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Niños con problemas de aprendizaje en riesgo de repetir de año mientras esperan por ASSE

Hay un programa creado hace cuatro años que atiende a los niños relegados por problemas en el lenguaje, pero tiene listas de espera y hay padres que deben recurrir a tratamiento privado 

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17 de septiembre de 2018 a las 05:00

“Alumna que se esfuerza permanentemente por superarse pero no logra cumplir con las tareas si no es con ayuda del maestro. Requiere mucho esfuerzo para comprender”. Esas sentencias las escribió una maestra de una escuela del Cerro, y la que está en problemas es una niña de ocho años que necesita, cuanto antes, tratamiento psicopedagógico. Pero muy difícilmente lo tendrá este año: hay más de 70 niños que esperan turno antes que ella.

“Fonoaudiólogo urgente. Si no, repite”, escribió otra docente, de la escuela 369 –en el Rincón del Cerro–, refiriéndose a Thiago, un niño de seis años que tiene serias dificultades para hablar y escribir.

La maestra de primer año le explicó a Gabriela Antúnez, su mamá, que si lo promociona a segundo año no tendrá una docente que pueda enseñarle los rudimentos básico de la lectoescritura. Su hijo no tiene inconvenientes en muchas aéreas, pero su problema de dicción es clave, le dijo, porque incide directamente en su incipiente escritura. Aprende mal las palabras, y las escribe peor. La maestra fue clara: “En segundo no le van a enseñar a leer, sino a multiplicar y dividir. Es por su bien que no podemos promoverlo”.

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Estos dos casos llegaron este jueves al consultorio que atiende Diana Sastre en la policlínica del Cerro. La pediatra derivó entonces a ambos pacientes al equipo especializado en dificultades que tiene la Administración de los Servicios de Salud del Estado (ASSE) desde hace cuatro años. Pero como entiende que no serán atendidos a la brevedad, sabe que la alternativa que deben seguir es el tratamiento en clínicas privadas, aunque no todos pueden costearlo.

“Vemos de 120 a 150 niños por día, y cada pediatra –con ocho en total– deriva uno o dos casos”, dijo Sastre a El Observador. “Pero tienen asegurada la repetición, porque no van a ser atendidos antes de un año, algo que en otro contexto no ocurriría”, agregó la pediatra, que es delegada del núcleo sindical del Sindicato Médico del Uruguay.

Antúnez ya se puso en contacto con una institución particular, que cobrará por el tratamiento cerca de $ 17.000, una cifra que fuerza las posibilidades económicas de la familia: ella está desempleada, y hará, junto a su pareja, todo lo que haga falta para darle una solución a su hijo. Los dos ven cómo Thiago percibe que su rendimiento es inferior al de sus pares, y no hay forma que eso no repercuta autoestima. “Nos frustra que vaya a repetir un año, pero no queremos que siga pasando mal”, dice su madre.

Para decir

Aunque ASSE ya llevaba varios años de abordaje interdisciplinar como enfoque para tratar el subdesarrollo del lenguaje en los niños, no fue sino en 2014 cuando tomó forma el programa para atender las Dificultades de Inserción en el Medio Educativo (DIME).

La atención ofrecida a esta problemática, según el modelo que se sigue, flaqueaba conceptualmente en un pilar. Se tenía en cuenta el abordaje en las aulas, y se trabajaba en base a la conformación de grupos que reunían a niños con dificultades similares, pero faltaba la “intervención terciaria”, que supone un apoyo individualizado, intensivo y continuo, cuenta Nora Rodríguez, psiquiatra infantil con formación en neuropsicología, fonoaudióloga y docente de grado en la Universidad de la República.

La primera experiencia se desarrolló en el Cerro, para atender la demanda del oeste de Montevideo, una zona que los expertos de ASSE identificaron como particularmente vulnerable.

El promedio estadístico de referencia indica, por ejemplo, que entre el 3% y el 5% de los niños uruguayos tienen algún grado de dislexia, que entre el 6% y el 8% lo tienen de discalculia, y que –este valor es uno de las más importantes– el 32,5% de los niños que viven en contexto crítico están en riesgo de tener problemas para expresarse en forma oral y escrita. Así lo indica el trabajo Salud, Nutrición y Desarrollo en la primera infancia en Uruguay, realizado por el Instituto Nacional de Estadística en 2015.   

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“La cantidad de niños que requieren de intervención en los entornos sociales de vulneración siempre se dispara”, dice Rodríguez, que fue una de las expertas en el tema que impulsó el desarrollo de este programa –y hoy es una de las tres coordinadoras–. Pero lamenta que ASSE no cuente con los recursos suficientes para atender a todos los niños en tiempo y forma.

Rodríguez está sentada en su pequeño despacho en el Hospital Pereira Rossell. Afuera, se escucha el griterío de niños que esperan atenderse en el departamento de Psiquiatría Pediátrica. “Entiendo la preocupación de los pediatras, yo también la tengo –dice–. Pero no podemos establecer una relación directa en la demora de atención y la repetición, que además es algo que está quedando por fuera del paradigma de la educación”.

En la policlínica del Cerro, el equipo de DIME lo forman tres psicólogas, dos psiquiatras de niños, dos psicomotricistas, una fonoaudióloga y una asistente social. Equipos similares están integrados en los centros cívicos de Salvador Allende y la Colonia Nicolich, en Canelones. Pero solo en el Cerro, la semana pasada había 74 niños en espera, y Rodríguez admite que no serán atendidos este año. Tampoco hay salones suficientes para que los profesionales trabajen con comodidad, agrega. “Inicialmente estaba programada todo un espacio incluido en la policlínica, pero no se ha podido concretar, y trabajamos en un local del BPS”.

Sobre todo esto trató el encuentro que este martes tuvieron las coordinadoras de DIME con el presidente de ASSE, Marcos Carámbula. Fue la primera vez, desde que asumió en su cargo a comienzos de marzo, que tuvo una reunión a propósito de los desafíos de este programa

Este año se creó la Asociación de Apoyo a las Personas con Trastorno Específico del Lenguaje en Uruguay, que nuclea a 20 familias, aunque en el grupo de Whatsapp hay cerca de 80 personas. El 30 de septiembre, día mundial de este trastorno (TEL), la asociación llevará a cabo una mesa redonda con varios profesionales para disertar sobre el tema. Este trastorno lo sufren entre el 2% y el 7% de la población, aunque no se registran datos en Uruguay. “Hay mucho por hacer, y nosotros queremos aportar, ayudar a que se releven estadísticas en el país”, indicó a El Observador Karina Santos, una de las madres organizadas.

Según difundió El País, el Instituto Nacional de la Sordera y Otros Trastornos de la Comunicación de Estados Unidos explica en su sitio web que las primeras señales de este síndrome “a menudo se presentan a los tres años de edad”. Un indicador de un niño de cinco años con TEL puede ser la dificultad para conjugar los verbos o que pregunte omitiendo verbos auxiliarles como “ser” y “hacer”.

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