20 de junio de 2011 20:03 hs

Los países más ricos no han aportado los US$ 30.000 millones para financiamiento de la lucha contra los efectos del cambio climático prometidos en la cumbre de Copenhague de 2009, dijeron funcionarios y organizaciones no gubernamentales del mundo en desarrollo.

Sólo unos US$ 5.000 millones de esos fondos, cuya entrega está prevista para el año próximo, son “nuevos y adicionales” tal como se prometió. El resto del dinero, denominado Fast Start (financiación rápida), ha sido desviado de otros presupuestos de ayuda o había sido previamente anunciado, según un informe del Instituto de Estudios de Política con sede en Washington, que fue respaldado por funcionarios de Pakistán, Bangladesh y las Islas Salomón.

“Esto es ayuda internacional al desarrollo reenvasada como financiamiento del cambio climático”, dijo Farrukh Khan, el principal negociador de Pakistán, en una entrevista en Bonn, Alemania, la semana pasada. “En el fondo, es muy real la sensación de que esto no se va a cumplir.”

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El presidente de Estados Unidos, Barack Obama, así como Nicolas Sarkozy de Francia y la canciller alemana Angela Merkel, se comprometieron a movilizar los fondos en Copenhague ya que no pudieron acordar limitar las emisiones de carbono más allá de 2012. El incumplimiento de la promesa está debilitando la confianza de los países en desarrollo en el proceso que lleva adelante Naciones Unidas para limitar el calentamiento global, proceso que depende cada vez más de la buena voluntad y no de las garantías legales.

“Está deteriorando la frágil confianza que tenemos”, declaró Collin Beck, embajador de las Islas Salomón ante la ONU, en una entrevista en Bonn, donde la semana pasada se reunieron los delegados para negociar nuevas medidas para controlar las emisiones. “Estas son cosas que se prometieron pero no se cumplieron.”

Compromisos voluntarios

Los pequeños estados insulares y quienes viven en zonas costeras bajas, los más vulnerables al cambio climático, dependen de los compromisos voluntarios de los países de restringir las emisiones porque los límites legalmente exigibles fijados en el Protocolo de Kyoto de 1997 vencerán a fines del año próximo.

El mes pasado, las naciones desarrolladas informaron que se han comprometido US$ 28.000 millones en financiamiento para ayudar a los países pobres a reducir las emisiones de gases de efecto invernadero y adaptarse a las variaciones del clima. Japón fue el mayor contribuyente con US$ 15.000 millones, según el informe. Sin embargo, US$ 10.000 millones del dinero que declaró Japón ya estaban comprometidos por su Cool Earth Partnership de 2008.

“Dialogamos con los países africanos e insulares. Para ellos, lo importante no es la definición de ‘nuevo y adicional’ sino que esto tenga impacto en la realidad”, dijo en una entrevista Masaki Noke, subdirector general del Ministerio de Relaciones Exteriores de Japón, en una entrevista. “Algunos expresaron un fortalecimiento de la confianza. Si se quieren nuevas medidas, lo esencial de Fast Start era actuar de manera pragmática y veloz.”

El programa Fast Start apuntaba a identificar fuentes de financiamiento y a establecer mecanismos para canalizarlo a los países pobres con el fin de ayudarlos a enfrentar el aumento de las temperaturas y los cambios en los patrones climáticos. Los países ricos se comprometieron a incrementar el flujo a US$100.000 millones anuales para 2020, medida semejante a los esfuerzos del Grupo de los Ocho países industriales para resolver el problema de la pobreza.

“Hay una larga historia en esto de que el G-8 anuncie enormes cantidades de dinero que se reducen al momento de desembolsarlas”, dijo en una entrevista Mariama Williams, miembro de The South Centre de Ginebra que ayudó a redactar el estudio.

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