En un trabajoso cuesta arriba, el nuevo equipo técnico que dirige ANCAP ha logrado poner algo de orden administrativo en una empresa llevada al borde del colapso financiero por largos años de gestión descuidada e incompetente. La presidenta del ente Marta Jara y altas autoridades ministeriales anunciaron una ganancia de US$ 77 millones en el primer semestre de este año, gracias a un más estricto control de gastos y a la reducción de los déficit de empresas colaterales. Es un resultado inicial que, aunque modesto, refleja capacidad directriz. Pero también hay que tener en cuenta el tributo indirecto que pagamos los uruguayos con las tarifas de combustibles más altas de la región.
Pero principio requieren las cosas. Los empeños del actual directorio se vieron ayudados por el bajo precio del petróleo que importa y del dólar. Es muy importante que se hayan mejorado los negocios de cal y pórtland, desprenderse de la costosa aventura argentina de Carboclor y equilibrar los resultados de ALUR, durante años un cáncer deficitario escondido en balances apañados. No es casual que las dos empresas públicas que mejor funcionan, UTE y ANTEL, han abierto sus operaciones a asociación o competencia con privados y muestran desde hace tiempo la transparencia que ahora comienza a exhibir el directorio de ANCAP.
En el caso del monopolio de ANCAP, los obstáculos principales a profundizar la estabilidad financiera y el abaratamiento de servicios son, además de sus empresas colaterales, la refinería de La Teja, el exceso de personal y una serie de privilegios otorgados por décadas. Es discutible la conveniencia de mantener una refinería minúscula en vez de importar combustibles refinados y que tiene un bajo nivel de productividad debido a la abundancia de funcionarios. Lo mismo ocurre con las plantillas en otras empresas del ente. Los anuncios oficiales destacaron una reducción de 98 trabajadores en firmas tercerizadas. Pero nada puede hacer con el personal redundante en sus muchos miles de empleados, como se evidenció en el caso farsesco de los 50 jardineros en una cementera. Esto es consecuencia de la absurda inamovilidad de por vida de los funcionarios públicos o del poder de los sindicatos estatales con los que nadie se mete, ni siquiera para eliminar aberrantes privilegios.
ANCAP, que por tener monopolio de los combustibles debería rendir a los uruguayos, sigue todavía en una precaria situación. Su funcionamiento se sigue solventando a través de las desmesuradas tarifas de combustibles. Es preciso profundizar el actual mejoramiento de gestión en la operación principal y en las subsidiarias. Como ANCAP seguirá funcionando pese a la dudosa justificación de su existencia, lo más que puede esperarse es que una criteriosa administración técnica reduzca más a fondo las debilidades que persisten y lleve el precio de los combustibles a una convergencia internacional. Pero es necesario que ocurra lo antes posible. Es bueno reconocer que un directorio con capacidades técnicas debe substituir las improvisaciones de políticos frustrados, a quienes se les da un premio consuelo o se les facilita un trampolín hacia las próximas elecciones. En esa situación, por suerte, están ahora ANCAP, UTE y ANTEL. Pero queda por solucionar, en ANCAP, los errores del pasado, que son en gran parte responsabilidad de la administración anterior.