, como ya había esbozado en sus primeras temporadas, resalta el involucramiento de Estados Unidos, en especial de la CIA, en la creación de nuevas fronteras de lucha y en la colocación de nuevos enemigos de acuerdo a sus intereses. Como dice el personaje de Peña en uno de los capítulos: "siempre crearemos nuevos enemigos".

En ese sentido, el universo creado por Narcos en esta nueva entrega es tan interesante como el planteado en tiempos de Escobar, por lo que fácilmente el espectador interesado se perderá entre la acción frenética que ofrece cada capítulo de la serie, así como en el constante juego del gato y el ratón que se plantea. Es allí, cuando los capos están más acorralados, que la violencia estalla y la guerra vuelve a las calles de Colombia, con atrocidades que recuerdan, ahora sí, a las cometidas por Escobar.

Para el espectador hispanoparlante la serie sí tiene un problema: los acentos. Quien tenga el oído atento descubrirá que se mezclan tonalidades españolas, mexicanas, chilenas y hasta portuguesas, algo que puede terminar molestando. Sin embargo, si el espectador llegó a ver las dos primeras temporadas es porque pudo tolerar el horrible acento de Wagner Moura como Pablo Escobar, y peor que eso no hay nada.

Con Cali, Narcos se arriesgó y ganó. Tanto la organización como los personajes son buenos sucesores de Escobar y el cartel de Medellín, y tanto los personajes nuevos como los viejos cumplen. Narcos sigue siendo una serie ágil y entretenida, y dado que está en Netflix, es digna de una buena maratón de fin de semana.

Destaques

La organización de Cali
El cartel de los hermanos Rodríguez difiere en mucho al de Medellín

Ritmo frenético
La acción está presente en la mayoría de los episodios de la temporada

Elenco
Varios actores destacados están en Narcos, entre ellos Pedro Pascal, Javier Cámara y Alberto Ammann
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