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Orfila, el DT que abandonó los estudios, vendió diarios y se recibió gracias a Giunta

El conductor violeta tiene una historia peculiar: iba con un solo cuaderno al liceo, abandonó, lavó ómnibus y se recibió de DT para salir de los cuatro días de concentración

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24 de enero de 2020 a las 05:02

El grito retumbó en la calurosa mañana de Camino Pichincha. “¿Ustedes piensan que éste tipo está acá haciéndose el boludo? ¡No! ¡El que no está atento al fútbol de hoy no puede jugar”. Los jugadores de Defensor Sporting miraron a su nuevo conductor, Alejandro Orfila, que caminó unos pasos hasta el área. Con la pelota bajo el brazo agregó enérgico: “¡Muchachos, al 100% hay que entrenar! ¡Si nos hacen un gol acá nos pegamos un tiro en las pelotas! Estoy cansado de ver un chiquitito así, –dice mientras hace el gesto con la mano– , que la peina y acá nos clavan”.

La intensidad del entrenamiento violeta fue llamativa. Se entrenó al ritmo de exigencia y concentración que pregona su técnico. Un hombre desconocido para el ambiente que Defensor  Sporting rescató desde lo más profundo de sus entrañas. Pero poco y nada se sabe de Orfila, de su línea de pensamiento, de su forma de sentir y vivir el fútbol.

En un mano a mano con Referí el flamante entrenador violeta repasó su carrera y parte de su vida que tiene ribetes tan insólitos como que estudió Primaria y que se hizo entrenador de casualidad, porque fue la excusa para salir de la concentración de Almirante Brown. Una charla donde reveló haber vendido diarios, en la que habló de táctica, de los periodistas, y hasta de la sorpresa que le causó encontrar la mayor parte de las casas de Montevideo con rejas.

La relación de Orfila con Defensor se inició desde que corría atrás de una pelota en una cancha de baby fútbol. Alejandro defendía a la selección de Montevideo en el campeonato nacional que se jugaba en el Velódromo cuando lo invitaron a entrenar en la escuelita de los violetas. Como vivía atrás de Canal 5 solo tenía que cruzar la calle para meterse en el Complejo Militar de Boulevar Artigas donde el profe Santos impartía conocimientos.

Hasta Sexto de escuela

A los 11 años lo derivaron a Pichincha. A esa altura, “por circunstancias de vida” como definió, la familia se había mudado a un complejo de viviendas en la Cruz de Carrasco por lo que iba a entrenar a Defensor caminando o en bicicleta. Su primer DT, no lo olvida, fue Rudy Rodríguez.

“Fue un proceso de aprendizaje tremendo desde lo deportivo y sobre todo desde lo humano porque Defensor tiene una cultura de estar abocado mucho a la parte humana con los chicos, cosa que aún sostiene”, expresó.

Por aquellos años Orfila miraba deslumbrado a Carlos Aguilera, Ruben Paz, Enzo Francescoli, Daniel Fonseca. Eran tiempos donde se abría el mercado del fútbol italiano. Y aspiraba a llegar a ese nivel.

Terminó Sexto de escuela y se inscribió en un liceo. Pero no lo sentía. Quería ser futbolista. “Llevaba solo un cuaderno doblado, me lo ponía en el bolsillo de atrás del pantalón, y una lapicera. Obviamente que no anotaba nada. Ocho o nueve materias: ¿Qué vas a anotar en un solo cuaderno?”.

Fue entonces cuando decidió encarar a sus padres para decirles que no quería estudiar más.

“Equivocadamente. No me preparé. Llegué a hacer Primaria y luego no encontraba la motivación para ir a estudiar. Eso fue un grave error, creía que mi vida era el fútbol y nada más”, asume hoy con otra madurez.

Y acotó: “Entonces le expresé a mi padre que estaba concurriendo al liceo a perder el tiempo, que iba por obligación. Mi padre en ese momento me dijo ‘bueno si no vas a estudiar, trabajás. Andá a jugar a la pelota pero trabajá’. Era la típica, era la educación de antes y no lo reprocho. Y empecé a trabajar. Trabajé de panadero, de vendedor de diarios. Como mi padre trabajaba en Cutcsa a veces, para hacerme un peso y demostrar que trabajaba, iba a la terminal de los ómnibus y lavaba los colectivos con una manguera”.

El fútbol es una profesión

Orfila asume que su gran “equivocación fue creer que la vida se trataba solo del fútbol. El fútbol es una profesión. El médico va opera y se va a su casa. El futbolista entrena, se prepara para el fin de semana y se va para su casa y en todas esas horas libres tiene tiempo para dedicarle al estudio. Además, el futbolistas a los 35 años termina su carrera y recién arranca la vida. Entonces mirá si tendrás que prepararte”.

Hoy, con el paso del tiempo y a raíz de su propia experiencia, el técnico expone ante sus dirigidos lo que le pasó.

