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Las calles del este empiezan a padecer la congestión del tránsito

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Nuevo boom de extranjeros convierte a Punta del Este en “ciudad de todo el año”

En los primeros siete meses de este año hubo un promedio de 25 nuevas solicitudes de residencia diaria de ciudadanos argentinos

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11 de septiembre de 2022 a las 05:00

Punta del Este, la principal ciudad balnearia de Uruguay, está dejando de ser balnearia. Las playas siguen teniendo su encanto, en los días de calor se siente el aroma del bronceador y en las noches se escucha las olas que golpean contra las rocas. Pero, poco a poco, la península y sus alrededores van adquiriendo el rótulo de “ciudad de todo el año”.

A las cinco de la tarde, cuando la salida de los niños de los colegios privados se mezcla con los obreros que acaban su jornada laboral en la construcción, la avenida Franklin D. Roosevelt muestra la congestión del tránsito. La principal arteria del “balneario”, esa que corre en paralelo a la playa Mansa,  “tiene a veces la impronta de avenita Italia de Montevideo”, ejemplifica Soledad Laguarda, directora general de Urbanismo de la Intendencia de Maldonado.

Esa congestión vehicular es un indicio del “boom” de extranjeros que Punta del Este y sus alrededores están viviendo desde el comienzo de la pandemia. Tras un 2021 récord de solicitudes de residencias en Uruguay —más de 40 por día de ciudadanos argentinos que se radicaron en Montevideo, en los barrios privados de Canelones o en Punta del Este y cercanías—, en los primeros siete meses de este 2022 hubo una desaceleración pero a un ritmo mucho más alto que el promedio prepandémico: unas 23 por día (4.892 entre enero y julio, lo que ya supera los números de cualquier año entero previo a la pandemia).  

Estas cifras oficiales de la Cancillería uruguaya “no mueven la aguja en la gran economía, pero puede que en algunas zonas (como Punta del Este) dinamicen algunos servicios y, sobre todo, puede que tengan un potencial en la innovación”, explicó Matías Brum, profesor adjunto del Instituto de Economía de la Universidad de la República. “Joseph Schumpeter, el pope de la innovación, hablaba de cómo la introducción de procesos nuevos ya aporta en la innovación. El solo hecho de que venga gente nueva, con nuevas maneras de hacer las cosas, puede ser un gran aporte”.

Laguarda siente ese “derrame”. Antes del “boom” casi no encontraba un bar o café abierto en pleno invierno para juntarse a tomar el té con las amigas. Ahora, en cambio, “hay bares y cafés todo el año”. No tiene la apariencia de los famosos cafetines porteños, pero sí la gama de opciones que caracteriza a los café gourmet y para veganos.

El otro indicio, además del tránsito y los cafés, es el incremento de la matrícula en los colegios privados de la zona. Los centros educativos capitalizaron ese “boom” y son el reflejo del nuevo perfil de los inmigrantes: familias, de niveles socioeconómicos altos, con hijos en edad escolar o liceal.

En el International College los alumnos argentinos superan ya a los uruguayos. “Antes de la pandemia había unos 50 estudiantes argentinos y ahora son unos 220 (el 45% de la matrícula del colegio)”, cuenta el CEO, Rolando Rozenblum.

“La llegada de argentinos, motivada en parte por la situación de Argentina y las facilidades de Uruguay, hizo crecer el alumnado de casi todos los centros educativos de la zona, incluso surgieron instituciones nuevas en la zona de La Barra de Punta del Este”, señala Rozenblum. “Lo interesante”, sigue, “es que ahora estamos recibiendo muchas consultas de argentinos del interior del país que llegan con una planificación más a mediano plazo. No es que vienen solo motivados por la efervescencia de lo que ocurre en Argentina, o que escapan al confinamiento que hubo en la emergencia sanitaria, sino que comparan pros y contras, cotejan precios e inscriben a sus hijos para el año que viene”.

En el Instituto Uruguayo Argentino (IUA), uno de los más antiguos de la península, hay generaciones con tres grupos cuando antes no se llenaban dos. The Garzón School, un instituto nuevo que está construyendo su locación definitiva, ya tiene más de 30 alumnos en un local alternativo. Y así…

Solo en el International College conviven alumnos de 23 nacionalidades y para el año que viene ya se inscribieron (o están en proceso de hacerlo) estudiantes de Rusia, Bielorrusia, Alemania y Croacia. Según Rozenblum es la demostración de otro fenómeno que está poblando la zona este: “Escapan de la inestabilidad de Europa por la guerra y buscan una zona tranquila, con servicios de calidad, para estar abastecidos todo el año”.

La firma de abogados y asesoramiento tributario Andersen confirma este nuevo fenómeno. Francesca Magno, gerenta de la división de Residencia e Inmigración, explica que “la estabilidad jurídica, económica y política hace de un Uruguay un diferencial desde hace años, pero, ahora, eso tiene un valor extra que está siendo codiciado por europeos, canadienses y estadounidenses”. Incluso estima que ese “boom” seguirá al alza porque “se dice que la guerra que viene es por los alimentos o por el agua, y en esos recursos Uruguay tiene más producción de la que necesita para el tamaño de su población”.

En este sentido, Magno insiste en que “este fenómeno no debe medirse solo por el número de residencias, sino por los perfiles de quienes llegan, entre ellos megaempresarios, y porque se trata de una población económicamente activa”.

¿Dónde están?

En la penillanura levemente ondulada —como describen a Uruguay las maestras en las escuelas— se dice que hay lugar a lo ancho. Pero Punta del Este se venía caracterizando por su crecimiento en altura. El boom inmigratorio, explica Laguarda, está haciendo crecer el volumen de residencias y de metros cuadrados de construcción por fuera de la península.

Al sur del Museo de Arte Contemporáneo Atchugarry (MACA), entre la ruta 104 y el norte de Manantiales, los barrios privados están vendiendo todos sus lotes y han surgido nuevos establecimientos fruto de fraccionamientos.

 “Ya no son pobladores que vienen solo por el verano o para descansar un fin de semana, sino que, motivados por la residencia fiscal y por el control que Uruguay tuvo de la pandemia, viven en esas nuevas fincas (muchas remodeladas y otras nuevas) y desde ahí viajan”, cuenta el operador inmobiliario Juan Carlos Sorobigarat, propietario de la inmobiliaria Terramar.

Según un relevamiento de El Observador, en los barrios privados al sur del MACA los terrenos de 4.000 metros cuestan entre 250 mil y 500 mil dólares. Pero las viviendas construidas, más cerca de la península, se están vendiendo en varios millones.

El próximo 7 de octubre, por ejemplo, inaugurará la torre Trump. El 80% de los apartamentos están vendidos y, de ellos, el 60% son ciudadanos argentinos. Lo mismo está ocurriendo con el complejo Le Parc que ya tiene en planificación su quinta torre.

La arquitecta Laguarda cuenta que “es difícil decir dónde se está dando el crecimiento, porque la distribución territorial es heterogénea y está creciendo por todos lados… incluso a veces no es solo lo que se construye nuevo, sino lo que se ocupa en viviendas que otrora estaban desocupadas”.

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