30 de junio de 2014 18:59 hs

Para Flavia Terigi, argentina, licenciada en Ciencias de la Educación y ex subsecretaria de Educación de la ciudad autónoma de Buenos Aires, el gran problema que enfrenta Uruguay –también Argentina– al momento de comenzar a delinear una reforma en el plano educativo, es que “los cambios no se sostienen en el tiempo”. “La educación es un tema muy sensible en ambos países; entonces las autoridades se sienten en la obligación de mostrar todo el tiempo señales de que están haciendo cosas, cuando en realidad lo que tendrían que hacer es hacer cosas, pero en un proyecto definido en el tiempo”, sostiene la experta. Invitada por el Instituto Nacional de Evaluación Educativa (INEED), Terigi visitó dos veces Uruguay en lo que va del año para dictar un par de conferencias relacionadas con la crisis en Secundaria y la profesión docente. A continuación, una síntesis del diálogo que mantuvo con El Observador.

¿Ve posible un cambio profundo en educación Secundaria?
Creo que hay que pensar la cuestión de cambio en dos dimensiones muy diferentes. Una tiene que ver con un cambio más estructural y mi análisis es que para esto no hay condiciones muy favorables (ni en Argentina, ni en Uruguay), por cómo está imbricada la estructura organizacional, la formación de profesores, el currículum, etc. Es una matriz bastante rígida, muy difícil de cambiar. La otra dimensión del cambio, más modesta, pero más al alcance, tiene que ver con cuestiones como revisar el contenido informativo del programa de las materias. También con la instalación en la escuela de ciertas prácticas de participación de los estudiantes que les permitan construir localmente cierto modo de participación en la toma de decisiones. Y eventualmente con la incorporación de algunos componentes en la formación de profesores.

¿Mejorar la formación docente es la clave para reformar el sistema educativo?
Considero que ha habido una especie de hipertrofia sobre las expectativas puestas en la formación docente. La formación docente es un aspecto importante de las políticas hacia la educación, pero en las condiciones organizacionales de Secundaria, por más que formes mejor a los docentes, hay un límite. Más bien, hay que tener un conjunto de medidas convergentes, donde la formación de profesores sea una de ellas.

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¿Dentro de formación docente, cuáles son los cambios más urgentes para hacer?
En formación docente hay dos problemas. Uno tiene que ver con que hay poco acompañamiento al desarrollo de las carreras profesionales de los docentes. Y el otro es que la formación está desenganchada de la carrera profesional.

¿Hay poca capacitación para docentes?
No es que no haya capacitación, es que no está estructurada. Cuando mirás el final del recorrido laboral de un maestro o de un profesor, su formación durante el período laboral es una conexión de eventos que él decidió de manera individual, aunque estén financiados por el Estado. Lo que no hay es una articulación de la formación pensando que en los 30 o 35 años que se desempeñe como docente va a tener diferentes necesidades de formación. En cuanto al otro problema, tanto en Uruguay como en Argentina tenemos una carrera escalafonaria, que apunta al ascenso, que apunta a que la gente que trabaja bien deje el aula y se conviertan en directores o subdirectores. Falta una política de progreso en la carrera para las personas que no van a ascender.

En una de sus conferencias, usted habló de tres falsas soluciones para problemas mal definidos. Una de ellas es el reclutamiento de los talentosos ¿Por qué lo ve mal?
Las llamo soluciones falsas porque el problema que quieren atender está mal definido. Pero son soluciones que se están implementando en distintos países. En el reclutamiento de los talentosos, la idea es captar para la formación docente a los mejores alumnos de Secundaria. Pero el talento es escaso, entonces no podés basar un sistema masivo, como es el educativo, en captar los cien alumnos más talentosos de cada generación. No se puede pensar que una buena política sea restringir todavía más el acceso a la docencia.

Otra falsa solución que mencionó es la evaluación docente.
La evaluación forma parte de la definición actual de la carrera, pero no se utiliza para reconocer lo que funciona bien en el trabajo de un docente. Se ha convertido en una cuestión burocrática, sin impacto.

Tampoco está afín al pago por resultados.
Ahí mi objeción es ética y en relación al derecho de la educación. Pareciera que el sistema lo que dice es: aceptamos que hay gente que trabaja mal y gente que trabaja bien. A la gente que trabaja bien, le pagaremos más. A la gente que trabaja mal, le pagaremos menos y esperaremos que la mala praxis se autoelimine solo porque no es rentable. No se puede definir que aceptamos que una parte importante de los docentes no trabaja bien y la única medida que tomamos es que pagamos menos.

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