“Yo digo que los tiempos para estudiar están en el día a día. Hoy los métodos de trabajo que tenemos son todos cortitos, intensos y bien dinámicos. Vienen a las 9 de la mañana y a las 10.30 terminó. Si se bañan tranquilos y disfrutan un poco el vestuario, llegan a su casa a las 12. Acá los traslados son todos cortitos. Y de las 12 hasta el otro día, mirá todo el tiempo que tienen para optimizar, para prepararse, para descansar, se puede hacer de todo. Con las herramientas que hoy tienen se puede hacer de todo. Nosotros teníamos que ir a una biblioteca a ver si encontrábamos el libro y ellos hoy encienden el teléfono y tienen en un segundo todo lo que quieran encontrar y encima más resumido. Mirá si tendrán herramientas para prepararse”.

En las canchas del complejo deportivo violeta Orfila fue trepando la escalera hasta llegar al primer equipo que por entonces conducía técnicamente Juan Ahuntchain. Participó del día a día, pero no llegó a debutar en Primera. Fue campeón en Tercera División y como no tenía espacio decidió salir a préstamo a Miramar Misiones. Se quedó dos años hasta que le llegó una propuesta para ir a Argentina. El tema es que, al estar cruzados los calendarios, tenía que buscar un club en Uruguay por seis meses. Cerrito le abrió las puertas y se encontró con el Ronco López.

En 1999 emigró definitivamente a la vecina orilla para fichar por Tigre. Reveló que pasó por 16 equipos. “Hoy soy el uruguayo que ha jugado en más clubes en la Argentina”, acotó.

Técnico por casualidad

En el año 2005, jugando en Almirante Brown, se encontró con un entrenador que tenía una particularidad: le gustaba concentrar dos días antes y dos días después de los partidos. El entrenador era Blas Armando Giunta, un símbolo del Boca de la década de 1990.

Los jugadores estaban autorizados a salir solo si estudiaban. El que no lo hacía, se tenía que quedar encerrado cuatro días a la semana.

Orfila vio aquello como una posibilidad de salir del encierro y luego de analizar qué podía estudiar, se decidió a realizar el curso de técnico.

“Yo había cometido el error más grave de mi vida que fue haber hecho nada más que la Primaria y mi manera de pensar en ese entonces, muy obtusa, era que tenía que buscar algo para salir de la concentración, no era estudiar para prepararme, sino la cuestión era salir de ese agobio. Los dos años con Giunta me sirvieron para recibirme”, expresó.

El actual conductor de los violetas reveló que su experiencia la transmite a los jóvenes para que no cometan su error. “Ahora que soy entrenador trato de inculcar todo eso que no se haga. Les digo que estudien y se preparen para el futuro porque si yo no hubiese sido entrenador no sé qué sería de mi vida tras haber hecho nada más que la Primaria. No tendría herramientas para poder desempeñarme. Pero bueno, de todo se aprende”.

Su primer trabajo como entrenador fue en el Sindicato de Futbolistas. Fue un año intenso. Orfila rememoró que: “A la mañana entrenaba a 74 chicos que no tenían club. Hacía doble turno. La mitad del grupo venía a las 8 de la mañana y la otra mitad a las 10. Un trabajo sumamente intenso. Y luego de eso me empezaron a surgir posibilidades de trabajo y fui a Comunicaciones. Ahí, muy rápido, se me presentó la oportunidad de dirigir a Ferro y luego Atlanta hasta llegar a este presente en Defensor”.

Un Defensor ofensivo

A la hora de hablar de fútbol Orfila se apasiona. Su pensamiento es claro. En la charla queda la sensación de que su idea no se negocia salvo honrosas excepciones.

“Yo salgo siempre a proponer. Obviamente que tengo mis recaudos del rival, de lo mejor que pueda llegar a tener, pero la prioridad es siempre proponer y la prioridad siempre es mi equipo. Así siento el fútbol”, comentó.

Y acotó: “El día que no lo pueda hacer me planto delante de los futbolistas y les digo si hoy no lo puedo proponer es porque analicé desde un principio al rival y es sumamente más poderoso que nosotros y tenemos que modificar para poder ganarle. Pero la idea madre es proponer”.

Su sistema táctico preferido es el 4-3-3. “Desde una forma de pararse, pero cuando arranca el partido es sumamente dinámico y versátil, se pasa por todas las situaciones de sistemas de juego permanentemente, tanto para atacar como para defender”.

Orfila aclara que “con todos los sistemas ganás y con todos los sistemas perdés. El que aplico es nada más que un simple gusto y en base a las características que pueda incorporar para ese sistema. Incorporo y armo los planteles en base a ese patrón de juego pero también en ese patrón de juego tiene que haber cierta versatilidad porque vos decís 4-3-3 y un día tenés que modificar y no vas a tener a los jugadores preparados para esas pequeñas modificaciones. Pero hasta ahora ese sistema me viene dando buenos resultados porque de esa forma puedo proponer que es lo que más me gusta. Por supuesto que hay que marcar”, dijo.

