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Astrid Sánchez, presidente de Cero Callejero.

Agro > ENTREVISTA / ASTRID SÁNCHEZ

“No puede valer aquello tan primitivo de salir y matar perros”

Astrid Sánchez, presidenta de la Fundación Cero Callejero, opinó que el problema de los ataques de perros en el campo "nunca se va a solucionar si los productores no cambian sus prácticas"

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24 de junio de 2022 a las 22:00

Astrid Sánchez, presidenta de la Fundación Cero Callejero, sobre las diferentes visiones con relación a cómo solucionar el problema que generan los ataques de perros a las majadas, expresó: "Al productor lo que le tiene que importar es que ese perro no esté en su campo, que no ataque más a  sus ovejas. Por lo tanto, una vez que es capturado, lo que le ocurra después a ese perro al productor no le tiene que preocupar. ¿Por qué matarlo si el problema se resolvió? Matarlo no puede ser una alternativa, estamos en 2022".

 

Los problemas de ataques de perros no son nuevos, pero existe la sensación de que es un tema mucho más presente, ¿qué le parece?

Uno mira al tema con ansiedad, quiere que las cosas estén solucionadas ya mismo y no es fácil, pero lo bueno es que hubo un cambio. Es un momento histórico. El bienestar animal, relacionado con el tema perros, por primera vez en la historia está en la agenda política, en la agenda del Estado. Hace poco tiempo, en la Ley de Urgente Consideración, se creó el Instituto Nacional de Bienestar Animal (INBA), no existía un ámbito para trabajar especialmente en eso. Se crearon dos programas de interés general, que son acciones concretas y un ejemplo para otros países. Hay organizaciones muy interesadas en esto que Uruguay está haciendo. Hasta ahora el obstáculo para tomar medidas con relación a los animales era que el dueño podía hacer lo que quería, porque el perro es un bien privado. Pero desde el momento en el que el Programa de Castraciones se declara de interés general y hace obligatoria a la castración, ya no importa lo que el dueño diga. Eso se venía reclamando desde hace muchos años por parte de la gente que trabaja en la protección de los animales. La otra decisión, también de interés general, es el Programa de Albergues, que es un reconocimiento a la necesidad de crear lugares adecuados para llevar a los animales que no tienen un dueño responsable. Todos sabemos que en el país hay de 100 a 120 refugios, saturados, sin recursos, que no dan abasto. Es un problema complejo el de los perros, pero si avanzamos en eso, en castrar para detener el crecimiento de la población y en tener una red de albergues para llevar a los perros sueltos, también a los requisados por maltrato, por ejemplo, estaremos en condiciones de mejorar, al menos poco a poco, y detener un problema que ha ido creciendo por muchos años de inacción.

 

¿Qué mensaje se le puede dar al productor que sigue sufriendo ataques de perros?

El primer mensaje es que castre a sus perros. Es lo que más nos está costando hacerle entender. La gran mayoría de los perros que atacan a ovinos no van desde las ciudades, ya están en el ámbito rural, pertenecen a algún productor. A diferencia de lo que pasa en Australia o Nueva Zelanda, países que los productores mencionan como ejemplos, en Uruguay no hay perros salvajes, no hay perros asilvestrados. La primera medida es que entiendan que el problema de los perros es causado por la mala tenencia que hacen las personas, por una tenencia irresponsable. Hay que mejorar esa actitud. Nuestro proyecto trata de solucionarle el problema al productor, estamos a su disposición, pero necesitamos que entienda que no es buena cosa que él, su capataz o sus peones tengan a los perros sin castrar o sueltos en lugares abiertos, donde no se los puede controlar. Siempre estuve vinculada al medio rural, mi padre trabajaba como inseminador, no es una temática que me sea ajena. Sé perfectamente que ha sido una práctica común que la hembra parió, le agarran los perritos, los meten en una cajita y los dejan en la portera de otro campo.

 

Hay productores que pidieron la captura de perros sueltos, su traslado a un albergue y en caso que no aparezca el dueño se los mate.

Discrepamos. Al productor lo que le tiene que importar es que ese perro no esté en su campo, que no ataque más a  sus ovejas. Por lo tanto, una vez que es capturado, lo que le ocurra después a ese perro al productor no le tiene que preocupar. ¿Por qué matarlo si el problema se resolvió? Matarlo no puede ser una alternativa, estamos en 2022. Entiendo al productor, pero no puede valer aquello tan primitivo de salir y matar perros. Estudié profundamente el tema de la Guerra Grande y había decretos del gobierno del Cerrito que decían que había que salir a matar perros cimarrones. Pasó más de un siglo y, de ese modo, no se solucionó. Los productores vienen matando perros desde el primer día, desde el inicio de la producción y no han podido resolver nada. ¿Por qué le reclaman ahora al Estado que salga y los mate? Porque ellos lo han intentado y no han podido. Pero el tema nunca se va a solucionar si los productores no cambian sus prácticas.

 

¿Qué proponen ustedes?

Lo que queremos, desde Cero Callejero, escuchando a más de la mitad de la población que es empática con los animales, es solucionar el problema con un nuevo paradigma. Capturemos a esos perros y pongámoslos en albergues adecuados, los damos en adopción cuando podamos y si no los cuidamos ahí. Avancemos a la vez con castraciones, con identificaciones de perros con sus dueños, todo para ir saneando al país del exceso de perros. Pero precisamos que el productor ponga lo suyo, que colabore teniendo una actitud más responsable con sus propios perros. Y que no vea a la bichera o a la rescatista como un enemigo, cuando esa persona es parte de la solución, es la que captura y se lleva el animal, la que castra, es la que más hace para solucionar ese problema.

 

¿Y qué hace el Estado?

El Estado, que no debió permitir que se llegara a esta realidad, hoy tiene una política pública en el tema. Capaz no se va todo lo rápido que deseamos porque hay factores que inciden, pero se han tomado decisiones. La obligatoriedad de las castraciones se debió haber decidido hace varios gobiernos. Ahora hay que tener paciencia, colaborar cambiando determinadas actitudes y más que nada en el sector rural, que es donde más hace falta esa educación de castrar y de tener al perro propio controlado. Está en construcción el primer albergue, en Florida. Hay otros siete departamentos comprometidos y varios en los que firmamos convenios de cooperación, con predios destinados a los albergues. La expectativa es terminar este período de gobierno con un lugar en cada departamento, por lo menos decidido y/o en construcción. En castraciones, la pandemia y el referéndum incidieron en que los gobiernos departamentales no pudieran concentrarse, recién este año hay un avance. Hay departamentos con más de 6.000 castraciones, como Rocha que está liderando. Se está tomando conciencia sobre el valor de solucionar el exceso de población de perros, que no se puede hacer de un día para el otro, lleva tiempo. Y nos parece fundamental, además de educar y actuar, involucrar a la población, al sector privado, para que asuman el compromiso económico y que así se puedan construir esos albergues.

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