Cuando el periodista de Referí le dice que los entrenadores que juegan 4-3-3 en Uruguay son catalogados de líricos, expresó: “Visiones. Respeto. Son visiones. Es la función de ustedes. Encasillan a determinadas cosas en determinado lugar. Respeto. Cada fútbol, cada cultura tiene sus gustos y tiene su idiosincrasia, las acepto, pero después si las comparto o no es otro cantar. En definitiva todo lo que pueda hablar o se pueda trabajar se termina en el resultado final”.

Consultado sobre si existe una cultura Defensor Sporting para jugar, Orfila respondió: “Yo no sé si la veo tan como que hay una cultura. Hay una cultura de formación, que eso sí está clarito. Después, con los entrenadores han variado, no es que hay una línea que vos digas de acá para atrás hay una línea a seguir de determinados entrenadores como pasa en otros clubes que si hay un cambio de entrenador buscan el mismo perfil o parecido. En Defensor en eso no lo noto. Lo que si noto es en el hecho de la formación, en eso tiene un camino a seguir muy marcado que es el hecho de formar de muy buena forma juveniles, proyectarlos a Primera y que en todos los planteles de Primera División haya un determinado caudal de chicos  formados en la institución que sean el sostén del equipo”.

El Montevideo que encontró

Después de 20 años en Argentina, Orfila regresó a vivir en Montevideo. Dice que notó el cambio.
“Hay una distancia tan grande de lo que es el ritmo de vida argentino a lo que es el uruguayo que es tremenda. Entonces, apenas venís, sentís la diferencia desde todo punto de vista: las distancias, los tiempos, las aceleraciones, la cantidad de gente, todo es muy diferente. En el tema cultural hay una diferencia enorme, acá el uruguayo es más tranquilo”.
Otro de los aspectos que llamaron la atención al técnico violeta está relacionado con la seguridad.
“Del Uruguay del que me fui al actual he notado una diferencia que me llamó la atención y es que parece que se cambiaron los roles: el delincuente vive libre y la sociedad entre rejas, porque todas las casas tienen rejas o alambres con electricidad. Eso me llamó la atención porque cuando yo me fui no existía. Y cuando llegás te dicen la típica de los uruguayos, 'ojo, no te regales'. Mis compañeros de trabajo, que son argentinos, me preguntaban que es regalarse. Eso me llamó la atención porque era algo que no estaba instalado. Obviamente que viene todo con un contexto social que esperemos que se empiece a solucionar y vuelta todo a la normalidad”, concluyó.
Los entrenamientos y las críticas de los periodistas

En la charla el conductor de la viola habló de entrenamientos cortos pero intensos. En Uruguay se convive con una vieja cultura que considera que cuantas más horas de entrenamiento mejor.

“Sí, sí. Es una visión. Cada uno tiene derecho a opinar de la forma que quiere siempre y cuando sea con respeto. Yo digo que todo va modificando y todo va evolucionando. Ustedes venían a hacerme una nota hace 10 años atrás con un grabador que tenías que apretar el botón y para rebobinar, y que no te consumiera la pila, tomabas una birome y lo girabas. Hoy venís con un celular. Lo mismo el fútbol y lo mismo los entrenamientos. Todo va evolucionando y hay que adaptarse. Entrenar cuatro horas y entrenar una hora y dinámico e intenso es lo mismo, lo que pasa que está instalado aquello de que vienen una hora y no trabajaban. ¿Cuánto hay de productividad en cuatro horas y cuánto en una hora? Eso es lo que hay que analizar. Pero para todo eso hay que ir a los entrenamientos, verlos, para después verter una opinión. Porque es fácil decir no entrenan durante cuatro horas, ¿pero vieron el entrenamiento? A mí me gusta intercambiar opiniones, ¿pero vieron el entrenamiento? Respeto las opiniones de todos, con argumentos siempre, pero hay que ir a ver porque si no es fácil, yo opino de tu trabajo, pero no voy a la redacción a ver cómo se arma el diario, ¿entonces cómo opino desde afuera?”, explicó Orfila.

Cuando se le dice que algunos periodistas responden a eso diciendo que el crítico de cine no va a ver los ensayos sino que concurre directamente a presenciar la obra, Orfila respondió.

“Sí, el crítico de cine, pero ustedes no son críticos de fútbol, ustedes son analistas de fútbol, comentan el fútbol y para comentar el fútbol tenés que prepararte también y tenés que prepararte y entender qué vas a ver. Porque a veces me dicen sobre determinado equipo: '¡Que mal que juega!' ¿Pero nos interiorizamos de saber lo que pide el entrenador de turno para con ese equipo? Porque a lo mejor el entrenador de turno pide eso que a nosotros no nos gusta pero lo que él propone en la cancha le sale muy efectivo. ¿Eso es jugar mal o es jugar bien? Es jugar bien. Dentro de la modernidad también está que todos nos interioricemos de lo que vamos a ver para ver de qué se trata”.

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